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Anhelo por volver a la escuela

Editorial

Ricardo Gutiérrez López (*)

El 17 de marzo de 2020 se suspendieron las clases presenciales en todo el estado de Yucatán.

}Llevamos más de nueve meses sin clases y aunque hemos tratado de resolver la situación sustituyendo las clases presenciales por sesiones colectivas por televisión, a través de plataformas educativas en línea y echando mano de diversos medios electrónicos que obviamente representó un reto y fue para muchos una nueva experiencia. Y algo inesperado para todos.

Esta pandemia nos ha hecho cambiar muchos hábitos y sustituirlos por otros que nos ofrezcan oportunidades de sobrevivencia. En pocas palabras, nos hemos tenido que adaptar a una “nueva normalidad”.

Tal vez otros difieran de mi opinión, pero para mí estas experiencias de educación colectiva “a distancia” no rinden los mismos resultados que podrían de rendir las clases presenciales.

No es lo mismo interactuar con los alumnos frente a frente que relacionarse a través de una computadora.

En estas modalidades electrónicas de interacción, el maestro no tiene la oportunidad de tratar con ellos en situaciones extra clase; conversar con ellos, intercambiar ideas, conocerse pues.

El elemento humano que se establece con el trato, la dinámica social que construye las relaciones personales no se desarrolla plenamente cuando no se está constantemente tratando con las persona. Ahora sólo se conocen a través de la computadora.

Y esto se traduce frecuentemente en una relación difícil y tirante que se centra únicamente en lo concerniente al contenido de las materias y no nos permite conocernos como las personas que somos.

Lo más importante en una escuela es esa relación personal que se da entre maestros y alumnos. Muchas veces el maestro no es de nuestro agrado, pero aprendemos de eso. Aprendemos que hay docentes que se dan a querer, que son apreciados porque saben enseñar y despertar el interés por su materia, convirtiéndose para sus alumnos en amigos y modelos a seguir; así como puede haber otros que no lo logran pero que quienes de todos modos aprendemos; aunque sea el no querer que ser como ellos en última instancia. Como lo veamos, aprendemos algo unos de otros y ciertamente esto sólo se logra en las clases presenciales.

En las aulas, como en la vida misma, no solamente estamos aprendiendo de los maestros sino de todos los demás. Ese grupo social representado por la escuela, en el que estamos inmersos y en el que tenemos que relacionarnos, es cuando aparecen en escena los amigos, aquellos iguales en quienes confiábamos y que nos ayudaban a realizarnos.

Esos elementos son insustituibles para mí y los proporciona el trato diario, pero en vivo. No hay de otra.

Muchas cosas nos hacen que se anhele volver a clase. Y es que un anhelo general es regresar a nuestra vida antes de la pandemia. No debemos improvisar, ni debemos apresurarnos. Aunque sea difícil pensarlo, aún no es tiempo de volver.

Leyendo la prensa, me entero de que surgen ideas para lograr el regreso a las clases presenciales. Unos proponen que los padres de familia deben firmar una responsiva en la que expresan estar de acuerdo con que sus hijos vayan a la escuela. Según esto, son los padres de familia quienes deben decidir si se vuelve a la escuela o no. No concuerdo con esa postura.

No es correcta ni real. Y creo que llevará a una situación de conflicto. Vamos a suponer que en esta escuela, la prepa México, el 70% de los padres decide volver a las aulas y que el 30% restante decide lo contrario. Es obvio que si se vuelve, tendremos que suspender las clases en línea. Por consiguiente, el 30% que no quiso volver, no se va a sentir a gusto ni conforme. Y si llegare a ocurrir un caso de Covid en esa escuela, se volvería un gran problema porque el padre va a argumentar que nunca estuvo de acuerdo con el regreso a clase; que su hijo se contagió por ello y seguramente culpará a la escuela.

Quizás en otras escuelas la mayoría decidirá no volver y continúen con el trabajo no presencial afrontando los problemas que ello conlleve. El punto es que no creo que esto sea una decisión que deban tomar ni las escuelas ni los padres de familia.

Es una decisión que el gobierno como organismo rector debe tomar, por supuesto con toda la responsabilidad y toda la información para instruir a la sociedad de los protocolos que se deban seguir para que sea lo más seguro para maestros y alumnos esa vuelta a la escuela.

Si se respetan las normas impuestas por las autoridades gubernamentales y de salud, entonces nadie sería responsable directamente si alguien se enferma, no habrá culpables que deliberadamente provocaran dicho contagio. Simplemente ocurrió, pero ocurrió porque la vida es un riesgo, un caso fortuito, no provocado. En mucho no podremos señalar culpables, cuando los involucrados estén cumpliendo con las normas impuestas.

También debemos entender que la vacuna no va a llegar a los menores de 18 años porque no se han hecho los estudios clínicos para darles la vacuna a los menores de esa edad. Esto es a nivel mundial. Habrá vacunas para los mayores, para los maestros. Podremos objetar esta medida, pero no hay esta posibilidad hasta el segundo semestre de 2021 que se empezarán a hacer los análisis para ver si es posible dárselas a los menores de 18 años.

Nos encontramos en una encrucijada en la cual el jefe del Ejecutivo dice que la vacuna no es obligatoria. Que él está por la libertad. Que quien no quiera tomarla, que no la tome. No creo que sea una manera adecuada de manejar un problema de salud que atañe literalmente a todos y en todos los aspectos de la vida de la sociedad. La libertad es una cualidad de la voluntad en la cual preferimos un bien por encima de otro. Definitivamente se debe elegir siempre el bien mayor. No puede tener cabida la irresponsabilidad de “no me vacuno”. No puede aceptarse esa exhortación débil e imprecisa de “estoy por la libertad”.

Exigimos el derecho de todos a estar sanos y queremos tener la seguridad de ello; por eso pienso que debemos vacunarnos todos y una propuesta tan ambigua por parte del presidente es, si no insultante, muy grave.

Entendamos que en nuestro anhelo de reanudar nuestra labor lo más pronto posible, tendremos que tomar decisiones en bien de la mayoría y a menos que la experiencia demuestre lo contrario, vacunarnos es nuestra mejor opción.

Retomando el asunto del regreso a las aulas, éste debe hacerse cuando las condiciones sean lo más seguras posibles. Pienso que es importante hacerlo por las razones antes dichas; pero además es muy importante que se realice con sumo cuidado, atendiendo las instrucciones de un organismo gubernamental que asuma las riendas del asunto y que regule para todos, el camino que se ha de seguir.

Dentro de la incertidumbre de la vida humana, dentro del riesgo del vivir, pueden ocurrir contagios; pero no podemos culpar a nadie en particular como si fuera algún acto deliberado.

Estamos tratando de vencer un enemigo que nos agarró con la guardia baja. Pero gracias a Dios se han desarrollado muchísimas defensas en muy poco tiempo. Y podremos vencer, aunque aún sería irresponsable volver a clases presenciales en este tiempo. Ruego a Dios y a la vida, se nos conceda la oportunidad de ver el fin de esta pandemia. Y que podamos reunirnos maestros, alumnos y padres de familia en paz y con seguridad.— Mérida, Yucatán

leconser@yahoo.com

Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado

Como dice la canción… me hacen falta… mucha falta… no sé tú.

 

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