in

Difundamos la cultura de la paz

 

La importancia de la educación

María del Mar Trejo Pérez (*)

Hoy más que nunca vivimos grandes problemas de injusticia, violencia y corrupción que afectan grave y diariamente a nuestro país, rompiendo la confianza entre las personas y las instituciones. Si reflexionamos, hay muchas formas para detener y superar esa violencia, pero la más efectiva a mediano y largo plazo es sin duda: la educación.

Por lo anterior, se hace necesario desarrollar una educación cívica que nos permita construir jerarquías de valores sólidos y bien arraigados en la mente y el corazón de la ciudadanía, valores que desemboquen en formas de convivencia pacíficas, que nos enseñen a convivir en la diversidad personal y cultural; una educación cívica que nos ayude a comprender y superar los conflictos y a formar auténticas comunidades de paz, en donde la vida personal pueda desarrollarse a través del diálogo, donde las y los ciudadanos edifiquen su “ser” ayudando a que otros “sean”.

Actualmente la educación cívica, no se sustenta propiamente en los pilares de “Aprender a ser” y “Aprender a convivir” como propone la Unesco, son pocas las personas que educan consciente y explícitamente para la convivencia y la paz. En esto radica uno de los principales retos de los institutos electorales estatales, que tienen el encargo de la educación cívica, en ser verdaderos promotores y gestores de una educación para la convivencia y la paz.

La paz puede construirse con reformas institucionales, leyes y políticas sociales más justas, pero también mediante las acciones modestas, pequeñas y silenciosas que crean mejores condiciones y relaciones sociales. Cuando se actúa con inteligencia y buena voluntad se genera una relación entre ambas, por la cual los sujetos y las instituciones se complementan, se modifican mutuamente y crecen: la paz interior es la paz del mundo y la paz social es la paz de cada persona.

Como ciudadanas y ciudadanos podemos ayudar a construir la paz —que no es solamente la ausencia de la violencia—, la paz es mucho más que eso. La paz son actos que se viven todos los días. En todo lo que hacemos diariamente podemos sembrar las semillas de la paz: al trabajar con dedicación, estudiar y prepararnos para ser mejores; cuando tratamos a colegas con respeto y cordialidad, y las veces que ayudamos, en nuestro entorno, a resolver los problemas y a recuperar la unidad.

La paz se vive también al cuidar la naturaleza, respetando y tratando bien a los animales, cuando disfrutamos jugando algún deporte colectivo, al leer un libro que nos invita a conocernos a nosotros mismos y a convertir nuestros sueños en realidad.

Existen diversas alternativas con las que se puede contribuir a la concordia, y la paz que logremos en nuestro interior y en nuestro entorno social inmediato, será la paz del país, de nuestro estado y de nuestra comunidad.

Me gustaría concluir con una frase de uno de los pacifistas más reconocidos a nivel mundial M. Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, que nos recuerda que en el día a día podemos y debemos vivir esta paz en nuestro interior y procurarla en nuestros espacios para que se transforme en una realidad actual. Mérida, Yucatán

Profesora. Consejera electoral.

 

Se quema empresa en el Periférico de Mérida

Cartón de Tony: La señora de los tentáculos