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Covid y la formación de los médicos

El recuento de los daños

Por Edgardo Arredondo (*)

 

 

 

Casi siete meses después de la pandemia afectando a México, es claro que podemos afirmar que nada va a ser igual.

Dos de las áreas más dañadas son los Servicios de Salud y la Educación. Cuando los dos campos se entrecruzan, el resultado es preocupante; el ejemplo más concreto es la formación de los futuros médicos.

La enseñanza no presencial genera un enorme reto; tenemos una especie de pirámide con base muy amplia en los niveles escolares bajos hasta agudizarse y en teoría ser menos compleja a nivel universitario, donde la mayor experiencia y habilidad del educando en el manejo de la cibernética debe facilitar la tarea.

Sin embargo (esperando equivocarme), es evidente que la formación médica y su modelo tradicional por competencias en el área psicomotriz, con destrezas que se adquieren en los hospitales, ha recibido un golpe directo en su línea de flotación.

La trasmisión de conocimientos teóricos puede paliarse en las plataformas digitales, con un déficit variable, pero la función de tutor o facilitador es insustituible en los llamados campos clínicos.

Un Sector Salud con problemas previos a la pandemia va a salir más que debilitado, y deberán de someterse a escrutinio temas muy variados: desde el nuevo diseño de los hospitales, el organigrama, el profesiograma, la distribución de las responsabilidades del personal becario en las instituciones, la necesidad de fomentar un número mayor de médicos con especialidades en Salud Pública, Epidemiología y, sobre todo, Administración de Hospitales, hasta emprender una campaña vigorosa para devolver a la Medicina su cariz humanista tan propio.

Cuando empezó la pandemia en Yucatán, las tres escuelas de Medicina tomaron la medida acertada de retirar a sus alumnos de los hospitales públicos, desde los internos de pregrado hasta los alumnos de grados menores que iniciaban su rotación en campos clínicos.

Las escuelas tomaron es medida por la muy justificada razón de no exponerlos en recintos contaminados en donde los insumos indispensables para evitar contagios tenían que ser llevados a personal médico de base y residentes, por la obvia razón de la jerarquización del papel que desempeñaban.

Pero la situación no llega hasta ahí. Los médicos que se encontraban haciendo adiestramientos en otras partes de la República fueron regresados a sus hospitales de adscripción, por el indispensable reacomodo de la fuerza laboral y la asignación de todo el personal médico, sin importar la especialidad a las áreas Covid, cuando comenzó a presentarse una saturación en las otras áreas, por la tardía respuesta para cancelar procedimientos quirúrgicos electivos y consulta externa de especialidades médicas llamémosles: “no esenciales para la atención al Covid”.

Esta generación de médicos en adiestramiento (residentes) con formación en especialidades “no esenciales para la atención al Covid”, a diferencia de los internistas, urgenciólogos o intensivistas, tiene ahora un déficit en su enseñanza.

El detalle es cuestionar las dimensiones de este lamentable bache en su formación educativa, cuando es evidente que aún no tenemos claro cuándo terminará la contingencia (todo apunta a que nos llevaremos poco más de un año).

De igual importancia es la repercusión en el aspecto emocional. Un dato nada halagador es el reporte de que México cuenta con el nada honroso primer lugar en el número de defunciones del personal sanitario (la mayoría médicos).

La prestigiosa revista británica “The Lancent” publicó un artículo en donde se destaca que la falta de pruebas diagnósticas combinada con la deficiente protección del personal de la salud en los primeros meses fue decisivo.

En números redondos, uno de cada cinco elementos que han fallecido en el mundo es mexicano.

La respuesta del Dr. Hugo López Gatell denostando la publicación era de esperarse. El impacto anímico del médico en formación al ver fallecer a compañeros médicos, enfermeras y demás personal de la salud, ha originado estados depresivos que incluso han terminado en suicidios.

Ahora mismo, cuántos de nuestros médicos en formación se están cuestionando si vale la pena continuar: tanto esfuerzo, tanto sacrificio en un panorama poco alentador.

En un Sector Salud tan debilitado por lo pronto la pandemia nos está dejando a futuros médicos que tendrán un año trunco con su preparación insuficiente, a menos que las universidades decidan repetir el presente ciclo escolar y los hospitales mantengan un año más a sus médicos becarios.

Pero seamos realistas: Esto no ocurrirá en estos tiempos de la 4 T.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

 

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