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De amor recíproco

Ícono bizantino de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

 

Víctor M. Arjona Barbosa (*)

La devoción a María se da desde los primeros tiempos del cristianismo; las distintas advocaciones de la Virgen, las oraciones y canciones, todas ellas expresan el cariño con el que correspondemos a su ternura maternal y a su protección amorosa.

El ícono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro representa a la madre de la Pasión, cuya interpretación general es clara: Los arcángeles, a la derecha e izquierda de la pintura, presentan al niño Jesús los instrumentos de su futura pasión. Al verlos, el niño se asusta y en un brusco movimiento busca socorro y protección en los brazos de su madre, a cuya mano se aferra con fuerza. El movimiento brusco se manifiestan en la contorsión de las piernas, el repliegue del manto y la sandalia deprendida.

El icono bizantino, pintado al temple sobre madera, de 21 x 17 pulgadas, es de origen incierto, aunque se estima que fue pintada en la isla de Creta en el siglo XI o XIV. Parece ser una copia de una famosa pintura que fuera, según la tradición, pintada por el mismo San Lucas y se veneraba en Constantinopla durante muchos siglos, pero fue destruida por los turcos cuando capturaron la ciudad en 1453.

En el siglo XV, un comerciante cretense tenía una bella pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, aunque se desconoce cómo la adquirió. Decidió llevar el cuadro a Roma, y antes de morir pidió que llevasen el cuadro a una iglesia. Petición que se cumplió, no sin antes darse varios incidentes y demoras. En virtud de una revelación, fue puesta en la Iglesia de San Mateo, entre las basílicas de Santa María la Mayor y de San Juan de Letrán, donde estuvo 300 años.

Durante la campaña de Italia y después de fulminantes victorias, el ejército de Napoleón Bonaparte ocupó Roma y bajo pretexto de fortalecer las defensas de la Ciudad, destruyó varios templos, entre ellos, el de San Mateo. Un padre agustino logró llevarse secretamente la pintura. Los agustinos conservaron el cuadro de la Virgen en la Iglesia de Santa María en Posterula. Sin embargo, como en el altar mayor ya estaba la imagen de Nuestra Señora de la Gracia, la pintura de la Señora del Perpetuo Socorro fue puesta en una capilla privada, donde permaneció 64 años, olvidada.

El papa Pío IX pidió al Superior General de los padres redentoristas establecer su sede principal en Roma, en donde construyeron un monasterio y la iglesia de San Alfonso. Un sacerdote redentorista, historiador de la casa, investigó y encontró múltiples referencias de la vieja Iglesia de San Mateo y de la pintura de la Virgen. Después se supo que la Iglesia de San Alfonso se construyó sobre las ruinas de la de San Mateo y se localizó, finalmente, dónde estaba la pintura. El Superior solicitó al Papa poder conservar el cuadro y este accedió a que fuera colocado en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso y encargó a los redentoristas que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera conocida en todas partes.

Se llevó en procesión la imagen ya restaurada a la Iglesia de San Alfonso a lo largo de las vistosas y alegres calles de Roma. La dicha del pueblo era evidente.

El entusiasmo de 20 mil personas que se agolparon en las calles dio testimonio de la profunda devoción hacia la Madre de Dios. Mucha gente acudía implorando a la Virgen que escuchara sus oraciones y que les alcanzara misericordia. Se dieron muchos milagros y gracias.

Hoy, la devoción a la Señora del Perpetuo Socorro se ha difundido por todo el mundo: y se han construido iglesias y santuarios en su honor.

Todo ícono es espacio de culto y contemplación espiritual. Por eso la Virgen no está mirando al niño, sino que se sobrepone al dolor de su hijo y al suyo propio, y endulza benignamente su rostro para ofrecer al que la contempla, una mirada llena de acogida y de ternura; un mensaje de esperanza.

En el espacio que ocupa hoy Itzimná (en Yucatán) se encontraba un poblado maya que tenía un adoratorio dedicado a Itzam-Nah y sus habitantes pertenecían al cacicazgo de Ceh Pech, gobernados por el cacique Itzam Pech. Muchos de los pobladores se trasladaron a Chubul-Nah, debido a la presencia de los conquistadores españoles, quienes destruyeron los ídolos y el adoratorio. Tiempo después, en su lugar, comenzaron a edificar un templo donde se rindió culto al Cristo de Esquipulas y estuvo dedicado a San Miguel Arcángel. La fachada tiene una placa que data de 1719 que podría ser la fecha en que se terminó la edificación. Sobre la puerta que da acceso a la escalera de caracol que sube al coro, se encuentra un texto esculpido en un pedazo de piedra; escueto texto en el que se lee: “Don Andrés Chan, el año de 1710”. Ni una sola palabra más.

La espadaña del templo, además de sus funciones de campanario, producto de la cultura occidental cristiana, acusa la atención a la vigencia de lo maya, como escribe el poeta Roger Cicero Mac-Kinney, cuya existencia estuvo vinculada siempre a este hermoso espacio de Itzimná.

Los entendidos dicen que esos penachos, peinetas o espadañas, típicos en algunos templos de Yucatán, remembran los colosales coronamientos de los edificios del Período Clásico Maya..

La iglesia se erigió en parroquia el 25 de mayo de 1944 por decreto del entonces arzobispo de Yucatán, Fernando Ruiz Solórzano, quien la dedicó a la advocación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y después de poco más de 40 años, en septiembre de 1987, monseñor Manuel Castro Ruiz declaró el templo Santuario Mariano.

Como dato importante en la historia del templo, es pertinente señalar que, durante un largo lapso, existió la costumbre de los fieles de rendirle una veneración especial a la Virgen los martes y días catorce, días en los que la actividad en la iglesia parroquial se multiplicaba. Muchos peregrinos acudían a postrarse a los pies de la Virgen. Los antiguos camiones de transporte de pasajeros —las “guaguas”— iban y venían repletas de romeros. Un cuarto que fuera sagrario o capilla recibía las ofrendas de las velas. Era una pieza de siete u ocho metros, situada a un costado del altar. Estaba dotada de unas mesas de metal, perforadas, que sostenían las velas que los fieles prendían en su devoción mariana. La imagen de la Virgen se encontraba en el altar mayor, escoltada por un lado, por la figura del Arcángel San Miguel y por el otro, por San Alfonso de Ligorio, un obispo santo que fue el fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (Padres redentoristas) a quienes el papa Pio IX exhortó a dar a conocer el culto de Nuestra Señora en todo el mundo. Por distintas razones, la tradición de los días catorce terminó desde hace algunas décadas.

El párroco actual, Fernando Sacramento Ávila, tuvo la iniciativa de reavivar y renovar tan hermosa práctica piadosa, misma que ya se ha iniciado con notoria concurrencia de los fieles, quienes han acogido con beneplácito y alegría la idea de manifestar a la Virgen su cariño y devoción.

Con la confianza de los hijos fieles recurrimos a la Madre que ha querido tomar el dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro, para asistirnos e interceder por nosotros y recibir así de su ternura su amorosa bendición.

Profesor universitario

 

Termina dentro de la maleza y con las cuatro llantas arriba

Cartón de Tony: Pulpitus interruptus