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Coerción de las libertades

¡Garrotazo!

Ernesto Arévalo Galindo (*)

“La propaganda es a una democracia lo que la coerción a un estado totalitario”.—Noam Chomsky, filósofo, politólogo y activista estadounidense

El Congreso de Tabasco, mayormente de Morena, aprobó la “Ley Garrote” para la aplicación de la privación de la libertad, con una pena de hasta 20 años de cárcel, a quien se manifieste con marchas o bloqueos en carreteras. Contra quien atente durante el proceso de la obra pública. La iniciativa nació en la tierra de Andrés Manuel López Obrador, el hombre de la Cuarta Transformación, a través del gobernador Adán Augusto López Hernández, uno de los aduladores de la desquiciada política que está transformando a México en una tragedia nacional.

¡Por supuesto! El Estado de Derecho es urgente para la sociedad. La sociedad convulsionada por la violencia ética, por la violencia moral, por la violencia política y por la violencia física, al amparo de la corrupción oficialista y la impunidad demagoga, desarrollada con alto grado de cinismo por Andrés Manuel López Obrador al escribir, vía tuit: “La política se inventó, entre otras cosas, para evitar la confrontación”. ¡Madre mía! Realmente está cumpliendo, al pie de la letra, lo dicho por Nicolás Maquiavelo: “La política es el arte de engañar”.

La respuesta, muy clara, sobre la “Ley Garrote” la ofreció el “motor” fundamental de la enajenación de las masas populares del hombre de la Cuarta Transformación, Yeidckol Polevnsky, en su “calidad” de presidenta nacional de Morena, al asegurar que la reforma penal fue creada para evitar chantajes y sabotajes a la construcción de la refinería de Dos Bocas, en Tabasco; el paraíso que, un día, fue un edén.

Andrés Manuel López Obrador y su séquito podrán argumentar que no es una ley antimarchas, sino una reforma antiextorsionadores, pero es el principio de una serie de reformas en donde todo habitante, campesino o empresario que vean afectados su patrimonio y sus intereses, no podrán manifestarse abiertamente porque no tanto la aplicación, sino la interpretación de la ley, característica de la corrupción oficialista y la impunidad demagoga, será tajante: privación de la libertad hasta por 20 años.

¿En dónde será el siguiente paso para la coerción de las libertades? Quintana Roo, con el polémico proyecto del Tren Maya, toda vez que el futuro Congreso del Estado estará “plagado” de diputados —mayormente “chapulines”— de Morena, para hacer eco al hombre de la Cuarta Transformación, tomando en cuenta que, en unas semanas más, asumirán el total control político.

¡Por supuesto! El Estado de Derecho es urgente para la sociedad. Estoy de acuerdo con castigar a los que bloquean carreteras, hasta ciudades, a nombre de sus derechos. Andrés Manuel López Obrador es maestro. Su historia comenzó en la década de los noventa. ¿Ya olvidamos las marchas y los bloqueos en Tabasco? ¡Ah! La “Caravana por la Democracia”, que se instaló en el Zócalo de Ciudad de México. El histórico bloqueo en Paseo de la Reforma, afectando algo más que el derecho del libre tránsito de millones de capitalinos: el desarrollo económico. Mayormente, por supuestos fraudes electorales.

Durante más de dos décadas, el hombre de la Cuarta Transformación sembró odio contra todo lo que representó avance y modernidad para México. Ahora, los mexicanos somos afectados por las cosechas del odio; sin derecho a opinar ni a protestar, porque no tenemos ética, porque no tenemos moral, porque somos corruptos. No somos dignos para el sofista encerrado en su Palacio Nacional.

La propaganda está en todo su apogeo, desde temprana hora, para ir cimentado un estado totalitario.

Políticos y “pueblo bueno y sabio” tan simples y sujetos a la necesidad a tal grado, que el que los engaña con arte halla siempre gente que se deja engañar.

Y, si no: la “ley”.

¡Garrotazo!— Cozumel, Quintana Roo.

arevalo61@yahoo.com.mx

Periodista

 

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