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Aumentos y desigualdad

Cambios en la política económica

Freddy Espadas Sosa (*)

La concentración de la riqueza y el ingreso nacional constituyen una de las características más perniciosas y ofensivas que “distinguen” a la actual formación social mexicana.

De acuerdo con el “Informe Oxfam 2018: México Justo. Propuestas para combatir la desigualdad”, el modelo económico dominante sigue beneficiando sólo a las élites económicas y sociales: “La riqueza de los mexicanos más ricos en 2017 fue de 116 mil millones de dólares: las 10 personas mexicanas más ricas tienen la misma riqueza que el 50% más pobre de México. Así, los grupos de interés económico ejercen influencia desmedida sobre diferentes políticas públicas para mantener sus privilegios”.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018, realizada por el Inegi, la enorme brecha existente entre los diversos segmentos sociales se revela cuando vemos que los hogares del primer decil (menores ingresos) tienen una percepción trimestral promedio de 9,113 pesos, en tanto que los del décimo decil (mayores ingresos), tuvieron una percepción trimestral de 166,750 pesos, es decir, obtuvieron un ingreso ¡18 veces superior!

A mayor abundancia, dicha encuesta muestra que los hogares pertenecientes a los tres primeros deciles (los más vulnerables) participan con apenas el 9.4 por ciento del ingreso total, en tanto que los adscritos a los tres últimos deciles (familias más ricas), concentran ¡el 61.3 por ciento del ingreso nacional!

Por otro aspecto, la investigación “México 2018: otra derrota social para las clases trabajadoras”, realizada por la UNAM, muestra de manera irrebatible lo siguiente: “La pérdida acumulada del poder adquisitivo en treinta años, del 16 de diciembre de 1987 al 26 de octubre del 2017, es del 80.08%, medida de acuerdo a la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR). En la última fecha el salario mínimo era de $80.04 pesos diarios, mientras que el precio de la CAR llegó a $245.34 pesos diarios, es decir con el salario mínimo únicamente se podía adquirir el 32.62% de esta canasta”.

Afrenta

Así, en plena aplicación de la política neoliberal veíamos atónitos e indignados cómo la flamante y ominosa Comisión Nacional de los Salarios Mínimos autorizaba aumentos que oscilaban entre uno y dos pesos anuales, lo que constituía una verdadera afrenta para los trabajadores y sus familias.

Bajo el sistema capitalista en que nos toca vivir, resulta extremadamente paradójico y potencialmente explosivo que los verdaderos creadores de la riqueza social —obreros urbanos y agrícolas, artesanos, campesinos y trabajadores de los servicios— sean quienes se apropien de las mínimas proporciones de la renta nacional.

Los comentarios anteriores vienen al caso con motivo del reciente aumento al salario mínimo general (SMG) acordado entre el gobierno federal, los representantes sindicales y el sector empresarial. Para el caso de la zona fronteriza norte, el SMG pasará de 176.72 a 185.56 pesos diarios, en tanto que para el resto del país aumentará de 102.68 a 123.22 pesos diarios. Según la Secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, “en términos reales se trata del mayor incremento anual en los últimos 44 años” (D.Y., 17 de diciembre, Nal., p. 6).

Estrategia

Como se recordará, los aumentos significativos al SMG comenzaron a darse desde el nuevo gobierno encabezado por el presidente AMLO, y forman parte de una estrategia que tiene por objetivo avanzar hacia una recuperación mayor para 2024, año en que dicho salario alcanzaría un monto superior a los 300 pesos diarios.

Por otro aspecto, si admitimos que el crecimiento económico es uno de los talones de Aquiles del gobierno federal resulta altamente aleccionador que se haya concertado este reciente aumento, ya que esta medida propiciará en el corto plazo un impulso al consumo y al mercado internos, lo que a su vez operará como acicate para la urgente reactivación económica del país.

Otro hecho positivo desde el punto de vista económico es que el índice inflacionario se situó en el menor nivel desde septiembre de 2016, ya que los precios al consumidor aumentaron apenas 2.97 por ciento durante noviembre de este año en comparación con el mismo mes de 2018 (D.Y., 10 de diciembre, Nal., p. 6).

Desde luego, es deseable que este modesto aumento al salario mínimo no represente un insano pretexto de los empresarios para aumentar sin razón los precios de los artículos de consumo generalizado, ya que de hacerlo estarían eliminando la ligera mejoría que tendrán decenas de miles de trabajadores y sus familias en sus ya de por sí depauperados ingresos monetarios.

En el caso de Yucatán, desafortunadamente el gobierno de Mauricio Vila Dosal y el Congreso local —en plausible complicidad con el sector empresarial, cuya presencia es dominante en el llamado Consejo Consultivo del Presupuesto—, han asestado un duro golpe a los bolsillos populares con las nuevas cargas impositivas contenidas en el repudiado paquete fiscal para 2020.

Exigimos que a los capitalistas yucatecos no les gane su acostumbrada voracidad, propiciando aumentos injustificables a los precios en la llamada “cuesta de enero”, pues de darse esta conducta en los hechos estarían arrebatando a los trabajadores el modesto aumento convenido a nivel nacional. Veremos. — Mérida, Yucatán

canek_1999@yahoo.com.mx

Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán

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