En memoria del Mtro. Ricardo Gamboa Ramírez (FFyL-UNAM)

Contexto histórico.

No deja de resultar paradójico el hecho de que a pesar de que Yucatán presuma de una aparente bonanza ganadera: cuenta con bovinos de alta calidad genética, exporta carne de cerdo a países del primer mundo y es el primer productor nacional de miel, la población maya del sector rural padezca de malnutrición.

¿Cuáles son las razones que explican esta lacerante injusticia social? La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recomienda un consumo de cerca de 20 gramos de proteína animal por persona al día.

Hace unos 3,000 años la población maya de Yucatán se alimentaba con una variedad de cultivos (maíz, calabaza, chile) producidos en la milpa y de la caza de algunas especies de animales (venado, pavo de monte, iguana). En los libros del eminente historiador Pedro Bracamonte y Sosa se documenta el despojo de las tierras de los mayas durante la Colonia, así como los periodos de sequía y hambre que afectaron a la población rural.

Durante el periodo de expansión del cultivo del henequén, los indígenas mayas se alimentaban con una dieta basada en una ingesta suficiente en energía para soportar el extenuante trabajo físico que demanda el cultivo del agave, pero probablemente con una ingesta inadecuada de proteína animal, que se expresó a través del tiempo, en la baja estatura del fenotipo maya actual.

En su libro Kí, Fernando Benítez describió acuciosamente la explotación sufrida por los mayas de Yucatán en su relación con el cultivo del henequén. Durante siglos la población maya rural de Yucatán ha estado sometida al trauma histórico de desigualdad, discriminación, enfermedades, pobreza y malnutrición.

Malnutrición de la población maya.

Las Encuestas Nacionales de Alimentación a partir de los años 60 del siglo pasado señalan sistemáticamente que estratos cuantitativamente importantes de la población rural de México sufren de un bajo consumo de nutrimentos esenciales (energía, proteína, minerales) debido a su incapacidad para acceder a los alimentos y a la desarticulación entre los sistemas de producción agropecuaria y los requerimientos nutrimentales de la población.

Existe evidencia de que la población infantil maya de Yucatán sufre de retraso en el crecimiento y deficiencia de ciertos nutrimentos, pero también de sobrepeso y de obesidad.

Recientemente investigadoras de la UNAM describieron severas deficiencias en el crecimiento de niños y niñas de 9 años de origen maya en Yucatán. La doble carga de la malnutrición amenaza a la población rural y urbana yucateca, con un patrón alimentario alterado por la transculturización y por el acceso a una gran diversidad de golosinas y bebidas de alto contenido energético.

En una publicación reciente por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública sobre la alimentación de la población mexicana se enfatiza la urgencia de que las políticas públicas sean transformadas y se implementen acciones para revertir la pobre situación nutricia de la población infantil indígena de México, que está condenando a dicho estrato poblacional a un retraso en el desarrollo cognitivo, lo cual afectará a niños y jóvenes en su aprovechamiento escolar.

Federico Gómez en su artículo clásico de 1946 describió por primera vez los signos de la desnutrición en México.

El trabajo pionero de Guillermo Bonfil Batalla sobre el hambre en Sudzal, Yucatán, en los años 60 del siglo pasado, sugirió que era necesario tomar acciones para corregir falencias en las políticas públicas en materia de nutrición poblacional.

Los libros de Éric Villanueva (El Fin del Oro Verde) y de Dulce María Sauri (La Casta Divina), dan cuenta del auge y de la caída del cultivo del henequén en Yucatán, y de cómo la oligarquía henequenera se apropió de enormes extensiones de tierra, de la plusvalía del trabajo de los indígenas mayas y del cómo ese pesado trauma histórico se expresa hoy día en la soterrada discriminación de la población maya descrita en el libro de Eugenia Iturriaga (Las Élites de la Ciudad Blanca).

Está claro, que el monocultivo del henequén no condujo al desarrollo socio-económico equitativo de la población rural yucateca, a pesar de lo cual la milpa, el solar y el traspatio se mantuvieron como modelos agroecológicos para el suministro de alimentos básicos (autoconsumo) para la población maya.

Ganadería ecológica para abatir la malnutrición.

¡Que coman los que nos dan de comer! fue la arenga con la cual fue presentado hace ya cinco años el nuevo equipo administrador del desarrollo rural de México. Las políticas públicas implementadas para revertir la pobreza alimentaria en Yucatán han fracasado en sus acciones para mejorar el estatus nutricio de la población infantil maya, que padece por un lado de retraso en el crecimiento y por otro lado de sobrepeso y de obesidad.

Con el propósito de revertir la desnutrición rural, se tiene que vincular directamente al productor de carne, leche y huevo con el consumidor de una manera integral a través de la creación de una red de distribución en puntos de acceso (carnicerías, pollerías, lecherías) ubicados en los municipios más pobres y con mayor índice de desnutrición.

Los sistemas de producción animal son vulnerables a la disponibilidad y a las fluctuaciones en los precios de los granos forrajeros (maíz, sorgo, pasta de soya), por lo que se deben diseñar raciones para los animales (cerdos, aves, bovinos, ovinos, caprinos, conejos) con los recursos naturales (semillas, tubérculos, frutos, follajes) disponibles en el estado (waaxim, oox, piich, pixoy, chacá, jabín, chiimay, tzalam, etc.).

También se debe dar prioridad a aquellos alimentos que posean cualidades nutracéuticas para mejorar la salud de la población (hipertensión, diabetes).

En este mismo sentido, se debe dar preferencia a los sustratos que induzcan disminuciones en las emisiones de gases de efecto invernadero tales como el metano y el óxido nitroso.

Es decir, se deben impulsar los sistemas de producción animal que aporten servicios ecosistémicos (captura de carbono, fijación de nitrógeno atmosférico). En municipios selectos de Yucatán se deben implementar ranchos y establos piloto donde se produzca la proteína animal (leche, carne) requerida por la población en situación de riesgo por insuficiencia alimentaria.

Se debe dar énfasis a los sistemas silvopastoriles para transitar hacia la eficiencia energética, como eje de la sustentabilidad en las prácticas zootécnicas (cercos vivos, árboles dispersos en potreros, bancos de proteína) a ser implementadas en los ranchos y establos.

El nuevo liderazgo político estatal que entrará en funciones en 2024 se enfrentará al reto de reducir las brechas de desigualdad en el sector rural yucateco y de orientar el camino hacia una ganadería sustentable con el propósito de abatir la malnutrición de la población indígena maya, así como de mejorar el ingreso, la educación y la salud en el medio rural.

A cien años de su muerte, la frase legada por Felipe Carrillo Puerto: no abandonéis a mis indios, cobra renovada vigencia, reclamando justicia social para los mayas yucatecos.— Mérida, Yucatán.

kvera@correo.uady.mx

Profesor-Investigador, Laboratorio de Cambio Climático y Ganadería, FMVZ-UADY.

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