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Con Templanza tienes el control

La templanza es una virtud

 

Un, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Al terminar el fascinante recorrido por el valle de los justos, el menos recurrido de la “tierra del siempre acertarás”, caí en la cuenta que tenía un poco nublada la razón —como suele ocurrir—, por la cual había llegado a esta maravillosa tierra y todo cuanto podía aprender en ella.

Prudencia, como leyendo mi pensamiento, me comentó: “Recuerda querido amigo que, con la ayuda de Justicia, has desarrollado la habilidad para conocer y experimentar la Verdad”.

Aun hablaba Prudencia cuando otra de esas luminosas saetas se me acercó y, con cierto asombro, me dijo: “Hola amigo, me alegra que hayas logrado llegar hasta aquí. Muchos desertan en el valle de los justos”.

—¿Quién eres tú? —pregunté.

—Me llamo Templanza —contestó.

—Lo que mejor y más me gusta hacer —explicó— es ayudarte a manejar y a contener tus emociones para que tengas claridad y serenidad suficientes para elegir lo más conveniente para ti y para los demás, al momento de tomar tus decisiones.

—En pocas palabras soy —resumió Templanza— la virtud que te ayuda, nada más ni nada menos, a que seas dueño de ti mismo.

—¿Y por qué es tan importante ser dueño de uno mismo? —pregunté a Templanza.

—Hay variadas e importantes razones para eso, querido amigo. Sígueme y las conocerás.

Psicólogo clínico, UVHM. Especialista en envejecimiento y manejo de emociones. MATIA Instituto Gerontológico.

Antonio Alonzo

aalonzo@crehas.org

 

Victoria de Komchén