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Cien días contra la corrupción

El gobierno de AMLO

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

No es tarea fácil estar en la silla presidencial en estos momentos, si se desea hacer las cosas bien, sin lujos ni derroches, evitando la corrupción y con austeridad de los servidores públicos.

Andrés Manuel López Obrador llegó en un momento muy difícil ante una corrupción galopante y la vida de lujos, derroche y enriquecimiento de la clase política, pero era necesario el cambio, ya la gente buscaba algo diferente después de tantas décadas de corrupción e impunidad. Llega a la presidencia con una sociedad decidida al cambio, que se hizo presente en las elecciones pasadas. Además, después de los cien días de gobierno, un tiempo corto para evaluar un gobierno en momentos difíciles, el presidente goza del apoyo de los ciudadanos y popularidad.

Para López Obrador era fácil llegar a la presidencia y hacerse ciego y sordo, como ocurrió con los presidentes de los últimos 50 años. Obtener un salario alto, ser cómplice del “huachicoleo”, callar ante los abusos de gobernadores y alcaldes, dejar que los salarios de ministros y jueces sean escandalosos, continuar con los lujos y derroches de senadores y diputados, dejar que los programas sociales y los presupuestos se siguieran esquilmando, en fin, seguir dejando al país en crisis.

Sin embargo, la tarea de limpieza en esta política nuestra no es fácil. Hay servidores públicos que no están de acuerdo con la reducción del salario suntuoso, las medidas de austeridad y la desaparición de lujos y otras prebendas. Tantos años de abusos y dinero fácil es lógico, pues extrañan esos desmedidos salarios, los bonos “extras”, vales de gasolina y de despensa, medicina particular, camionetas de lujo y otras canonjías.

Mucha gente ve con buenos ojos esta lucha frontal contra la corrupción en las diferentes dependencias. Son cantidades millonarias que se fugaban a diario sólo en Pemex, por tanto, imaginemos el dinero que el país perdía cada sexenio ante la voracidad de los malos gobernantes, políticos y funcionarios de alto nivel.

Es un dinero que ahora se ahorra y se irá a diversos programas de apoyo para niños, jóvenes, mujeres, personas de la tercera edad y discapacitadas, campo, educación, salud, regiones indígenas y demás. Lo importante es que el dinero llegará íntegro, no esquilmado como se hacía en el pasado.

Sin importar el partido al que pertenezca, a un presidente se le aplaudiría si luchara contra la corrupción desde sus primeros cien días. Muchos presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, ministros, jueces, jefes policiacos y líderes sindicales fueron cómplices de malos manejos de los presupuestos, de abusos, injusticias, derroches y enriquecimiento. No se les juzgaba ni investigaba por corrupción, menos se les castigaba.

Ahora con las reformas a las leyes muchas situaciones cambiaron. La corrupción es delito y se castigará al corrupto, y se le expropiarán bienes adquiridos de esta acción ilícita; es delito el robo del combustible y el fraude electoral; se elimina el fuero del presidente para ser juzgado en funciones y se le podrá revocar el mandato si falla durante su administración, esto por consulta popular.

Hay cambios considerables en estos cien días y muestra de que hay un combate serio contra la corrupción. Urgía atacar los tumores malignos para avanzar en todos los aspectos en la sociedad.

No es posible que con nuestras riquezas naturales el campo esté sin producción, sin apoyos a pesar de tanto dinero invertido en programas; que se haya jugado con la salud de millones de familias; que en educación sigamos con bajos niveles porque el dinero de apoyos a programas y a la actualización de los mentores se desviaba a campañas electorales; que la riqueza de hidrocarburos se malgastó por los lujos y enriquecimiento de funcionarios y líderes sindicales de Pemex, y así podemos enumerar tanto dispendio y fugas de dinero que ahora salen a relucir ante la revisión de cuentas.

En cien días o en un sexenio no se pueden corregir tantos abusos, tanta corrupción, tanta injusticia, tanta impunidad, pero sí poner las bases sólidas para que el país mejore, produzca y salga adelante, y para que los ciudadanos participen y cambien a favor de acciones y actitudes que ayuden a mejorar también a la comunidad.

El reto es de todos. Hoy es un momento crucial para el país y hay que cambiar la visión de la política. Si en el ayer hacer política era enriquecerse, estimular el amiguismo y nepotismo, y adquirir mansiones y grandes extensiones de tierra, ahora es servir a los ciudadanos, apoyar a la comunidad y trabajar con honradez y eficiencia.

Son cien días de cambios importantes. Se ven resultados en este corto plazo, a tal grado que muchos de los hoy inconformes hubieran aplaudido si estos cambios se hubieran realizado en sexenios anteriores o EPN lo hubiera hecho en su sexenio. Si alguien lucha de forma frontal, seria y todos los días, sin tregua alguna, contra la corrupción, quiere decir que habrá mejoría en el país en el transcurso del sexenio. Hay que dar el voto de confianza.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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