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Al enemigo se le tiene más cerca

feminicida de tahdziú

La estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Entre las frases que llegaron a mi vida en este naciente año resalta una del catálogo “20 reglas que cambiarán tu vida para bien”, del psicólogo ruso Dr. Mikhail Litvak: “La depresión es mala pero es peor reprimir tus emociones, explora tu alma y trata de encontrar eso que te impulsa”.

Aún reflexionaba sobre esa frase, su regla número nueve, cuando leí la décima: “Hablar con los amigos o las personas que nos caen bien es agradable pero hablar con tus enemigos enseña más, pues te haces consciente de tus defectos y de cosas que no tenías ni idea de ti mismo y que debes mejorar”.

Filósofo, cantautor, el argentino Facundo Cabral nos enseñó con sus coplas que no estamos deprimidos, solo estamos distraídos en problemas innecesarios, que nos hacen perder de vista la belleza del mundo, disfrutar el trino de los pájaros, de la belleza de colores celestes en los atardeceres yucatecos, gozar la convivencia con los seres queridos. Aclaro, reconozco que hay suficiente literatura médica sobre la llamada “depresión navideña” que, entre otros factores, incluye el efecto en el ánimo de las personas una menor cantidad de exposición a la luz solar, propia de esta temporada invernal.

Represión

De acuerdo con el psicólogo ruso, peor que privarnos de esos y otros gozos, es reprimir nuestras emociones, es decir, acumular silencios que, tarde o temprano, explotarán en gritos y reproches. Envejecer de estrés en el interior, día tras día, mientras nuestra fachada es de alegría y optimismo. Reprimimos muchas veces nuestras emociones para extender lo más posible nuestra zona de confort.

Pero no puedo reprimir mi agradecimiento y las muestras de cariño a mi familia, a mis amigos. A mi, el refrán enseñó: El agradecimiento es la memoria del corazón.

En contraste, no podemos reprimir emociones negativas por mucho tiempo. Es necesario aprender a expulsar todo aquellos que corroe nuestro interior pero sin dañar a quien, quizá por desconocimiento, hizo o dijo o no hizo o no dijo algún detalle que con el paso del tiempo corre el riesgo de convertirse en ira.

¿Imaginan el dolor de reprimirnos por no saber pedir perdón?

Los hijos aprenden de los ejemplos, no de los sermones: enseñemos la gran liberación que representa ser los primeros en ofrecer disculpas cuando cometemos un error. No vale la pena ese falso orgullo que nos impida expresar un “lo siento”, a reconocer nuestros errores.

De ahí la importancia y su inmediata vinculación con la décima regla: escuchar a los enemigos. Entendamos por enemigos la crítica. Puedo entender que la amistad a veces lleva por caminos insospechados, como el ocultar una verdad para no causar daño o porque creemos que somos los menos indicados para revelar esa verdad. En cambio, las personas que no son amigas, no tienen tapujos, expresan sus sentimientos y opiniones sobre mi, y eso es lo más valioso.

Aclaración pertinente: El concepto de enemigo utilizado en esta colaboración editorial excluye a quienes creemos amigos, les depositamos nuestra total confianza, pero a nuestras espaldas hablan mal de nosotros. Esos no son enemigos: son cobardes; no se atreven a decir las cosas de frente. Son timoratos, pusilánimes, solos se muerden su lengua viperina.

Caso

Conocí el caso de una persona cercana cuyo mejor enemigo resultó ser uno de sus hijos. El menor le escribía cartas señalando sus errores como padre y éste, en vez de molestarse por lo que otros considerarían una falta de respeto, leía con atención las letras de su vástago, observaciones y quejas que le permitieron dar el paso definitivo, un cambio en su vida, mejoró como pareja y como padre. Pero no todos los hijos tienen el valor de confrontar a sus progenitores ni todos los papás están dispuestos a escuchar las emociones negativas de sus descendientes.

La experiencia enseña a elegir con mucho cuidado a los enemigos, hay ciertas personas a quienes si agredes, aún involuntariamente, el resto de su vida procurarán la venganza. Serán lobos con piel de cordero, estarán cerca de nosotros por su conveniencia personal (muchas veces de índole económica o política) y en la primera oportunidad sacarán la daga. La clavarán por la espalda.

Es necesario conocer a cada uno de quienes estamos tratando para no ofender a la persona equivocada. Nunca debemos ofender ni engañar a las personas equivocadas, hacerlo, insisto, aún de manera involuntaria, es un grave error.

Una vez que logramos explorar el alma, con el apoyo de los verdaderos enemigos, no con los falsos amigos, encontraremos nuestro objetivo en este mundo, descubriremos lo que nos impulsa, un requisito indispensable para nuestra superación personal. Aprendamos a escuchar, la información está ahí, escojamos a los mejores adversarios, para elevar nuestro nivel personal en este juego de la vida, en el cual la vida no es un juego.

Echemos los kilos en este año que inicia, un 2020 bisiesto, misterioso, con muchos proyectos y grandes oportunidades. Aprovechemos cada reto que nos entrega el Altísimo en cada despertar.— Mérida, Yucatán

pedrocabreraq@hotmail.com

Empresario

Es necesario aprender a expulsar todo aquellos que corroe nuestro interior pero sin dañar a quien hizo o dijo algún detalle...

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