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Columna 7

feminicida de tahdziú

Por Pablo Pérez Akaki

El etiquetado de alimentos

Hace apenas unos días (24 de enero) se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Norma Oficial Mexicana 051, que ha causado bastantes críticas del sector privado por considerar que perjudica a los productores y consumidores. Además, acusa que se publicó sin una consulta profunda del sector empresarial y que atenta contra la competencia libre, causando desventaja de los nacionales frente a la competencia extranjera.

El sector empresarial (o alguna parte ) se siente ofendido por que ahora se les obligará a usar un sello de identificación por tener un excedente de contenidos no nutrimentales que pudieran causar problemas de salud. Se acusa también de que se generaría un mercado negro de estos productos no saludables, además de que las marcas estarían en desventaja ante la venta de alimentos en las calles. Incluso, el sector de comercialización al menudeo acusa de una caída probable del 25% de sus ventas, es decir, de los productos que más comercializan y que todos sabemos cuáles son las marcas involucradas (de pan y de botanas, además de refrescos y jugos). Incluso, la misma comisionada de la Comisión Federal de Competencia Económica advirtió de que se trata de una regulación que atenta contra la competencia.

Y en todos ellos podemos estar de acuerdo, pues existen estudios y argumentos económicos muy válidos para ello. Pero lo que también queremos escuchar, además de estar en contra del etiquetado, del estatus quo, de la zona actual de confort, es el compromiso de las empresas por ofrecer alimentos nutritivos, sanos, con responsabilidad social y no exclusivamente por beneficio económico.

Pero en los argumentos escuchamos que esa es tarea de “otros”, que hay que implementar programas educativos y formativos. Pero en las manos de otros actores, no en ellos que tienen la responsabilidad de la provisión de estos ¿bienes? ¿cuál sería entonces la responsabilidad de estos actores? Las responsabilidades de sanidad e inocuidad no sólo implican resultados en el corto plazo sino en el mediano y largo también, es decir, en la salud y en la nutrición de las personas.

En ello tienen también razón, la solución real al problema del sobrepeso y obesidad es educativo, no solo de restricciones al consumo. Bien sabemos que lo que se prohíbe es aún más atractivo, además que en términos de alimentación las costumbres, los sabores y platillos son difíciles de cambiar. Más cuando existen algunos compuestos incluídos en ellos que pueden ser adictivos (a que no puedes comer sólo uno).

La educación en las personas en materia de salud terminaría por cerrar muchas de estas empresas que han existido por mucho tiempo y que han ofrecido productos con muy bajo valor nutricional. Sin embargo, confían en que esa apuesta es a su favor y que les permitirá existir por muchos años más. Eso puede ser perverso francamente: apostar al desconocimiento y falta de educación para prosperar en los negocios de alimentación sería algo muy bajo. Pero para eso existe la regulación, afortunadamente.— Mérida

Profesor investigador de tiempo completo, UNAM FES Acatlán, Posgrado en Economía

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