in

Ante la globalización, cerrazón del Congreso

FREDDY ESPADAS SOSA (*)

El proceso de globalización que vive el mundo desde hace más de 30 años ha propiciado la intensificación de los intercambios de distinto tipo entre todos los países y regiones de la Tierra.

Una de las grandes ventajas de aquélla es que la información llega en tiempo real a millones de personas en prácticamente cualquier punto del orbe.

Pero quizá uno de los impactos más importantes es que el tema de la defensa, difusión y promoción de los derechos humanos (DDHH) ocupa hoy un lugar central en la agenda internacional y en la propia dinámica social, política y cultural del mundo.

Gracias a los avances tecnológicos, los habitantes de la aldea global en que nos hemos convertido podemos saber con toda oportunidad sobre las múltiples violaciones de los DDHH que se cometen en cualquier rincón del planeta, situación que concita la movilización ciudadana a gran escala para denunciar y combatir sin tregua dichas violaciones. Es decir, vivimos un auténtico boom global en el vasto campo de los DDHH.

Como puede colegirse, las sociedades actuales han experimentado y siguen experimentando un sostenido proceso de ampliación en cuanto al reconocimiento de DDHH tanto generales como específicos; éstos últimos corresponden a prerrogativas que, tras una larga lucha política y social, han sido reconocidas o positivadas en los marcos normativos internacionales, nacionales y estatales.

Los grandes humanistas y filósofos que inspiraron el contenido de la Declaración Universal de los DDHH —aprobada por la ONU en diciembre de 1948—, estarían muy contentos de ver cómo, bajo el magnánimo espíritu de este documento fundacional, se ha logrado una ampliación muy significativa en el reconocimiento de nuevos derechos para diversos sectores sociales.

Sería demasiado prolijo enumerar la extensa relación de DDHH que afortunadamente han sido positivados en las últimas décadas, como es el caso de los que corresponden a las mujeres, niños y adolescentes, jóvenes, adultos mayores, pueblos originarios, discapacitados, migrantes, refugiados, prisioneros, minorías religiosas y étnicas, etc.

Por ejemplo, mucho se ha avanzado en el reconocimiento de los derechos culturales, toda vez que la Unesco declaró hace varios años que la diversidad cultural constituye una inconmensurable riqueza para toda la humanidad.

En esta tesitura de análisis, debe señalarse que en México se ha avanzado muy poco en el reconocimiento de los derechos a la diversidad sexual, ya que en la sociedad siguen prevaleciendo los estigmas, los prejuicios, la burla y la discriminación contra la comunidad LGBTI, situaciones que provocan la ciega oposición al reconocimiento de las legítimas prerrogativas que le asisten esta comunidad y por las que han luchado durante muchos años.

He hecho estos comentarios para reiterar mi enérgica condena a la cerrazón y a la ceguera histórica mostrada por la mayoría conformada por el PRI, el PAN y Morena en el Congreso del Estado, al negar de nuevo el reconocimiento del derecho al matrimonio igualitario en nuestra Constitución.

Ante la reincidencia en la conducta homofóbica mostrada por la mayoría legislativa, expreso que me dan vergüenza los flamantes diputados y diputadas, quienes prefirieron sucumbir a las presiones de los sectores ultraconservadores de la sociedad e ir al basurero de la historia, en lugar de actuar con altura de miras y legislar a favor de los legítimos derechos de los sectores que conforman la diversidad sexual en nuestro Estado, como ha ocurrido en la mayor parte del mundo y en muchas entidades de la República mexicana.

Por considerar que mantienen su plena vigencia, reitero aquí las palabras que escribí en este mismo espacio, cuando la retrógrada Legislatura actual negó por primera vez el derecho en comento (D. Y., 12 de abril, Local, p. 4):

“Con esta decisión obcecada y carente de todo argumento jurídico, los legisladores que hicieron mayoría violentaron la jurisprudencia sentada en varias ocasiones por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ha concedido numerosos amparos para que las personas del mismo sexo puedan casarse, circunstancia que implica la tutela y la protección de sus legítimos derechos por parte del Estado.

“Siempre seré partidario de la ampliación continua de los derechos humanos para los diversos grupos y sectores que integran la sociedad plural en que vivimos, entre los que no cabe excluir por ningún concepto o prejuicio medieval a los miembros de la comunidad LGBTI. Con la lucha de la sociedad y a pesar de la cobardía mostrada por nuestros flamantes legisladores, estoy cierto de que vendrán tiempos mejores en el campo vital de los derechos humanos.”

Con su absurda decisión del pasado 15 de julio, el Congreso estatal escribió otra página ominosa en la historia política del Estado. ¡Mil veces baldón!— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán

 

En México se ha avanzado muy poco en el reconocimiento de los derechos a la diversidad sexual, ya que… siguen prevaleciendo los estigmas

Yucatán sigue en el segundo sitio de la Zona Sur

Cartón de Tony: Corte de caja