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Buscando al enemigo

Los peligros del discurso del odio

Federico Reyes Heroles (*)

Será quizá por miedo al fracaso, por gran temor a la conjura, a la intriga, a un acecho permanente que se oculta con malicia. Será por un simplismo intelectual, porque la idea de enemigo se instala con gran facilidad en la mente. Será todo junto. Difícil conocer los orígenes. El reto para todos es no dejarnos llevar por esta persecución sin fin, ni sentido.

Convertir a los empresarios, a los “ricos”, así en abstracto, en los causantes de todos los males del país, no es algo nuevo: de la Revolución a don Gastón Billetes de Quesada en los 60. Imposible que la demagogia deje de utilizar ese popular recurso. La corrupción como LA explicación de todos nuestros males, es entendible y justificada en muy buena medida. Es muy popular y también engañosa. Pero lo que vivimos hoy va mucho más allá de lo evidente, los “ricos”, la corrupción. La búsqueda de enemigos es generalizada y obsesiva.

Cómo alegar que los científicos son una mafia, cómo señalar a los albergues de mujeres en situación de violencia como causa de nuestros males, cómo insinuar que el INE conspira, o decir que la CNDH y todos los que por allí han (hemos) pasado somos cómplices de las atrocidades.

Por qué despedir ahora a cientos de personas en el IMER, una gran estación de radio pública que durante tres décadas ha formado cultura musical en diferentes vertientes, y ha consolidado una idea de servicio de Estado. Allí no hay enemigos, todo lo contrario.

Nuestro país sufre de una deforestación brutal y, con todos sus defectos y limitaciones, Conafor ha tenido logros en la capacidad de adaptar variedades de árboles a las distintas regiones, ha impulsado trabajo comunitario de reproducción en viveros de zonas muy pobres. Cómo entender ahora el despido de casi el 70% de su personal. ¿De verdad eran contrarios a la 4T?

Hay que ser congruentes, si de contener la destrucción se trata, si se busca reforestar de manera masiva, excelente idea, pues entonces no se le recorta presupuesto a Conabio, a Conafor y no construye el Tren Maya, que amenaza con devastar amplias zonas de selvas. Desaparecer a todos los potenciales enemigos está provocando la destrucción de un patrimonio institucional que llevó décadas construir.

Allí empieza el problema, en esta infatigable búsqueda de los enemigos se ha negado sistemáticamente los muchos avances que, a pesar de todo —corrupción número uno— ha tenido México. Si la idea de búsqueda y persecución de enemigos echa raíces en la mente de decenas de millones de mexicanos, lo que veremos en las próximas décadas, más allá de esta gestión, será una frenética e inútil actividad que no va a generar el bienestar y la justicia que todos anhelamos. El discurso de persecución ya está instalado en el poder, no dejemos que avance en los hogares, en nuestras fuentes de trabajo, en los medios, en nuestras sobremesas.

Los matices suponen un esfuerzo en la moderación de nuestras expresiones y calificativos. Aceptar que no todo en nuestro pasado está podrido, que México ha tenido méritos muy significativos que han provocado admiración en el mundo, es mucho menos popular que montarse en la ola de venganza y ceguera que hoy predomina.

Entre menos logros reconozcamos, más enemigos necesitará la hoguera. No nos desgastemos en falsas discusiones. La salida está en las cifras, hoy tan despreciadas. Ha habido reducción de la pobreza extrema, la respuesta es sí, aunque incomode. Ha habido reducción de las carencias sociales, sí, aunque subleve. Han crecido las clases medias, sí, aunque no queramos reconocerlo.

No nos dejemos atrapar por el discurso de odio que no conduce a ningún sitio. Leamos los problemas con frialdad, porque buscar siempre al enemigo, enferma.— Ciudad de México.

heroles@prodigy.net.mx

Investigador y analista

 

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