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Amados a pesar de nosotros

¡Miseria!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“Desgraciado el que no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas, y las volveréis a encontrar”.— Víctor Hugo, novelista romántico francés

Andrés Manuel López Obrador es la misma imagen de la miseria como ser humano, porque no deja de gobernar por conveniencia propia. Es una plaga peor que la de la pandemia del coronavirus, porque como buen cobarde no deja de atacar con la mentira; porque como buen mezquino no deja de pagar con la traición. Los “triunfos”, emanados de su mente enferma, no son los “triunfos” de México. La muerte no deja de estar de fiesta y todo parece indicar que la fiesta se extenderá hasta el último día de este inmisericorde año de 2020. La miseria, el presidente de México y el Covid-19 no tienen por qué compadecerse de los miserables, sin importar su extracto social.

La peste, en vez de sacar lo mejor de nosotros para contrarrestar lo podrido mediante la unidad, el compromiso y la cooperación; evidenció lo malo a través de la envidia, la rabia, la soberbia, la venganza, la avaricia y la lujuria. La indiferencia es otra actitud negativa en estos tiempos de “transformación” porque “la vida no vale nada”, en alusión a uno de los “sociólogos” más influyentes en la historia de México: José Alfredo Jiménez.

Alexa es una niña que vive en Chiapas. Puede ser otro infante y vivir en otro estado de la República. A sus escasos cinco años, y pronto a cumplir seis, afronta cáncer… ¡avanzado! La terrible enfermedad le generó diabetes. Además, la mamá, quien la abandonó, la contagió al nacer del virus del papiloma humano (VPH). La anulación de quimioterapias, la nula entrega de medicamentos y la suspensión de servicios médicos empeoró su lamentable condición humana. Como la de otro infante en otro estado de la República. Hace unos días, los abuelos paternos informaron que no tenían dinero ni siquiera para comprar una pomada.

Los dolores de la pequeña, como los de otros pequeños, son… ¡insoportables! No son invenciones. ¡Son historias humanas! De vidas verdaderas que pueden sumar cientos, miles y millones. No son números, tampoco códigos de barras y ni mucho menos expedientes. Son seres humanos que —por cuestiones de la confrontación del nuevo régimen de gobierno contra los del pasado— no tienen accesos a servicios médicos, a tratamientos especializados y a medicamentos avanzados.

Personas generosas están haciendo todo lo posible, con base en sus posibilidades, para la compra de medicamentos y solicitar ayuda especializada. Los que sí pueden hacer algo al respecto por sus condiciones sociales, económicas y políticas, están ausentes.

Desafortunadamente, el “poderoso” obra por conveniencia porque la miseria se adueñó de su existencia.

Una existencia que ha permeado a políticos, muy normal. Una existencia que ha permeado a todas las clases sociales. Pero no estoy pluralizando, porque precisamente estamos batallando unos contra otros, para vencer o morir. Mientras tanto, seres inocentes sufren y gritan de dolor. Y… ¡no los escuchamos!

En su obra suprema “Los Miserables”, Víctor Hugo abordó que la dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados, amados por nosotros mismos; mejor dicho, amados a pesar de nosotros.

Así de miserable es nuestra existencia en este México de la “transformación”.

El gobierno de la República continúa con su proyecto de exterminio, no oficializado. La violencia no cesa. Las ejecuciones cobran, a diario, decenas o centenas de víctimas. Al mes, suman miles. Y se vanaglorian de su obra de gobierno, con un cinismo insuperable.

Nuevo ataque

Al momento de la redacción del presente texto, el SARS-CoV2 ya había sumado 663 mil 973 casos acumulados y 70 mil 604 muertes. Para verdaderos especialistas en la materia, viene un “nuevo” ataque del Covid-19, pero junto con la influenza, en la recta final del año.

Mientras tanto, Andrés Manuel López Obrador expone su satisfacción por lo hecho contra México, vengándose hasta de las nuevas generaciones porque sus adversarios políticos lo detuvieron en años pasados, alentando la violencia para matarnos unos contra otros porque los ciudadanos pensantes no votaron por él en años pasados e incrementando la pobreza para arrojar las migajas del pan, que le sobran en la mesa, como en años pasados.

Desgraciado el que no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte se lo arrebatará todo. Amad a las almas, y las volveréis a encontrar.

¡Miseria! — Cozumel, Quintana Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

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