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Columna 7 Por Dr. Pablo Pérez Akaki (*) El “dilema del prisionero”

Se dice que en la economía, uno de los elementos más importantes para explicar las acciones de las personas, las empresas y gobiernos son los incentivos. Esta teoría ayuda a entender por qué suceden ciertas acciones, decisiones, medidas que se toman en la vida.

De esta manera, podríamos intentar explicar las acciones de Donald Trump frente a su derrota electoral, reflexionando sobre las implicaciones de aceptarlo o no. Si acepta fácilmente, se mostrará como el líder débil que nunca ha querido parecer. Si reclama un conteo una y otra vez extendiendo el proceso lo más posible, sus seguidores lo seguirán y probablemente represente un fortalecimiento de su figura a futuro.

Por otro lado, tenemos recientemente una decisión polémica también en Estados Unidos, sobre la eliminación de los cargos del General Cienfuegos, exsecretario de la Defensa en la administración anterior y mentor de los altos funcionarios de este cuerpo en la administración actual. Es además, conocido el gran peso que las fuerzas armadas tienen en la administración actual para mantener la legitimidad del gobierno y luchar contra el desorden civil que han causado tanto revuelo las decisiones tomadas en los últimos meses.

Frente a esas decisiones, es importante analizar cuáles son los incentivos para uno y otro país para tomar esta decisión y cuáles las consecuencias de una y otra acción. Para ello puede usarse el famoso “dilema del prisionero”, un juego muy utilizado para expresar la manera en la que la interacción entre dos agentes lleva a una solución no óptima para ambos, a partir de una decisión de acción egoísta, aunque eso es benéfico para la sociedad, pues ambos se quedan prisioneros. En cambio, una solución cooperativa entre los dos ladrones les permite tener penas más ligeras, incluso quedar exculpados, aunque eso no sea bueno para la sociedad.

Así, entre México y Estados Unidos se dio cooperación para resolver el caso mencionado, permitiendo la cancelación de los cargos que se le hicieron, el regreso a México y su liberación. Para Estados Unidos no tenemos claro qué implicó esta decisión, pero para el gobierno de México significa un triunfo de la diplomacia (al menos así se anuncia oficialmente). Probablemente para ambos gobiernos sea una solución preferida a la solución de enjuiciarlo ¿Pero lo será también para la sociedad?

¿Qué ventajas puede tener para los países el detener un proceso contra un funcionario de alto rango de un gobierno, en un país que se ha pronunciado abierta y repetidamente luchar contra la corrupción como se barren las escaleras y que sustenta una infinidad de decisiones polémicas sobre el uso de los recursos públicos con ese argumento?

¿Será que el gobierno de Estados Unidos acusó a la ligera al exsecretario del Ejército mexicano que ahora lo deja libre? Sin conocer con exactitud los incentivos detrás de esta decisión, podemos pensar que se trató de algo de mucho peso que afectó directamente al gobierno actual de Estados Unidos, pero sería mucha audacia especular sobre estos motivos. Dejemos mejor que el tiempo nos de la respuesta.— Mérida

Profesor investigador de tiempo completo, UNAM FES Acatlán, Posgrado en Economía

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