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Aumenta la obstinación

feminicida de tahdziú

Actitudes

José Santiago Healy (*)

Más que un Estado fallido o de ingobernabilidad, lo que estamos viviendo en México es una descomunal e innecesaria confrontación ideológica entre los sectores políticos y económicos.

No ha llegado todavía este enfrentamiento a niveles populares, lo que podría ocurrir en un futuro no muy lejano, de no prevalecer la cordura del gobierno y sus dirigentes.

La serie de acciones que viene tomando el presidente López Obrador para supuestamente favorecer la transformación de México —la cuarta, asegura— tiene hastiados a buena parte del sector productivo y de los medios de comunicación.

El enojo viene desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco y su consulta “patito”, y fue creciendo con medidas como la estrategia errática contra el “huachicoleo”, el cierre de estancias infantiles, el despido masivo y sin liquidaciones de burócratas, la asignación de contratos millonarios sin licitaciones, el freno abrupto del crecimiento económico y la incontrolable espiral de violencia.

Además, la entrega populista de dinero a jóvenes, la cancelación de Proméxico, la liberación de Ovidio Guzmán López, la cancelación de la reforma educativa, la designación de funcionarios incompetentes como Manuel Bartlett, el “dedazo” para encumbrar a Rosario Piedra Ibarra en la CNDH, el asilo político a domicilio de Evo Morales… más las que se acumulen en las semanas que vienen.

Los argumentos de López Obrador son de sobra conocidos: los conservadores protestan, yo tengo otros datos, estamos afectando intereses, nuestra misión es alcanzar la cuarta transformación y nada nos va a detener.

El mandatario morenista asegura una y otra vez que respeta a sus adversarios, pero no tiene empacho en agredirlos con calificativos como fifís, mezquinos, retrógradas, hipócritas, sabelotodos, fantoches y quién sabe cuántos más.

Vaya, ni Vicente Fox que tenía la boca bastante suelta utilizaba tan hirientes términos para tratar de humillar a sus opositores.

Es cierto que López Obrador obtuvo un triunfo por mayoría en las elecciones del año pasado, con el 53 por ciento de la votación, lo que no ocurría desde los tiempos de Miguel de la Madrid cuando imperaba la hegemonía priista.

Los medios de comunicación y algunos sectores se encargaron de magnificar el resultado, lo que ha sido —a nuestro juicio— malinterpretado por López Obrador y sus huestes.

El tabasqueño consiguió poco más de 30 millones de votos, lo que está muy lejos de ser mayoría plena, si tomamos en cuenta que el padrón electoral es de 89 millones de mexicanos.

Es decir, casi 60 millones de votantes no apoyaron su candidatura, algo que en plata significa que AMLO cuenta con el 33 por ciento del apoyo de los mexicanos registrados en el padrón, pero no de la mayoría.

Con ese 33 por ciento, López Obrador se empeña en imponer su ideología y su plan de gobierno sin tomar en cuenta al 66 por ciento, que son nada menos que 60 millones de connacionales.

Aun cuando AMLO hubiera alcanzado la mayoría del padrón con 45 millones o más votos, no tendría derecho a imponerse como lo está haciendo en sus primeros meses de gobierno.

Una decisión polémica como cancelar un aeropuerto o dar asilo a un extranjero debiera ser antes consultada y avalada por amplios sectores de la sociedad.

En suma, la confrontación empeora día tras día y lo más lamentable es que, lejos de recular y llamar a la unidad, el primer mandatario se atrinchera en sus decisiones y vocifera contra quienes lo critican y cuestionan.

Señor López Obrador: usted juró gobernar para todos los mexicanos. ¿Por qué no escuha las voces disidentes? ¿Ya se olvidó de cuándo fue oposición y los medios lo tomaban en cuenta? ¿Es usted consciente de que la democracia es una suma de desacuerdos y no la imposición de una sola voz?

Noticias en serie…

El arzobispo de Los Ángeles, California, monseñor José Gómez, se convirtió en el primer hispano y también mexicano en presidir la Conferencia de Obispos en EE.UU., una posición privilegiada para continuar su lucha en favor de los inmigrantes y del derecho a la vida. José Gómez es oriundo de Monterrey y antes fue arzobispo de San Antonio, Texas… Muy lamentable la escena que se vivió el pasado martes en el Senado cuando a pesar de las protestas la señora Rosario Piedra Ibarra tomó posesión de la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. ¿Tendremos que acostumbrarnos a tales teatritos tercermundistas?— Chulavista, California.

jhealy1957@gmail.com

Periodista

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