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Columna 7: La seguridad del Presidente

feminicida de tahdziú

Por Pablo Pérez Akaki (*)

He tenido la oportunidad de coincidir en un vuelo con el Presidente de México y menuda sorpresa me he llevado al darme cuenta la mínima seguridad que lo acompaña, por no decir, la nula seguridad que lo rodea. Personas comunes y corrientes pueden acercarse al Presidente, tocarlo, intercambiar palabras, tomarse fotos, etc. De repente hay tantas personas alrededor de él que a algunos preocupa la posibilidad de ver una historia similar a la de Lomas Taurinas y el trágico desenlace vivido ahí. No queremos que algo así pase, pero la posibilidad existe y los grupos delictivos han demostrado que tienen tanta capacidad de organización y fuerza que si se lo propusieran, no tendrían mucha dificultad para cometer un crimen más.

Entonces, nuevamente me salta a la mente el tema de las instituciones y la fragilidad que se ha señalado recientemente a raíz de hechos delincuenciales en Sinaloa y Chihuahua, que ya nos ha llevado a un desencuentro con Estados Unidos y el otro personaje histórico, el presidente Trump. Imaginemos que por algún hecho delictivo falte el Presidente de México, se confirmaría entonces el argumento de los analistas en Estados Unidos sobre un gobierno fallido. Los más perjudicados serían irremediablemente el pueblo mexicano, el sabio pueblo que lo eligió titular del Ejecutivo y en el cual hay también delincuentes que pueden llevar a una situación de caos al país.

Me parece que si AMLO quiere a su país, su seguridad debería ser un imperativo y ello comenzaría por dejar de usar vuelos comerciales, en controlar la manera en la que las personas pueden acercarse a él y sobretodo, destinar recursos para no distraerse de sus actividades sustanciales, pues incomunicado en el aire durante un vuelo de 1 ó 2 horas, representa una irresponsabilidad para su cargo. Si además consideramos el tiempo que destina a socializar con el pueblo es estos viajes, pues gusta de salir por la puerta principal, con mínima escolta, en lugares que lo esperan tanto para reclamarle como para felicitarle.

Es importante señalar que en los últimos meses, la popularidad del ejecutivo se ha polarizado, quienes lo idolatran le felicitan todo y le aprueban todas las palabras que ofrece, como si se tratara de un ser supremoy son capaces de defenderlo agresivamente en los diferentes medios de comunicación. Por el otro lado, quienes no simpatizan con él también han hecho extrema su antipatía y no pierden la oportunidad para criticarlo y cuestionarlo. No está en campaña el presidente, pero así parecería por la radicalidad de las posturas frente a él.

Entonces, se vuelve necesario ofrecer un incremento de la seguridad de su persona, pues nos guste o no, es el Presidente y si algo le llegara a pasar en este país que presenta una delincuencia en aumento, los daños no solo son personales, sino para el país completo.

Por favor, asuma también su investidura en torno a su seguridad.— Mérida

Profesor investigador de tiempo completo, UNAM FES Acatlán, Posgrado en Economía

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