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De política y cosas peores: espectro

Catón

El camello se acercó a su hembra con evidentes intenciones lúbricas. Le dijo ella: “No estés jorobando”.

Tuve la inmensa desgracia de ganar un concurso de oratoria en el bachillerato. Me quedó desde entonces una tara: la grandilocuencia. Igual que la cabra tira al monte yo derivo sin darme cuenta hacia la rimbombancia. Soy de aquéllos que dicen: “Es una mera ave canora con la región glútea hipertrofiada”, pudiendo decir sencillamente: “Es puro pájaro nalgón”.

En vano leo a los maestros —Miró, Azorín, y antes a Gracián y Balmes, y más antes a Marco Aurelio y Séneca— para aprender de ellos la virtud de la sobriedad: acabo siempre en lo ampuloso, grandilocuente, hiperbólico, altitonante y sonoroso.

En ese tono declamatorio manifiesto ahora que un espectro se cierne sobre México. (¿Lo ven? La sola escritura de esa frase me provocó una súbita piloroptosis, descenso espasmódico de la porción estomacal pilórica).

¿Cuál espectro es ése? Los males que la pobreza trae consigo. Los mexicanos pobres —los pobres mexicanos— tienen una capacidad de resistencia heredada de sus antepasados. Algo hay en ellos del ancestral estoicismo de su raza. (¿Lo ven? Rimbombante otra vez). Pero esa abnegación no dura para siempre. Puede acabar un día, y estallará entonces la contenida irritación social.

Males diversos nos amenazan ahora. Aún no hemos sentido todos los efectos de la situación que hoy por hoy se vive en el país del Norte, asediado por problemas económicos y por lo tanto nervioso y preocupado solo de sí mismo. En el interior tenemos un gobierno cuyas muy buenas intenciones no corren al parejo con el oficio de gobernar y la sabiduría política.

Hemos sabido de la violencia que en otros países se ha desatado por causa de fenómenos económicos que los gobernantes no han sabido poner bajo control o atemperar con medidas oportunas. ¿Estamos vacunados los mexicanos contra ese tipo de violencia? La respuesta es sencilla: los parámetros de convergencia disiforme confluyen en una neopolicitación ampliada de característias típicamente macromínimas.

Cuidado. Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, voluntaria de varias asociaciones filantrópicas —eso le permitía aparecer con frecuencia en las páginas sociales del periódico de su localidad—, se presentó en la tétrica oficina de don Usurino Cenaoscuras, el hombre más avaro de la comarca, a fin de pedirle su contribución para una colecta que cierta asociación piadosa estaba haciendo en favor de la niñez de los países subdesarrollados.

Después de expresarle a don Usurino sus buenos deseos por el éxito de sus actividades, palabras que el cutre oyó con gesto agrio, la encopetada señora le dijo: “¿Sabía usted, caballero, que con el equivalente de 10 dólares se puede alimentar durante un mes a un niño pobre en algunos países de Asia y África?”.

No respondió nada don Usurino, y menos aún echó mano a la cartera. Despidió con ademán grosero a doña Panoplia.

Ese mismo día, sin embargo, se puso a investigar cuáles eran esos países, a fin de enviar a alguno de ellos a sus numerosos hijos.

Aquellos recién casados pasaron su luna de miel en un hotel de Las Vegas. La noche de las bodas fue de pasión compartida. Bastante compartida. He aquí que cuando fueron a pagar la cuenta el gerente del hotel les informó que no solo no debían nada, sino que además les iba a dar un cheque de 5 mil dólares.

“¿Por qué?” —exclamaron ellos boquiabiertos. “No se asombren —contestó el individuo—. A otra pareja le acabamos de dar 10 mil.

Lo que sucede es que la noche de bodas de ustedes solamente la transmitimos por televisión, y en cambio la de ellos la subimos a las redes sociales”… FIN.— Saltillo.

Sexagenario cae de una escalera mientras bajaba naranjas

Cartón de Tony: TESTAMENTADA