in

¡“Año de muertos”!

feminicida de tahdziú

¡México!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“La libertad revolucionaria es pervertida por el poder personal”.— Carlos Fuentes, escritor, intelectual y diplomático mexicano

¡“Día de Muertos”! Honramos la vida de nuestros antepasados. Celebramos la vida de nuestros antepasados. ¡Nuestra identidad nacional! Los primeros dos días de noviembre son dedicados a los fieles difuntos. Uno para los infantes. Otro para los adultos. A los muertos queridos. A los muertos especiales. A los muertos ejemplares. ¡A los muertos! La muerte está presente en cada momento de nuestra existencia. A cada segundo. A cada minuto. A cada hora. ¡Seguro!

Pero en nuestro México inhumano, en nuestro México violento y en nuestro México brutal, la tradición milenaria y popular ya no es exclusiva del “mes de muertos”, porque la muerte es la culminación del proyecto de aniquilación de la Cuarta Transformación en un nuevo régimen político, que amplió el “cementerio nacional” de lo que otrora fue el territorio mexicano, con sus innumerables escenarios públicos e incontables fosas clandestinas.

Son muchos los temas que agobian a los mexicanos, pero el de mayor impacto es el de la podredumbre en los servicios públicos de salud, cuya “peste” contempla la negativa de atención médica y la carencia de medicamentos. La muerte es el resultado. ¡La solución! La muerte a la entrada de las clínicas. La muerte a la entrada de los hospitales. ¡El final! Una política debidamente aplicada para someter al pueblo, aún más, en sus penas y desgracias. ¡La política de exterminio! Sí. ¡La política de exterminio!

El autor

Andrés Manuel López Obrador, el autor del sufrimiento de millones de mexicanos, ha ejecutado “magistralmente” su propaganda de la Cuarta Transformación para obtener el apoyo de poco más de 30 millones de personas —a nombre de la democracia— para facilitar el inicio de su dictadura, dándole forma tanto a la opinión como a la conducta de sus seguidores. Juzgar y perseguir a los del pasado, inocentes o culpables, para su destrucción.

En México, se incita al odio y se fomenta la indiferencia. No importa si el prójimo necesita ayuda. ¡Qué se consuma! No importa si el prójimo está muriendo. ¡Qué se muera! No precisamente por la llegada de los colonizadores y el proceso de evangelización para fusionar la tradición mesoamericana con la católica. Sino por la llegada de lo peor de una clase política en decadencia y la irritación social justificada de toda una sociedad para fusionar el cambio con la transformación. ¡Estamos en guerra! Los estereotipos y las imágenes están dirigidos a la sociedad. ¡Matar o morir!

Los mexicanos no mueren por sus enfermedades, mueren por la inhumana negativa de atención médica. Los mexicanos no mueren por sus enfermedades, mueren por la criminal carencia de medicamentos. Los del “poder”, ríen ante la desgracia nacional.

Apoyados por la delincuencia organizada que, en su papel, siembra la muerte para cosechar la muerte.

Murió el México independiente. Murió el México revolucionario.

Estados Unidos ordena en política exterior y ordena en política de seguridad. ¡México mata a sus ciudadanos!

Toda libertad fue pervertida por el poder personal.

En México, ya no nada más celebramos el ¡“Día de Muertos”!

Vivimos el ¡“Año de Muertos”!

O morimos.

¡México!— Cozumel, Q. Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

Hallan cinco cadáveres dentro de vehículo en Tabasco

Cartón de Tony: Ramificaciones preocupantes