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¿Cambio o desaparición?

Antonio Salgado Borge

El caso de las instituciones autónomas

Antonio Salgado Borge (*)

De acuerdo con el Presidente, instituciones autónomas como el INE o el INAI tendrían que ser absorbidas por las secretarías de estado. Aunque lograr esto implica reformas constitucionales, una vez concluidas las elecciones de este año se plantearán reformas administrativas para empezar a encaminar este proceso.

Cuatro argumentos que respaldan esta idea han sido repetidos hasta el cansancio por algunos de los más incondicionales seguidores del Presidente. En este artículo mostraré que ninguno de estos argumentos se sostiene.

El argumento del pecado.

El primer argumento para revisar tiene que ver con la corrupción. La idea aquí es que las instituciones autónomas en el papel no tienen nada de autónomas en los hechos. Esta falta de autonomía se debería, al menos en parte a que las instituciones autónomas fueron impulsadas durante sexenios de la era neoliberal, En consecuencia, estas instituciones, por naturaleza, están diseñadas para servir a la corrupción de gobiernos de corte neoliberal.

Para sustentar esta afirmación se señala un hecho irrefutable: la era neoliberal en México representó un festín de corrupción tan grosero como perjudicial. Además, es bien sabido que durante este período se consolidó el poder de los grandes capitales por encima del gobierno. Durante décadas, fueron los intereses de estos capitales los que dictaron las políticas públicas en nuestro país. Por ende, cualquier cosa que haya sido promovida o permitida por esos gobiernos ha nacido con la mancha de un imperdonable pecado original.

El principal problema con este argumento es que es rotundamente falso que las instituciones autónomas hayan surgido fundamentalmente para defender los intereses representados por la derecha en México. En realidad, estas instituciones fueron concesiones que los gobiernos neoliberales se vieron forzados a hacer a la izquierda y a la sociedad civil para tener un mínimo de legitimidad o una cara presentable. Si bien es cierto que muchos países democráticos no cuentan con estas instituciones, este es el caso porque esos países no tienen la historia autoritaria de México.

Vale la pena recordar que durante décadas México vivió bajo un gobierno autoritario y corrupto. Ese gobierno organizaba y manipulaba elecciones prácticamente a su antojo. El resultado fue que el mismo partido, el PRI, se perpetuó en el poder durante prácticamente todo un siglo. El INE, un ejemplo paradigmático de las instituciones cuya existencia está en disputa, fue un instrumento necesario para garantizar la alternancia. Gracias a este instituto el PRD —durante un tiempo comandado por AMLO— pudo obtener posiciones de poder.

Es decir, las instituciones autónomas no tienen el pecado original que se les imputa. Si se va a defender su reincorporación al mismo formato que existió previo a su nacimiento, se tendrán que encontrar mejores argumentos.

El argumento de los individuos.

El segundo argumento para reincorporar a las instituciones autónomas al gobierno también tiene que ver con la corrupción y con la idea de que las instituciones autónomas en el papel no tienen nada de autónomas en los hechos.

A diferencia del anterior, este argumento gira alrededor del hecho de que las personas que han encabezado a las instituciones autónomas en México son corruptas y favorecen a intereses corruptos —en particular, a los intereses que predominaron durante los gobiernos del PRI y del PAN—.

La principal evidencia que se ofrece en este sentido es el hecho de que instituciones como el INE fueron, por decir lo menos, complacientes con los gobiernos anteriores. Todo parece indicar que la autonomía de estas instituciones es selectiva. A los partidos de derecha se les ha permitido prácticamente todo. Pero que tenemos un gobierno de izquierda, estas instituciones han recordado que la independencia es parte de su esencia.

Hay dos problemas centrales en este argumento. El primero es que generalizar en este caso —como en casi cualquier escenario— implica aceptar lo inexacto. Uno no puede comparar el IFE de José Woldenberg con el de Luis Carlos Ugalde. Tampoco se puede comparar a los cuatro nuevos consejeros del INE, seleccionados por el actual Congreso y que llegaron con una actitud crítica e independiente, con aquellos individuos complacientes a los que reemplazaron

El segundo es que del hecho de que una institución haya estado dominada por intereses no se sigue que el concepto o el diseño de esa institución sean inservibles. Lo que se sigue es que se requieren mecanismos para garantizar la rectitud de sus procesos o la probidad de sus funcionarios. Si las instituciones autónomas, por arte de magia, han decidido funcionar adecuadamente durante el actual sexenio, lo que se tendría que hacer es garantizar que este sea su funcionamiento en todos los casos, y no desaparecerlas.

Alguien podría alegar que, dado que durante décadas estas instituciones han favorecido a la derecha, es apenas justo que ahora se carguen, para compensar, hacia la izquierda. El problema es que del hecho de que una institución haya favorecido, por sesgada, a “x” en el pasado no se sigue que, para balancear, ahora toque reemplazarla por una que favorezca a “y”. De ser este el caso, el péndulo en algún momento regresaría a la derecha. Lo que se requiere es implementar mecanismos para que esa institución actúe siempre justamente. Si hay que empezar ahora, que así sea.

El argumento del costo-beneficio.

Hay un último argumento comúnmente utilizado por el Presidente y por sus seguidores para defender la reincorporación de las instituciones autónomas que me interesa revisar en este artículo. La idea de que estas instituciones son muy costosas y que dan muy pobres resultados.

Para justificar lo anterior se apela primero al hecho de que miles de millones de pesos de recursos públicos son destinados a estos organismos. Luego se señalan algunos de los errores o corruptelas claramente identificables en ellos. La conclusión es que no están haciendo bien su trabajo y que, por ende, es mejor de dejar de tirar el gobierno y, en los hechos, desaparecerlas.

Este argumento tiene dos fallas fundamentales. En primer lugar, tal como ha señalado el periodista Ricardo Raphael, uno tendría que revisar con cuidado los números. Por ejemplo, el INE es costoso principalmente porque en su presupuesto se incluye todo el sistema de identificaciones personales —las credenciales que llamamos “INE/IFE”— y dinero que termina en manos de los partidos. Si quitamos estos dos elementos, esta institución termina costando una fracción de lo que se comenta.

En segundo lugar, uno puede alegar que es falso que estos organismos siempre yerren. Esto lo tiene que aceptar incluso el Presidente y Morena. Mario Delgado, actual dirigente de ese partido, llegó a su puesto gracias a que derrotó a Porfirio Muñoz Ledo en un proceso organizado y revisado por instituciones autónomas. Si los autónomos siempre fallan, entonces Mario Delgado sería el dirigente ilegítimo de Morena.

Finalmente, aun si fuera cierto que las instituciones autónomas son carísimas y que siempre fallan, de ello no se sigue que el papel que juegan sea irrelevante. Lo que se sigue es que habría que llevar a estas instituciones al estado ideal para que puedan jugar el papel para el que fueron creadas.

Conclusión.

El Presidente y sus más fieles seguidores defienden la idea de que las instituciones autónomas, como el INE o el INAI, tendrían que ser absorbidas por las secretarías de Estado. En este artículo he revisado tres de sus principales argumentos y he mostrado que ninguno se sostiene.

Cuando se revisan con cuidado estas justificaciones, incluso quienes no creemos que el actual gobierno sea peor que los dos anteriores o quienes reconocemos la urgencia de un giro firme hacia la izquierda podemos notar que, por el momento, no existe algún argumento convincente que implique la necesidad de desaparecer a las instituciones a autónomas. Eso sí, todo lo que apunta a la necesidad urgente de mejorarlas y de hacerlas completamente independientes.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Doctor en Filosofía por la Universidad de Edimburgo

 

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