in , ,

Cumpleaños infeliz

Internet y la masacre de Nueva Zelanda

Antonio Salgado Borge (*)

En 1990, mientras trabajaba en el importante laboratorio CERN, el físico Tim Berners-Lee tuvo una idea: diseñar un sistema que permitiera a sus colegas compartir información general de los aceleradores de partículas y experimentos. La idea central de Berner-Lee pasaba por combinar una nueva tecnología llamada hipertexto, que posibilitaba enlazar documentos leíbles con una arquitectura de distribución para ver estos documentos en múltiples servidores, controlados por distintas personas, e interconectados (“The Guardian”, 12/03/2019). Poco después Berners-Lee empezó trabajar en este proyecto al que llamó World Wide Web.

Treinta años después, la World Wide Web, mejor conocida como “el internet”, ha cambiado al mundo de formas radicales y difícilmente imaginables. La penetración de esta tecnología no se ha detenido desde entonces; en buena medida gracias a los teléfonos inteligentes y a las redes sociales, su presencia en la vida de miles de millones de personas es cada vez más permanente y determinante. La expansión del internet claramente ha seguido una línea recta. Pero no ocurre lo mismo con sus consecuencias sociales.

<Cuesta trabajo creerlo, pero durante la primera década del siglo 21 se hablaba con frecuencia de que el internet permitiría abrir espacios para la deliberación, el intercambio de ideas y la organización de personas; elementos indispensables para la construcción de verdaderas democracias. Las redes sociales y los foros de discusión abrían una oportunidad inmejorable en este sentido. Eventos como las primaveras árabes o la caída de medios hegemónicos al servicio de gobiernos autoritarios —como Televisa en México— contribuyeron a reforzar esta esperanza.

Sin embargo, algo se pudrió en el trayecto del internet. El aberrante atentado terrorista en una mezquita de Nueva Zelanda que terminó con la vida de decenas de personas hace unos días, “un asesinato masivo de y para el internet” (“The New York Times”, 15/03/2018), exhibe esta podredumbre con contundencia. La planeación y ejecución de esta masacre por simpatizantes de Donald Trump y algunas de las causas de la ultraderecha —como el supremacismo blanco— fue planeada en y para internet; es decir, para que sus imágenes y mensajes fueran replicados en este medio por comunidades específicas en plataformas determinadas.

Que esto hubiera sido posible no se explica sin la pasividad o complicidad de las compañías que operan redes sociales o foros de discusión. Para dimensionar lo que implica lo anterior se necesita eliminar tres tentaciones:

(1) La primera es suponer que sólo Facebook o Youtube —dos de las redes más populares— permitieron la publicidad de esta masacre. Esto no fue lo que ocurrió en este caso. Por ponerlo en palabras de Drew Harwell, reportero del Washington Post, “la masacre de Nueva Zelanda fue transmitida en vivo por Facebook, anunciada en 8chan, republicada en Youtube, comentada en Reddit y espejeada a través de todo el mundo antes de que las compañías de tecnología pudieran siquiera reaccionar”. Es decir, los caminos del extremismo en las redes sociales van mucho más allá de Facebook y de Youtube.

(2) La segunda tentación que debemos eliminar es suponer que las redes sociales mencionadas sólo proyectan lo que ocurre en la realidad. Esto es falso, pues estas redes, como cualquier medio de comunicación, contribuyen a moldear la manera de pensar de millones de personas debido a su estructura y a la mezcla de omnipresencia y contenidos. Por inocente que pueda parecer, la red social más utilizada, Facebook, ha vendido la información de sus usuarios o tolerado las estrategias de desinformación política —incluidas las fake news— y no tiene gran reparo en permitir que funcione un número no conocido de cuentas falsas o bots que contribuyen a difundir mensajes de odio o a inflamar el debate hasta llevarlo a puntos de no retorno. Desde que inició su servicio de vídeo en vivo en 2015, Facebook ha permitido que se transmitan violaciones, asesinatos y suicidios. El asesino de Nueva Zelanda contaba con ello, y se dio el lujo de narrar sus acciones en vivo.

Por su parte, Youtube está muy lejos de ser una simple plataforma de difusión de vídeos triviales. Esta red, propiedad de Google, ha abierto sus puertas a grupos que buscan vender teorías de conspiración o difundir contenidos pseudocientíficos que desinforman, o que incitan al odio o a la violencia. La falta de cualificación permite que para las personas cognitivamente más débiles estos contenidos sean virtualmente indistinguibles de, por ejemplo, un documental de la BBC o un videoreportaje de “The New York Times”. Así, gracias a “documentales” de Youtube cada vez más personas piensan —no es broma— que la Tierra es plana. Youtube también ha contribuido crucialmente a difundir propaganda disfrazada de grupos terroristas o antiderechos.

Finalmente, plataformas como 8chan o Reddit han permitido desde hace años que grupos de ultraderecha intercambien mensajes de odio que incluyen racismo, sexismo u homofobia. Éstas son dos de las vías favoritas de grupos de ultraderecha para intercambiar desde memes y burlas a grupos históricamente oprimidos hasta planes para violar, atacar, o matar personas. En estos espacios no sólo toleran conversaciones donde se incita a la violencia física y verbal, sino que se busca adoctrinar a jóvenes. El atacante de Nueva Zelanda dejó un documento plagado de términos, burlas y códigos usados por círculos extremistas que se encuentran en estas plataformas; por ejemplo, referencias a las cruzadas —un tema favorito de los ultraconservadores—. Pero también tenía la intención expresa de que sus palabras y sus actos fueran incorporados al discurso en estos círculos; es decir, buscaba que su actuar y hablar pase a la lista de memes extremistas e inspirar así a otras personas.

(3) La tercera tentación que debemos evitar es suponer que las redes sociales o foros de discusión como los mencionados arriba son espacios públicos. La sensación que, por ejemplo, Facebook busca generar es la de una plaza donde uno puede encontrarse con individuos conocidos o amigos, conversar públicamente y, en caso de así desearlo, mandar mensajes privados. También es posible simplemente “aparecer” para mostrar algún aspecto de la vida personal previamente seleccionado.

Sin embargo, Facebook, Youtube y demás son empresas privadas que operan en función de la obtención de ganancias económicas. Así, Facebook no reportó a tiempo la intervención rusa en su plataforma durante las campañas presidenciales pasadas en Estados Unidos, luego mintió al respecto y diseñó una estrategia para intimidar a sus críticos. ¿Por qué una compañía que opera en bolsa y busca exclusivamente obtener ganancias tomaría medidas, como eliminar cuentas falsas o retirar vídeos que pueden ser populares cuando esto contribuye a reducir su valor? Para ser claro, esta empresa diseña sus “espacios” para obtener la máxima utilidad posible, sin importar las consecuencias sociales de sus acciones.

Desde luego, el odio y el extremismo no son nuevos y tienen raíces que rebasan lo que ocurre en internet. Sin embargo, como lo puso Kevin Rose en “The New York Times” (15/03/2019), “el extremismo en línea es el extremismo normal en esteroides. No hay equivalente offline a la experiencia de ser algorítmicamente ‘empujado’ hacia una versión más estridente de tus propias creencias, o a tener una mano invisible que te mueve de los juegos de vídeo al neonazismo. El internet es ahora el lugar donde las semillas del extremismo son plantadas y regadas”.

Treinta años después de haber sido concebido, el internet ha conectado al mundo, ha permitido nuevos caminos comerciales y acercado familias y amigos. Pero el sistema creado por Berners-Lee para que sus colegas compartieran información de aceleradores de partículas se ha convertido en la más seria amenaza para las democracias y las civilizaciones que las abrazan. La masacre de Nueva Zelanda es una muestra de la punta de un iceberg profundo y denso que debe ser destruido de inmediato.

¿Cómo retirar la podredumbre de internet sin perder lo positivo? Un paso indispensable es la regulación estricta y real de las redes sociales, y otras plataformas de intercambio de información. Otra opción, no necesariamente excluyente de la anterior, es “partir” a estas compañías para disolver su control del mercado. Esto último ha sido propuesto por Elizabeth Warren, precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos. El obstáculo en este camino es, desde luego, el poder económico o político que han amasado estas grandes compañías. Desde luego, éstas no son las únicas opciones, pero sí las más prometedoras y directas.

A sus 30 años, internet es más fuerte que nunca y requiere un rediseño mayor; ya no estamos ante un mero espacio comercial o ante un medio neutral para charlar con amistades, sino una plataforma desde la cual y para la cual se pueden planear lo mismo masacres que intervenciones electorales o campañas de desinformación masiva. Por ello, hablar de la necesidad de una urgente y mayor intervención del Estado no debería asustar a nadie; el problema no se irá solo y se requieren medidas legitimas y contundentes. En este sentido, lo ocurrido en Nueva Zelanda constituye un claro recordatorio: lo que sí tendría que asustar es lo puede ocurrir si se permite que la podredumbre se siga incubando en internet.

Excurso

El pasado 7 de marzo la prestigiada organización defensora de la libertad de prensa Article 19 informó que “ha tenido conocimiento de cuatro agresiones a periodistas en el estado de Yucatán durante los últimos siete días: dos bloqueos informativos por parte de elementos de la Policía Municipal, una agresión física y una amenaza de muerte”. Uno de los periodistas agredidos es Sergio Iván Chi Chi, reportero de Diario de Yucatán. Hasta el momento, el gobernador Mauricio Vila no se ha pronunciado directa y decididamente al respecto. A pesar de su evidente responsabilidad de proteger a todos los individuos, de proporcionar seguridad a periodistas o de garantizar libertad de prensa en el estado, el gobierno de Vila Dosal tampoco ha anunciado acciones concretas. Al ser en sí mismos un mensaje, su silencio y su inacción son inaceptables.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

Ojo de Tinta

Ojo de Tinta: “Imanes para el Turismo”

López Obrador se reunió con Jared Kushner, yerno de Donald Trump