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Caso José Eduardo. ¿Apuesta por el olvido?

Antonio Salgado Borge
Antonio Salgado Borge

Antonio Salgado Borge(*)

La apuesta por el olvido es una de las más frecuentes de cualquier gobierno en México.

La idea detrás de esta apuesta es que, con el tiempo suficiente, la indignación o exigencia original del público ante un asunto X perderá intensidad o será reemplazada por la indignación o exigencia ante un asunto Y o por cualquier otro pensamiento.

De esta forma, el asunto original se convierte, primero, en un recuerdo distante; luego es borrado de la parte de la memoria accesible y se pierde de vista.

La versión más reciente de la apuesta por el olvido Yucatán es el caso de José Eduardo, el joven presuntamente torturado, violado y asesinado por policías en nuestro estado. En un sentido, el caso de José Eduardo estará entre nosotros mucho tiempo, pues ha puesto el foco de atención, con justa razón, en las violaciones a derechos humanos por nuestros cuerpos policiacos.

Sin embargo, en otro sentido hay dos aspectos cruciales de lo ocurrido a este joven que parecen haber sido mandados por las autoridades, de todos los niveles, a la sección de recuerdos distantes de nuestra consciencia sobre asuntos de interés público.

El primero tiene que ver con la justicia que esperan y exigen los familiares de José Eduardo. Por el momento, no hay personas sancionadas por su violación o asesinato.

El segundo aspecto, estrechamente relacionado con el primero, concierne a la verdad pública que debe prevalecer en cualquier democracia. Más de un mes después del fallecimiento del joven, el público no conoce a ciencia cierta las condiciones en que se produjeron las agresiones que terminaron con su vida.

Inicialmente contrastaron la actitud del Ayuntamiento de Mérida, que tomó inicialmente una actitud positiva al buscar difundir toda la información en sus manos, y la del gobierno de Yucatán, que no ha sido capaz de arremangarse la camisa y enfrentarse al público directamente en voz de figuras de alto nivel.

Pero gradualmente y por motivos desconocidos, ambos gobiernos se sintonizaron en silencio. A ellos se sumó recientemente la FGR, una institución federal que ha atraído el caso. Sin embargo, en este proceso, como en tantos otros, la Fiscalía que encabeza Alejandro Gertz Manero no ha informado de avances.

Ante las apuestas por el olvido, no queda más remedio que buscar fortalecer la memoria. Una de las técnicas más comunes para ejercitar la memoria consiste en repasar o repetir lo que se conoce. De esta forma, se crean canales de comunicación neuronales que evitan que sea fácilmente olvidado.

El silencio oficial sobre el caso de José Eduardo obliga entonces a repasar las posibilidades que de los hechos que conocemos pueden derivarse. Tres de estas posibilidades merecen ser destacadas.

(1) José Eduardo fue asesinado por los policías municipales que lo llevaron a las instalaciones de esa dependencia o por policías que trabajan en el interior de estas instalaciones.

El problema con esta versión es que existe un registro en video de cada minuto que José Eduardo estuvo custodiado por los policías referidos. Cierto es que los agentes que le bajaron de la camioneta que le transportó lo jalonearon y maltrataron. También es cierto que uno de estos agentes le colocó la rodilla en el cuello de forma inaceptable e indignante durante un tiempo demasiado largo.

Pero en una parte de los videos no difundida originalmente también se aprecia con claridad cómo, tras recuperar el conocimiento, José Eduardo se movió casualmente y sin problemas en su celda. Por ejemplo, el joven se estiró, descansó, e incluso lavó su camisa. Los videos también muestran el momento en que el joven es puesto en libertad y sale caminando por su propio pie y sin dificultades aparentes.

Aunque esto no significa que sea imposible que las agresiones de estos agentes hayan terminado con la vida de José Eduardo, estos hechos complican sustancialmente la narrativa que afirma que este fue el caso. Lo cierto es que una exhibición pública de cada segundo de estos videos es necesaria para saber si algún elemento que estamos omitiendo.

(2) José Eduardo fue asesinado por policías municipales, pero no por aquellos que lo llevaron a las instalaciones de esa dependencia o por policías que trabajan en el interior de estas instalaciones.

La detención y traslado de José Eduardo a las instalaciones de la policía municipal ocurrió en unidad 269. Pero alrededor de 40 minutos antes de ser detenido por elementos de la unidad 269, José Eduardo fue abordado por policías municipales de la unidad 264. Es decir, por un grupo de policías distinto al grupo que le detuvo y trasladó a las instalaciones de la policía municipal de Mérida.

El encuentro del joven con la unidad 264, fue registrado en parte a través de un video grabado por un policía. Ahí, José Eduardo dice que va una entrevista de trabajo y se escucha a un policía decirle al joven que se le han caído cosas de su mochila.

Es crucial notar que lo ocurrido coincide con lo dicho por el propio José Eduardo en su denuncia. De acuerdo con el joven, ese día se dirigía a una entrevista de trabajo cuando se le cayeron cosas de su mochila. Entonces fue interceptado por los policías que le agredieron.

También es importante apreciar que, de acuerdo con testimonios recabados por Diario de Yucatán, esto ocurrió en una calle donde policías municipales llevan a detenidos para interrogarlos sin estorbar a los transeúntes.

Finalmente, mientras que los movimientos de la unidad 269 están registrados en video, de la interacción de la unidad 264 con José Eduardo sólo tenemos el video grabado por el celular de uno de los policías. El siguiente registro de José Eduardo en video tras su encuentro con la unidad 264 ocurre 30 minutos más tarde. No se sabe qué ocurrió con el joven durante ese tiempo. Por ende, no es trivial conocer actividades de la unidad 264 durante ese mismo período.

(3) José Eduardo fue asesinado por policías estatales.

En una copia de la demanda que interpuso ante la Fiscalía General de Yucatán, José Eduardo afirma que fue detenido en la calle 47 del centro de Mérida y que fue interceptado por una patrulla anti-motines por parecer sospechoso.

La camioneta habría sido negra y con distintivos amarillos —los colores característicos de los vehículos de la policía del estado—. José Eduardo habría sido increpado por agentes vestidos de negro y con la leyenda “policía estatal” bordada en su uniforme. Incluso se menciona los nombres de dos de estos agentes.

En su demanda, el joven afirma con claridad que fueron agentes de la policía estatal quienes lo “amarraron como cochino” torturaron y violaron.

Como ha sido sobradamente documentado por organizaciones como Indignación o Elementa DDHH, en Yucatán una parte muy importante de las violaciones a derechos humanos provienen de elementos de la policía estatal. Esto coincide con un sinnúmero de testimonios confiables que han surgido durante los últimos años.

Considerando las declaraciones de José Eduardo y este contexto, no es ocioso tomar con toda seriedad esta posibilidad y conocer a ciencia cierta si este fue el caso. Vale la pena notar que si esta versión resultase verdadera, el joven habría sido detenido tres veces por policías: dos por distintos grupos de policías municipales y una por un grupo de policías estatales.

Es momento de hacer un corte de caja. Hemos revisado las tres opciones que pueden derivarse de los hechos que conocemos. Mi intención aquí no ha sido llegar a una conclusión cuán plausible o probable es cada narrativa. Esto es algo que tendrán que determinar las autoridades con pleno conocimiento de causa.

Para efectos de este análisis, lo importante es que aunque el silencio de nuestras autoridades no es promisorio, contamos con datos que abonan a cada una de las hipótesis mencionadas arriba; datos que deben ser hechos públicos y estudiados con seriedad en todos los casos.

La ruta para derrotar una posible apuesta por el olvido pasa entonces por repasar y reconocer la existencia de estos datos. Y por retomar la exigencia de que se nos presente públicamente una narrativa, sustentada y clara, que nos permita conocer la verdad detrás del asesinato de José Eduardo.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo)

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