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De arquitectura y cambio climático

feminicida de tahdziú

Edificando la adaptación y la mitigación

Sofía Fregoso Lomas (*)

De acuerdo con el último reporte del Panel Intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC), se espera que la temperatura global suba entre 0.3 y 4.8 grados Celsius en este siglo, en relación con la temperatura media del periodo 1986 – 2005. A la larga, esto causará impactos profundos, como el aumento del nivel del mar o mayor frecuencia de inundaciones y sequías. Estos impactos previstos del cambio climático tendrán repercusiones muy negativas en las edificaciones.

A su vez, y de acuerdo con el Global Status Report en 2017, el sector de la construcción está creciendo a tasas sin precedente y se estima que, durante los próximos 40 años, se van a construir en el mundo 230 mil millones de metros cuadrados de nuevas infraestructuras. El sector en su conjunto, entre obras y operación de edificios, es una de las fuentes de contaminación más importantes a nivel mundial, ya que consume el 36% de la energía global y produce el 39% de las emisiones de CO2.

En el estado de Yucatán predomina el clima Bs (seco o árido) y el Aw (cálido subhúmedo) de la clasificación de Koppen, y la mayor parte del año hay condiciones de altas temperaturas y humedad relativa. Por su latitud, y debido a que la mayoría de las construcciones cuenta con techos planos, la ganancia de calor en los edificios se da a través del techo y los muros sur y poniente, por lo que se invierten grandes cantidades de energía para el confort térmico de los usuarios. En particular en la ciudad de Mérida, según lo declararan María Elena Torres y Raúl Canto en trabajos de 2003, existen factores que favorecen el aumento de la temperatura de la región —lo que en realidad identificamos como isla de calor— tales como: la expansión horizontal y desconectada de la mancha urbana, el nuevo modelo de unidad habitacional de vivienda mínima, el patrón de deforestación masiva, la demanda de vías de comunicación y redes de infraestructura así como el consecuente aumento del parque vehicular, entre otros. En conjunto todo lo anterior impacta de manera continua en el aumento de las emisiones de CO2 y la conformación de islas urbanas de calor de origen.

Desde otra óptica, toda esta problemática representa un desafío y una oportunidad a la industria de la construcción y para quienes apostamos a que el diseño arquitectónico puede aún generar soluciones responsables, trascendentes y multiplicables de mitigación y adaptación al cambio climático. Las medidas de mitigación van dirigidas a reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y las medidas de adaptación se enfocan en reducir la vulnerabilidad y los riesgos generados por el cambio climático, y en la arquitectura específicamente a fortalecer la resiliencia de los edificios.

Sin embargo, la duda siempre cabe: ¿estamos haciendo lo suficiente o necesario? Espen Stoknes en su charla para TED Global NYC: How to transform apocalypse fatigue into action on global warming?, explica por qué los seres humanos en lugar de actuar de inmediato, nos paralizamos al escuchar estos datos alarmantes y terroríficos -pero reales- en lugar de movernos y comprometernos más en resolver el calentamiento global. Señala que sentimos que existe mucha distancia entre las cifras y nosotros, y por otro lado sentimos que lo poco que podamos hacer no tiene impacto o se diluye en el total. Y, el secreto para romper esta inercia, radica -según la nueva psicología de acción climática- en alejarse de las muletas de las abstracciones (datos científicos ininteligibles para muchos) y de la fatalidad, para luego elegir seguir historias y construir las propias sobre cómo logramos reducir y revertir el calentamiento global. En resumen, lo poco cuenta, pero hay que contarlo.

De acuerdo con ello, podríamos entonces iniciar casi de inmediato, revisando las infinitas posibilidades que podemos generar desde la arquitectura y el urbanismo, infraestructuras y equipamientos que mitiguen y se adapte al cambio climático. Por ello hoy no está demás repasar las opciones que tenemos en la arquitectura como medidas de mitigación, las cuales son aplicables a las edificaciones nuevas o existentes, y entre las que están el ahorro energético, el uso de energías renovables, el manejo adecuado de residuos, y la incorporación de elementos que faciliten el uso de transporte no motorizado (estacionamientos para bicicletas o de estaciones de carga para vehículos eléctricos). Recordar incluso que es posible llegar a diseñar proyectos que contemplan integralmente todos estos aspectos desde su concepción arquitectónica, definidos como edificios verdes, sostenibles o bioclimáticos. Por otro lado, como estrategias de adaptación al cambio climático están estrictamente relacionadas con el contexto especifico en el cual se ubican los edificios. Por ejemplo, en un contexto donde el agua es un recurso escaso, y/o las proyecciones indican procesos de desertificación, las edificaciones pueden emplear estrategias que promuevan un uso eficiente del agua, la reducción del mismos y el tratamiento de aguas, así como la instalación de un sistema de recolección y tratamiento de aguas grises o negras para uso, como por ejemplo, en riego o descargas de sanitarios, la instalación de duchas y grifos de bajo flujo para cocinas, lavabos y baños, sanitarios de doble descarga, etc.

Siguiendo la recomendación de Stocknes, compartiremos un poco de nuestra historia subrayando la importancia de integración de vegetación en los proyectos edilicios a través de los techos y muros verdes, observando la Norma Ambiental NADF-013-RNAT-2007, que establece las especificaciones técnicas para la instalación de sistemas de naturación en el Distrito Federal, y en donde se define que los techos verdes Los sistemas de naturación verticales (muros verdes) u horizontales (techos verdes) son un tratamiento técnico de superficies edificadas horizontales o inclinadas, individuales o agrupadas mediante el cual se incorpora en un elemento o grupo de elementos constructivos tradicionales, capas de medio de crecimiento y vegetación especialmente adaptadas a las condiciones físicas y climáticas del sitio en que se instala, creando una superficie vegetal inducida.

Los techos verdes y los muros verdes son reconocidos como infraestructura verde urbana y estrategia de mitigación y adaptación al cambio climático en ciudades mexicanas por la NORMA MEXICANA NMX-AA-164-SCFI-2013 Edificación sustentable y por la Hoja de Ruta que en el marco de cooperación entre el Gobierno Federal Alemán a través de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) y el gobierno mexicano a través de la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu), debido a que otorgan múltiples beneficios a las ciudades y a sus moradores, entre los que destacan la reducción de la temperatura en zonas urbanas y al interior de los edificios, el aprovechamiento directo del agua de lluvia, la posibilidad de cultivar alimentos, la creación de microclimas y micro ecosistemas y la producción de biomasa, entre otros.

Asimismo, aunque no existe por ahora de manera masiva en ninguna ciudad del mundo, un estudio publicado en la revista Building and Environment por investigadores de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica (Etsia) de la Universidad de Sevilla concluye que serían precisas entre 207 y 740 hectáreas de techos verdes para paliar los efectos del cambio climático en relación con la subida de temperaturas máximas que, en Sevilla, se estima entre 1,5 y 6ºC a finales de siglo.

Y a escala menor, un ejercicio de validación y pertinencia de los techos verdes para la ciudad de Mérida, un estudio publicado en la revista Acta Universitaria en el 2015 buscó comparar el desempeño de los techos verdes y blancos en términos de confort térmico al interior de las edificaciones.

Se observó que los techos verdes tienen una mejor capacidad para reducir las fluctuaciones temporales de temperatura y para favorecer las condiciones de confort térmico hacia el interior del edificio en comparación con los techos blancos. Aunque la capacidad del techo blanco para reflejar la radiación a la atmósfera lo hace más eficiente en comparación del techo verde, la degradación natural en el techo blanco (disminución del albedo) fue notable al final del experimento lo que causó la aparición de gradientes espaciales de temperatura en la estructura del techo. En contraste el techo verde permaneció como un mecanismo efectivo en la reducción de este.

Actualmente los techos verdes son considerados una opción en el conjunto de las Infraestructuras verdes urbanas disponibles para reducir los efectos desfavorables del cambio climático en las ciudades. No obstante, en conjunto con otras tecnologías y directrices pueden funcionar mejor, y contribuir a la resiliencia del ecosistema urbano y proporcionar beneficios notables e inmediatos a sus moradores. Todo esto lo hemos estudiado, ya tenemos el conocimiento y las herramientas para combatir el cambio climático. La invitación ahora es pasar a la acción, actuar desde donde nos toque hacerlo y conectarnos entre nosotros. La construcción de las ciudades con una visión hacia la sostenibilidad y la resiliencia ha demostrado no estar peleada con el desarrollo económico, ni con el éxito de los proyectos inmobiliarios, es más, los hace crecer. Solo apelamos en este momento a despejar nuestra ética del arquitecto empolvada con la brizna del desinterés y la urgencia por el buen negocio, y extendemos una invitación a ser solidarios y a trabajar juntos por nuestro planeta: el único que tenemos.

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(*) Doctora en Arquitectura, Profesora–investigadora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab

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