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Crisis multifacética

Editorial

Los retos de la “nueva normalidad”

Manuel J. Castillo Rendón (*)

¿La nueva normalidad? Desde que escuché y leí esta frase, la verdad no me ha gustado, al menos como la entiendo.

Ante esta crisis de salud física y mental, de una crisis económica de gran impacto social y productivo, de una ausencia de compromiso social ante la gravedad de la pandemia, y de una crisis política en materia de salud pública, no puedo aceptar que esta catástrofe se resolverá con una “nueva normalidad”, con respecto a qué, o comparada con qué, o con quiénes?

Mucho se ha escrito sobre el tema, hay mucha información contradictoria que solo confunde, desalienta, genera angustia, o bien obliga a tomar una postura de ignorarlo todo porque es una gran mentira, aunque la pandemia sí existe y está haciendo estragos.

En lo personal creo que una gran parte de la solución está en cada uno de nosotros; primero como individuos, y luego como comunidad y como sociedad, términos que se parecen, pero que en realidad tienen un significado distinto. En cuanto a los gobiernos, su responsabilidad está en prevenir, atender y resolver los problemas relacionados con la salud.

A partir de que se desató la pandemia del Covid 19, los gobiernos de todo el mundo emitieron recomendaciones y protocolos para el “comportamiento social” como una primera acción para evitar los contagios y las muertes en la población. De febrero a la fecha hemos visto que, no solo en nuestro país sino en casi todos, se han presentado repuntes inmediatamente después de que la reclusión obligada y las restricciones en las actividades públicas, se suspendían, los protocolos se relajaban, se volvía a la conquista de la calle, ... y al incremento en el contagio.

Hace tres semanas, en nuestro estado y concretamente en Mérida, ante las solicitudes de algunos sectores sociales, se planteó y organizó el cómo reanudar las actividades laborables, y el resultado fue el incremento en los contagios y en los decesos.

¿Qué paso? Muy simple: fueron ignorados todos los protocolos de prevención, en paradas de camiones, mercados, tiendas de autoservicio, bancos, clandestinos, sin perdonar las fiestecitas por cualquier motivo y para todas las edades. Este repunte, culpa de quién fue?, de nosotros, de nadie más; por nuestra notoria irresponsabilidad, provocándole al sector salud un problema muy serio.

A muchos nos queda claro que la crisis no es solo es de salud, también es económica y política. Sobre la salud, es verdaderamente trágico y lamentable que esta pandemia, según datos oficiales del sector salud nacional, hasta el 21 de junio se contabilizaron más de 185 mil contagiados, además de otros 35 mil sin confirmar; más de 22 mil decesos y cerca de otros 2 mil en calidad de sospechosos, lo que nos lleva a tener 244 mil personas entre afectadas y fallecidas.

Por otro lado, la crisis económica está afectando a todo lo productivo, obligando a las empresas grandes, medianas, pequeñas y a los profesionales independientes, a suspender sus actividades, o de plano a que se retiren del mercado, afectando brutalmente las fuentes de empleo. Según datos del periódico “El Economista”, entre el 18 de marzo y el 28 de abril, en el país se perdieron 707 mil empleos, de los que dependen al menos 3 millones de personas quienes dejaron de percibir un ingreso y otras prestaciones, sin tener otras opciones, quedando en una situación económica y anímicamente complicada..., así de grave.

Sin embargo, creo que los datos mencionados no muestran la magnitud real del problema, faltaría sumar en este grupo de víctimas a quienes practican el comercio y los servicios informales y al enorme sector social de los marginados y desprotegidos.

No hay que ser un genio en aritmética para darse cuenta de que el desastre económico tiene mucho más impacto que la crisis sanitaria, sin embargo ésta es el tema con el que nos abruman todos los días, tal vez para que no miremos, ni pensemos, en que la otra crisis es mucho más grave. Y como pasa en los semáforos reales, de nada sirvió pasar del rojo al ámbar, como una mejora dentro de la crisis, porque todos nos volamos el semáforo y chocamos, quedando gravemente heridos. Sobre la crisis política, producto de la pandemia, por salud mental mejor ni hablo.

En lo particular creo que para salvar nuestro entorno, tenemos que estar convencidos de que a partir de ahora nuestra realidad será muy distinta a la de hace solo cuatro meses. Es evidente que los próximos ajustes solo serán paliativos, temporales y posiblemente como medidas inmediatas para un período de transición, como un prólogo para la necesaria reingeniería que nos facilite llegar a un nuevo modelo de vida con sentido y significado, recuperando los principios y valores universales que fortalezcan una sana convivencia en los espacios privados y públicos.

¿Seremos capaces de cumplir de manera natural, cotidiana, sin trampas, excusas, o vivezas, los protocolos de higiene y seguridad, que ahora serán parte obligada de nuestro quehacer diario?

¿Seremos capaces de que las actitudes preventivas y colaborativas sean parte fundamental de la convivencia social para que todas las funciones que exige la vida diaria puedan ser sanas y exitosas?

Si somos lo suficientemente responsables y comprometidos para conducirnos en esta nueva ruta, entonces sí será posible volver a activar todas las fuentes de trabajo y de empleo. Si no es así, el otro escenario será que la pandemia se verá fortalecida, el sistema de salud colapsará y los que podamos (¿?) sobrevivir, seguiremos encerrados.

Me es difícil no inclinarme por el tema urbano y arquitectónico, y me queda muy claro que las ciudades como las conocemos tendrán que adecuar su estructura espacial, y no se diga de todo aquello que sea habitable y funcional, empezando por la vivienda, los servicios, los equipamientos, las áreas públicas, la movilidad, la accesibilidad, todo, absolutamente todo.

Concluyo reafirmando lo que mencioné en un artículo anterior, si vamos a adjetivar a las ciudades, mi propuesta sigue siendo “Ciudades del Florecimiento”, que como las plantas de ornato, vuelven a florecer, porque responden al cuidado de los individuos que pertenecen a unas comunidades responsables, participativas, comprometidas y con un gran sentido de pertenencia.— Mérida, Yucatán.

creasoc@prodigy.net.mx

Arquitecto, exfuncionario federal, estatal y municipal

 

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