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Caminar juntos en la vida, una experiencia maravillosa

Editorial

A mi esposa Jeny: Nuestro aniversario 50 de matrimonio

9 de octubre

Cariño, aún recuerdo cuando te conocí: nuestras miradas se cruzaron por primera vez, al paso del tiempo diríamos fue amor a primera vista.

Sí, lo nuestro no solo fue a primera vista, sino que ambos nos enamoramos cuando aún éramos muy jóvenes, aunque tu madurez era mayor. Ambos terminamos convencidos que Dios nos había puesto en el camino correcto: unir nuestras vidas por la Iglesia fue una de las mejores decisiones de nuestras vidas.  Fue en la iglesia de San Cristóbal, ante la mirada amorosa de nuestra Madre María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios, por quien se vive.

Una mujer idónea, con la capacidad de amar, responsable a pesar de su edad

Hemos recorrido estos 50 años juntos, hoy difícilmente encontremos parejas jóvenes que se atrevan a vivir la experiencia, por tanto tiempo.

Hoy vemos a nuestros hijos, nietos y hasta bisnietos y solo puedo levantar los ojos al cielo y decir “Gracias Señor por esta hermosa familia que me regalaste”. Somos inmensamente ricos al ser bendecidos por esta unión.

Momentos difíciles

No ha sido fácil, te confieso, ha habido momentos titubeantes, ráfagas de vientos, cantos de sirenas, diría Homero, pero a pesar de mis desasosiegos, tu amor, tu fortaleza, tu fidelidad y  tus oraciones me han ayudado a mantenernos unidos.

Dios siempre nos ha dado lo que necesitamos, no lo que pedimos, porque a veces pedimos mal; nos da todos los días el don de la fortaleza, de la paciencia y de la sabiduría. Él conoce  nuestras intenciones y toma nuestras preocupaciones.

Debemos ser agradecidos siempre por tantas y maravillosas cosas que nos da a través de nuestros familiares, amigos y quienes nos ayudan a salir adelante.

La vida nos ha enseñado que la presencia de Dios aglutina nuestras acciones.  Ojalá muchos matrimonios entendieran que la falta de interés y de motivación en sus relaciones humanas es porque quieren estar juntos pero cada quien en su mundo y en sus cosas, por lo que se enredan en una vorágine de banalidades. Apoyemos nuestro amor, en la palabra de Dios para inspirar, renovar y hacer de cada día una experiencia nueva.

La Iglesia, como ayuda a la vida matrimonial

Le agradezco al Señor, que nos puso en nuestro camino al presbítero Fernando de Jesús Castro Andrade, quien nos ayudó a superar momentos difíciles y nos encarriló como pareja a incorporarnos a las actividades parroquiales: ser coordinadores generales y, posteriormente,  tener la oportunidad de asistir como matrimonio al tercer Sínodo Diocesano, con derecho a voz y voto.  ¡Cómo disfrutamos ese encuentro que convocó la Iglesia!

La vida se enriquece con nuestro hacer diario  y tengo muchos recuerdos, como cuando   el Señor Arzobispo, monseñor Manuel Castro Ruiz, me miró y entendí su corrección fraterna; más adelante el Señor Ramón Ojeda Centurión, que en paz descanse, nos invitó a fundar con otras personas la Academia Beato Juan Diego.  Solo Dios sabe por qué nos llevó a recorrer ese camino, pero nos hizo bien, ya que siempre asistimos como pareja, como deben ser siempre los apostolados, no debemos ir el uno sin el otro, porque al casarnos ya no somos dos, sino uno, misterio profundo del amor.

Hoy tu apostolado son tus nietos, a quienes nutres de tu amor día a día.  Tu desgaste por ellos tendrá su recompensa; sé que te olvidas de ti  para darle lo mejor   y aunque te digan “ya no es tu tarea”, tu férrea voluntad no entiende de razones. El padre Castro me decía “don Carlos, a las mujeres, no trates de entenderlas, solo ámalas”.

Las acciones que dejan la abuela son imborrables y la semilla que siembras en sus corazones germinará para hacerlos hombre y mujeres de bien. Las abuelas se convierten  en formadoras de auténticas familias, ojalá mantengamos ese vínculo siempre.

Luchemos por conservar los matrimonios.

Hoy los matrimonios son ensombrecidos por decisiones desde el poder, que llevados por criterios humanos, desvirtúan el significado sagrado del matrimonio. No saben que Dios escribió en el corazón del hombre la santificación del matrimonio, entre un hombre y una mujer, como el único conducto donde se formaría el germen del amor, que son los hijos.

Defendamos siempre por encima de cualquier ideología, lo que es invariable, lo que ha sido, será y permanecerá por los siglos: la palabra de Dios, que nunca pasará.

Tu esposo

Ing. Carlos Cáceres Arjona Granjas.

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