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Aumento desmedido

Los yucatecos merecemos más

Filiberto Pinelo Sansores (*)

El lema de campaña de Mauricio Vila cuando se postuló para el cargo que detenta fue “Yucatán merece más”; no dijo, sin embargo, a qué se refería con eso.

Ahora lo sabemos: merecemos más saqueos. No fueron suficientes los que los dos gobiernos corruptos anteriores practicaron a nuestras costillas. Por eso, la serie de alcabalas que ha dispuesto y le aprobaron sus acólitos.

Mientras la política nacional respecto a impuestos es no crear nuevos ni aumentarlos, la de él es lo contrario: crear nuevos impuestos o derechos o aumentar los existentes. Y es que se trata de un gobierno elitista, propio del sistema neoliberal que se resiste a morir; en el que los cargos públicos son oportunidades de enriquecimiento y goce de privilegios a expensas del pueblo.

Antes que renunciar a los viajes al extranjero, con cualquier pretexto, o reducir los gastos superfluos en las filas del gobierno, prefiere meterle mano al escaso dinero de la abrumadora mayoría de los contribuyentes.

Queriendo vernos la cara ha usado como pretexto que la federación le quitó arbitrariamente recursos a su presupuesto, por lo que, en consecuencia, es necesario reponerlos de la única manera que hay para ello: metiendo mano a nuestras bolsas. Pero su mentira, no obstante tener repetidoras que la difunden —algunos de sus funcionarios y el líder local de su partido— cada día provoca mayores reacciones de inconformidad. No es para menos, hacía mucho tiempo que no teníamos un gobernante tan voraz como éste.

Sus argucias para dorarnos la píldora han fallado estrepitosamente.

El presidente López Obrador declaró públicamente el viernes 3 de enero en su conferencia matutina: “No es cierto que tengan menos recursos los gobiernos estatales, eso es lo que algunos están diciendo. Se les entregaron los recursos que les corresponden por ley, las participaciones federales. No se vale que nos echen la culpa, porque ya ahora todo que por austeridad no se hacen las cosas. No es cierto que tengan que aumentar los impuestos porque se les redujo el presupuesto. Nosotros no podemos reducir el presupuesto, porque el presupuesto se entrega, se distribuye de conformidad con la ley de coordinación fiscal. Sería violar la ley. Si fuese cierto, estarían presentando denuncias en el Poder Judicial, controversias”.

Habría que preguntar, entonces, a Vila y paniaguados si han interpuesto ante el Poder Judicial de la Federación la denuncia de que, violando la ley, el gobierno federal recortó al estado de Yucatán las participaciones a que tiene derecho para que, si es el caso, se les reponga el dinero faltante. Y si no lo han hecho que digan por qué, pero no pueden seguir repitiendo mentiras en aras de una política que lesiona el interés social.

Refutaciones

A mayor abundamiento, diferentes actores han refutado la mentira propalada del recorte. Una de ellas, la dirigente de la Fecuy, profesora Blanca Estrada, no se fue por las ramas y dijo: “Con la cantaleta del supuesto recorte nos pintaron el tucho que ha servido para subirnos impuestos y los cobros de derechos” e hizo una comparación entre lo que el gobierno del estado recibió de la federación en 2019 y lo que ésta le enviará en 2020, según las leyes de ingresos estatales de ambos años, publicadas en el Diario Oficial del Estado demostrando, de manera contundente, la falsedad de las afirmaciones de los “mosqueteros” del gobernador. En el año anterior, expresó la maestra, se recibieron $31,773.897,240 de dinero federal para el presupuesto estatal, mientras este año, la cantidad que se recibirá será de $32,309.672,921; esto quiere decir que en 2020, Vila recibirá casi 536 millones más que el año que terminó (D. de Yuc., 02-01-20).

Lo que ahora sucede es que el dinero que envía la federación, a diferencia de antes, está controlado. Se terminaron las tradicionales partidas de “moches” y los recursos de libre disposición, contenidos en una bolsa de la federación, sobre la que ésta no tenía control, el famoso ramo 23, supuestamente, destinado a los programas sociales, pero en realidad un engendro creado para el fomento de la corrupción. Como éste desapareció, huboque echar mano de donde sea para sustituirla.

La maestra lo explica de este modo: “No se le está quitando dinero a Yucatán. Sigue llegando, pero una parte ya no pasa por el gobierno del Estado porque se transfiere en forma directa a los beneficiarios de programas sociales y eso es lo que están ‘chechoneando’ (las autoridades locales), porque ya no pueden usarlo para operación política como hacían antes” (D. de Yuc., 05-01-20).

No tienen, en consecuencia, ninguna razón de ser estos desmedidos aumentos, explicables sólo por la insaciable sed de dinero —para el fin de sostener la vida de “mirreyes” y la operación político-electorera que les es consustancial— de quienes, una vez en el poder han puesto al desnudo el sentido del slogan con que llegaron a él.

Llover sobre mojado es lo que está sucediendo sobre la paupérrima economía de los yucatecos.

Impuestos tras impuestos, derechos y más derechos y, para rematar, el innecesario canje de placas, a partir de marzo —pospuesto gracias a la “benevolencia” del gobernador que pensó que era mucho lo que gastaríamos en enero y febrero—, que será otra succión al escaso peculio de los yucatecos.

Placas

No sólo es un abuso desmedido este canje, por el costo que significa a cada ciudadano, sino por la aberración que representa cambiar unas placas en buen estado derrochando en ello millones de pesos. Se advierte un gran negocio en esta simple operación que no es primera vez que se hace y, menos, que se denuncia. Hace poco más de 3 años, en 2017, el senador panista Daniel Ávila Ruiz denunció el mismo negocio, sólo que, quien lo practicó entonces, fue un gobernador priista, Zapata Bello (ahora, con uno panista, el exsenador ha permanecido callado), quien compró “750 mil placas a $ 156 cada una, pero facturadas a $ 245”, una diferencia de $ 88.25 por placa (más de $ 61 millones de pesos para la bolsa de quien hizo el negocio). Después fueron vendidas en $ 1,446 cada una. Fue de más de $ 1,000 millones la dentellada en aquel tiempo.

La de hoy, será más grande aún, porque los yucatecos —¿usted sabe?— merecemos más. — Mérida, Yucatán

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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