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Corrupción y arcas públicas vacías

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Brutal saqueo del Isstey

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Los gobiernos utilizaron durante mucho tiempo al Isstey como caja chica para apoyos a las campañas políticas o cubrir necesidades en determinadas dependencias. Lamentablemente esto generó debilitamiento económico en ese Instituto en perjuicio de los derechohabientes.

Los trabajadores al servicio del Estado han vivido la reducción de préstamos en la última década. Hace unos 20 años hacia atrás en unos días los derechohabientes recibían préstamos que invertían para ir de vacaciones, adquirir un vehículo o mejorar la casa.

Esos tiempos de bonanza para los trabajadores fueron sepultados por las manos del saqueo y la corrupción de los funcionarios de esa institución y de los gobernantes.

En los últimos 11 años, el quinquenio de la señora Ivonne Ortega Pacheco y el sexenio de Rolando Zapata Bello, el Isstey se hundió ante la rapiña desmedida. El dinero comenzó a escasear, los préstamos se alargaban y jubilados y activos comenzaron a vivir penurias ante las cantidades que se desviaban a otros rubros o a bolsillos de unos cuantos.

¿Adónde fue todo el dinero?

En la administración de la señora Ivonne se dejaron de otorgar las aportaciones del gobierno estatal al Isstey, así como las cuotas de los empleados, aunque sí se las descontaban, ni qué decir de los abonos e intereses por préstamos otorgados a los trabajadores.

Hubo señalamientos y denuncias ante este saqueo inmisericorde al Isstey, pero ni los legisladores ni las autoridades competentes hicieron algo por investigar y poner orden financiero en una noble institución, creada para apoyar a los trabajadores con sus propias aportaciones y pagos por concepto de préstamos.

Es exagerado el monto que dejó la señora Ivonne como deuda del Isstey: $2,078 millones en comparación con los $13 millones de la administración de Patricio Patrón Laviada. ¿En qué se fue tanto dinero? Un misterio que no se quiso resolver y que dejó, por una parte, en ruinas las arcas de esa institución y, por otro lado, rebosando el bolso y los bolsillos de algunos.

Impunidad en vez de ferocidad.

Después del quinquenio del saqueo llegó a la gubernatura Rolando Zapata, quien vio los números rojos de esa institución y la situación compleja en que se dejaba a los jubilados y pensionados. Pero no hizo nada para sanear las finanzas, ni investigar las denuncias y descubrir las causas de ese debilitamiento financiero, menos preocuparse por los derechos de los trabajadores a prestaciones de la institución.

Habló de luchar con ferocidad contra la corrupción, pero cubrió con un halo de impunidad a su amiga, comadre y antecesora: la señora Ortega. Ninguna investigación a la institución, a sus directivos y a la exgobernadora. Se fue por lo más fácil: silenciar las anomalías, y privatizar los préstamos.

Un operador “de oro”.

El operador financiero para la creación de estos préstamos “plus” y buscar a las compañías financieras amigas para hacer el negocio redondo fue el director del Isstey durante la administración de Zapata y alto funcionario de la exgobernadora Ivonne: Ulises Carrillo.

Él reformó las leyes del Isstey en 2014 para el ingreso de empresas financieras privadas para el otorgamiento de créditos a los derechohabientes. Una cartera atractiva porque los trabajadores están cautivos y el dinero lo descuenta la institución. Para los ahora exgobernadores, en su momentos, Ulises Carrillo fue el operador “de oro”, por los beneficios millonarios que algunos sí tuvieron.

Asimismo, Carrillo frustró varios proyectos, entre ellos está el de Apoyo Dental a los Municipios de la entidad cuyo monto de $14 millones llegó, pero a los organizadores les dijo que solamente dieron un poco más de un millón de pesos. Desilusionados el equipo de odontólogos se desintegró sin poner en práctica el proyecto y sin saber por dónde se fue el dinero.

Es lamentable que los diputados locales en 2014 en vez de llamar al director del Isstey para que explique las deudas, solicitar investigaciones y el motivo de las reformas a las leyes internas, se dedicaron solamente a levantar la mano y el dedo para aprobar dichas reformas que abrían las puertas a las empresas privadas.

Pero los gobernantes, principalmente Ivonne Ortega y Rolando Zapata, no pensaron en los beneficios de los trabajadores al servicio del estado, sino en utilizar ese dinero para las campañas políticas, saldar deudas de otras dependencias y beneficios personales.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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