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Culpables y responsables

El caso del Hospital Balbuena

Por Edgardo Arredondo Gómez

 (*)

Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades, las mayores caerían sobre las clases dirigentes —René Gerónimo Favaloro

El dato simplemente es duro y frío. En los últimos dos años en el país se pasó de 20.1 millones de mexicanos que no contaban con servicios de salud a 35.7; lo anterior resultado de la medición de los indicadores de carencia social que estudia el Coneval.

Sin lugar a dudas la pandemia es el peor de los escenarios posibles en un sistema de salud, que lejos de las promesas del actual gobierno ha ido en declive, a pesar de que el presidente insista en tener otros datos.

Durante muchos años y a pesar de sus deficiencias, el Sector Salud había logrado en forma paulatina cubrir a un mayor número de mexicanos, lo que culminó con la creación del Seguro Popular.

Hemos tenido desde siempre, y hay que admitirlo, carencias en nuestros hospitales que la mayor parte de las situaciones los directivos y el personal han solventado, muchas veces con el ingenio propio del mexicano, y otras tantas, haciendo malabares administrativos.

Tuve la suerte de poder formarme y luego desempeñarme como ortopedista en el IMSS. Trabajar con altibajos por la carencia de insumos era parte de nuestro ejercicio profesional. Recuerdo el escenario que se presentó, por así decir, en tiempos de “vacas flacas”; las cirugías en el servicio de Ortopedia comenzaron a rezagarse por “ x” o por “ y”, lo cual estaba relacionado con la disponibilidad de los insumos, entre ellos el material de osteosíntesis: clavos, tornillos, placas y otros artilugios de “ferretería” que los ortopedistas utilizamos para estabilizar fracturas, de tal suerte que cuando estos comenzaron a llegar a cuentagotas, empezamos a operar pacientes con fracturas que ya tenían más de 4 semanas de evolución.

La naturaleza es extraordinaria: al abrir las fracturas la gran mayoría tenía ya tejido fibroso que precede a la formación del callo, desde luego, que de haber consolidado lo hubieran hecho en mala posición. Pero pasó algo que nos llamó la atención: este tejido, lo apartábamos y al terminar la reducción lo colocábamos como si fuera injerto.

Semanas después comenzamos a observar que las lesiones consolidaban en su mayoría a una mayor velocidad, en pocas palabras, nos topamos con una especie de precursor de injerto óseo con buen resultado. Consecuencia de las carencias administrativas, teníamos un hallazgo que valdría la pena estudiar. Hicimos el protocolo de investigación y preparamos todo sabiendo que no iba a proceder, porque no se justificaba la demora en el manejo del paciente, el inevitable agravio con una “amistosa tarjeta de amonestación” de los de arriba.

Para fortuna de nosotros, estos períodos de carencias eran intermitentes, y hay que decirlo, en la época en que Mikel Arriola toma las riendas del IMSS comenzó a sanear finanzas, nos vinieron las “vacas gordas”, fueron menos comunes y prácticamente desaparecieron...

Pero para destacar: aun en los peores momentos, cuando el familiar del paciente nos insistía en que ellos se encargaban de comprar el material de osteosíntesis faltante, los jefes del servicio eran más que estrictos, por ningún motivo se permitía, y en ese momento, y honor a quien honor merece, me tocó ver a mis superiores hacerla de amas de casa para estirar el gasto, por aquí y por allá, destapando un hoyo para tapar otro, pero el insumo aparecía y es lo que observé en mis casi 30 años de ejercicio profesional en el IMSS.

Aunque nunca trabajé en hospitales de la SSA, era bien conocido que la disponibilidad de los insumos era por temporadas un tanto más que caótica, a tal grado que aquí los médicos le daban la lista de material de osteosíntesis a los familiares, y ellos se encargaban de acudir con el respectivo proveedor y comprar los “fierros” necesarios, y esta es pues una práctica ancestral que tuvo una afortunada pausa cuando entró en vigor el Seguro Popular, sí: el denostado Seguro Popular.

Los implantes ortopédicos abundaron con toda su gama, de tal manera, que a nuestros compañeros del Hospital O’Horán les comenzamos a tener envidia de la buena, ya que hasta material de osteosíntesis de titanio utilizaban; de la noche a la mañana se volvieron los “potentados”, obviamente con el beneficio a la población…

Pero la bonanza desapareció; la mano malévola que cierra la llave o apaga la luz… llegó: los desmedidos recortes presupuestales disfrazados de austeridad republicana ensombrecieron de nuevo el panorama en los hospitales del Sector Salud y así ante la falta de recursos, aquellos pacientes que ingresaban en los hospitales tenían que esperar a que se tuviera el recurso o se les pedía a los familiares lista en mano conseguir el material con los proveedores.

Esta es en síntesis, y lo reiteramos, una práctica más que antigua, socorrida, permitida y desgraciadamente ineludible cuando las autoridades de salud no son capaces de cubrir estas necesidades.

El reciente caso ocurrido en el Hospital Balbuena, que depende de los servicios de salud de la CDMX es un claro ejemplo. La historia común: un paciente ingresado con fractura de fémur requiere cirugía, se necesita un clavo. No lo tiene en su momento el hospital y le dicen a la madre del joven que es mejor que ella trate de comprarlo. La señora no tiene recursos, una persona se ofrece a darle el dinero con la condición de grabar toda la maniobra para hacer una denuncia en los medios. Así en el reportaje del noticiero de Ciro Gómez Leyva se ve a la madre del muchacho yendo de un lado a otro, preguntando dónde podía comprar el clavo para su hijo. Lejos de causar extrañeza, el personal va derivando a esta persona hasta llegar a la jefatura de Ortopedia, en donde un veterano ortopedista, y además hay que decirlo de trayecto impecable, el Dr. José Antonio Peñafort, de manera amable la canaliza con la asistente, la que ahí, eso sí: “bajo la mesa” o en “lo obscurito” concreta la venta del material. El chico es operado, afortunadamente la cirugía un éxito, todos bien…excepto que el incidente se difunde, y un día después con la velocidad de la luz, el personal médico involucrado fue despedido: “faltaba menos, si ya no hay corrupción”, “no somos iguales” y un largo etcétera.

Pero qué hay en el fondo del asunto, qué hay de los verdaderos responsables, sí, los que deben tener surtido el stock de insumos, los que tienen que asegurar que los hospitales cuenten con los recursos, estos: los de mero arriba… ni se les menciona. Porque en este aparente acto de corrupción se esconde algo más grave: el desabasto de insumos y la debacle de los servicios de salud.

Ya se ha mencionado y no puede evitarse el tema, el deterioro sigue y es peor, y muy lejos de reconocerse las causas se buscan “chivos expiatorios”. El presidente retiró fideicomisos y acabó con el llamado Fondo de Protección Contra Gastos Catastróficos, no confundir con el FONDEN (Fondo de desastres naturales). Esta partida presupuestaria estaba destinada a la compra de insumos, que por su carácter de críticos para la sobrevida del paciente, los cubría, dado el alto costo y en una población que evidentemente jamás tendría para pagarlos: marcapasos, válvulas de derivación, catéteres, stens, quimioterapias… y en esta lista: material de osteosíntesis para cirugías ortopédicas en pacientes con traumatismo severo.

Esta partida de 33 mil millones de pesos que era manejada por el Seguro Popular y que benefició a tanta gente, simplemente se ha esfumado, los recursos con la opacidad propia del régimen se han diluido y con la mediocridad propia del sello de la casa, son manejados por este bodrio llamado Insabi.

¿Cuáles son las consecuencias del cese del personal médico involucrado, entre ellos el de un destacado decano de la Ortopedia que pudo pecar de omiso, pero consciente de que el remedio por más que se le vista de corrupto es un mal necesario y una añeja práctica?: Una reportera felicitada por su gran trabajo, los medios de comunicación que lanzan la picota para un juicio sumario sin la menor oportunidad de una réplica; autoridades que pretenden con un cese fulminante cubrir la deficiencia de su gestión para garantizar la salud; pero sobre todo, y es triste decirlo: el pueblo, “el pueblo sabio” rascándose con sus propias uñas, viendo cómo resolver las deficiencias en el abasto de medicamentos, a comprarlos por cuenta propia, yendo en caravanas a vacunarse a los Estados Unidos; atletas que se preparan con sus propios recursos; madres y esposas de desaparecidos cansadas del gobierno omiso, dirigiéndose directamente a los grupos criminales suplicando una tregua para poder exhumar a sus seres queridos, en las miles de fosas clandestinas que pululan en nuestro país y un larguísimo etcétera.

Casos como el ocurrido en el hospital Balbuena deben ser expuestos desde todas las perspectivas, conocerse todas las aristas para poder hacer un juicio objetivo, y nos deben hacer meditar sobre la realidad de lo ocurrido: no solo buscar culpables, hacer algo en verdad con los verdaderos responsables. Lamentablemente la 4 T tiene otros datos… y otras prioridades.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

 

 

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