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Animales en peligro

Reglamento injusto revocado

Por Marcelo Pérez Rodríguez (*)

En qué pensaban los regidores del Ayuntamiento de Mérida cuando, por unanimidad, aprobaron el 29 de septiembre pasado un Reglamento para la Protección de la Fauna en el cual se prohíbe dejar alimento a los animales de la calle.

Esta ley en contra de los animales callejeros provocó duros cuestionamientos e indignación, y diversas asociaciones levantaron la voz para señalar que ese reglamento era “inaudito, incongruente y deshumanizado”. Ante esta avalancha de críticas los regidores sesionaron el viernes y revocaron la polémica ley.

El incongruente reglamento, pues supuestamente era para proteger a los animales, quedó invalidado ante una prohibición que dejaba indefensos, con más sufrimientos y en el abandono total a los perros y gatos callejeros.

Diversas organizaciones y personas que también protegen a los animales en las calles siempre sugieren que en lugares estratégicos o en las entradas de algunas casas poner un poco de agua y comida para esos cuadrúpedos. Sin embargo, todo esto se pudo acabar y dejarlos más abandonados si los ciudadanos no hubieran levantado la voz.

Es más fácil para las autoridades levantar la mano para aprobar un reglamento que dejar a los animales callejeros indefensos, sin comida y con posibilidades de morir por inanición, en vez de buscar caminos y crear proyectos, en unión con los ciudadanos, para solucionar el caso de las mascotas que deambulan por las calles meridanas.

En las calles, abandonados y sin recibir muestras de cariño, los animales pasan un sinfín de problemas a diario para sobrevivir. Sortean a los conductores imprudentes, carecen de refugio seguro para dormir o pasar las inclemencias del tiempo, mendigan comida a los transeúntes o esperan que alguna mano bondadosa les brinde unas croquetas o un pedazo de pan y, a veces, sufren el maltrato de los enemigos de los animales.

No es fácil la vida de los animales en las calles, pero no hay acciones en serio de las autoridades municipales y estatales para prevenir la proliferación de los mismos o estrategias y proyectos para crear lugares de protección para luego darlos en adopción, o apoyar a las organizaciones protectora de animales para ampliar sus espacios y dar cabida a más mascotas.

Este olvido de los animales de la calle ha agudizado el problema, y esto se agrava cuando de vez en cuando los agresores de la fauna surgen para envenenarlos, maltratarlos o sacrificarlos furtivamente.

Ahora bien, ante este yerro de las autoridades municipales al intentar prohibir el alimento para los canes callejeros surge sobre la mesa el problema existente. ¿Qué hacer ahora? Aprovechando la voz de los ciudadanos y organizaciones defensoras de los animales los regidores deben buscar caminos que traten de resolver este problema existente en la ciudad capital.

Lo más fácil es exterminarlos, pero es importante en conjunto hacer menos dolorosa y sufrida la vida cotidiana de esos animales callejeros.

Una campaña de esterilización en serio y permanente en todo el municipio sería positiva para evitar el aumento de los animales, luego crear lugares de protección no de sacrificio.

A veces olvidamos que esos animales callejeros sienten, que tienen hambre, desean ser tratados bien y tienen derechos como seres vivos. No debemos ignorar sus situaciones precarias, abandonos y sufrimiento.

Es lamentable y doloroso que muchas mascotas que son otorgadas como regalo, sean abandonadas después en el monte, periférico o estratégicos lugares. Por eso en marzo las estadísticas sobre animales callejeros se incrementan porque muchos cachorros recibidos en diciembre o en San Valentín son dejados a su suerte fuera de la casa.

¿Por qué no obsequiárselo a alguien que desee una mascota o llevarlo a una organización protectora de animales? Hay crueldad en esta acción de abandono, porque los animales se encariñan con la familia o la persona en esas semanas de calor de hogar para luego sufrir el fuerte calor, el frío y las lluvias en la calle.

Es también lamentable que muchos perros sean amarrados durante horas en las terrazas o patios de las casas porque el dueño del animal sale a trabajar. Y esto lo aceptaba el reglamento cuestionado.

¿Por qué adquirir un animalito si la persona no tiene tiempo, ni empatía para tratarlo bien, ni va a comprarle los alimentos que requiere? Los cachorros no son juguetes, ni seres inertes e insensibles, sienten y mucho y dan cariño incondicional, ¿por qué no devolverles lo mismo que dan?

El reglamento injusto e incongruente fue revocado ante las críticas y cuestionamientos. Esperemos que los regidores meridanos no hagan más normas para “proteger” a los animales sin escuchar a las organizaciones protectoras de la fauna y a los ciudadanos, porque podrían salir con exterminar a los kaues de la Plaza Grande o a las lagartijas, los tolokes y las ranas, que son parte de la fauna meridana y yucateca. Así, los animales estarían en peligro.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

 

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