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Aprender a enseñar en la crisis

Docencia desde casa en tiempos del Covid

Por Jesús E. Pinto Sosa (*)

Si me preguntan si veía venir lo que hoy estamos viviendo en nuestro país como consecuencia de la pandemia del Covid, mi respuesta es no.

Pienso que la gran mayoría de nosotros no pensó que durante 2020 estaríamos pasando por esta experiencia y que hoy día todos, en mayor o menor medida, estamos aprendiendo lecciones sobre el coronavirus.

Algo de lo que estoy seguro es que ya forma parte de nuestro pensamiento y lenguaje, y está propiciando un cambio de hábitos y forma de relacionarnos en la vida cotidiana.

Desde mediados de marzo mucho se ha escrito sobre el tema. Comenzamos a recibir cientos de mensajes por diferentes medios. Con ayuda de la tecnología y las redes sociales virtuales, existe una amplia y basta gama de artículos, textos, reflexiones, materiales, mesas de discusión, etc., de cómo la pandemia está transtocando nuestras vidas en los diferentes ámbitos: personal, laboral, social, económico y seguridad, entre otros.

De repente, toda la información comenzó a girar en torno al coronavirus, reconociendo una diversidad de posturas. Así ocurrió igual en educación.

La suspensión de las clases presenciales en todos los niveles educativos, nos tomó por sorpresa a quienes somos docentes. Y digo “por sorpresa” porque desde ese momento comenzamos a responder preguntas como: “¿y ahora qué hago?, ¿cómo lo haré?, ¿qué necesito?”

Preguntas que requirieron respuestas diferentes a como veníamos haciendo las cosas en las aulas escolares, que tenían un fuerte peso en lo presencial. A través de la autoridad educativa, maestras y maestros recibimos directrices, orientaciones y herramientas, con apoyo de la tecnología, para hacer lo mejor posible nuestra labor, ahora a través de una educación en línea.

Lo anterior nos desafió a todas y todos los docentes. Descubrimos que educar, aprender y enseñar en una situación de pandemia con el Covid-19 es inédita, única, extraordinaria y de emergencia.

Cada docente se puso de pie, tomó su libreta y comenzó a bosquejar una secuencia didáctica distinta, que permitiera que todos y cada uno de sus estudiantes puedan aprender. El sistema educativo del país se puso en marcha, en todos los niveles escolares, subsistemas, escuelas públicas y privadas.

La situación ha implicado salir de la zona de confort y aprender de la tecnología en poco tiempo, ver tutoriales, estudiar y preguntar a quienes saben. Sobre todo, ha implicado saber más de nuestros estudiantes, averiguar dónde están, qué hacen, en qué situación viven y qué condiciones tienen para aprender en casa.

La emergencia nos ha llevado a repensar la forma como enseñamos y más sobre cómo aprenden los estudiantes a partir de los contextos desde donde viven.

Muchos ejemplos de docentes que cruzaron la línea enemiga, desafiaron las condiciones difíciles y salieron en búsqueda de sus estudiantes, a través de llamadas, de entregarles material, de preguntar por ellos y ver cómo apoyarlos.

Otros tantos diseñando nuevas y diferentes actividades, poniendo toda su creatividad e ingenio al máximo. Otros más priorizando aprendizajes y contenidos, reestructurando estrategias y formas de evaluar. La riqueza es que cada docente está encontrando sus propias formas o maneras para lograr que los estudiantes aprendan.

No ha sido fácil. Cada docente, desde su propio hogar, ha tenido que reajustar la dinámica familiar, las condiciones, los recursos con que cuenta y diversificar sus actividades y responsabilidades en casa, las cuales en la mayoría de los casos se duplicaron.

Estos momentos que estamos pasando nos han llevado a centrar nuestros esfuerzos en lo más esencial y valioso: los estudiantes. Escuchar, comprender, motivar y alentar, son cuatro de las palabras que resumen nuestra principal labor en esta etapa. Los estudiantes nos necesitan como referentes y como ejemplos. Como dice Manu Velasco, nos corresponde dar las otras TIC: Ternura, Interés y Cariño.

El pasado viernes 15 se conmemoró el Día del Maestro y nos tocó celebrar en casa, con los nuestros, con la familia. Quienes nos aman, quizás hoy más que nunca, conocen un poco más sobre el trabajo de un docente. Todos fuimos testigos de anécdotas, muestras de cariño y afecto recibidas, primero por nuestras familias, y luego por estudiantes y colegas.

Sintámonos orgullosos de ser docentes. Sigamos dignificando la docencia. Juntos lo lograremos.— Mérida, Yucatán.

psosa@correo.uady.mx

Profesor investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán

 

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