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Dinero en exceso

Partidos

Eduardo R. Huchim (*)

El dinero público destinado a los partidos mexicanos es excesivo y muchos actores políticos han hablado de reducirlo, pero nadie ha traducido su intención en hechos eficaces. En buena hora, los diputados Tatiana Clouthier y Mario Delgado (Morena) han anunciado la presentación de una iniciativa en ese sentido (“Reforma”, 06/03/19), pero apenas es el inicio de un camino largo e incierto porque para llevarla a buen puerto se requiere de una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso.

Ello porque se trata de una reforma constitucional, circunstancia que evidencia la desmesura cometida en el pasado, pues los partidos son los únicos entes que reciben recursos presupuestales y tienen definida en la Constitución la forma detallada en que deben calcularse y asignarse. Dicho de otro modo, Morena no podrá por sí misma materializar esa iniciativa y es previsible que no todos los partidos simpatizarán con ella.

En 1997, el total del financiamiento público para actividades ordinarias fue de 1,031 millones de pesos. Veinte años después, lo que antes fue para todos correspondió a un solo partido, el PRI, que en 2017 recibió 1,004 mdp por ese mismo concepto. Cierto que se trata de cifras de valor nominal, pero aun así reflejan el exceso. En ese mismo lapso de 20 años, los partidos recibieron más de 66,000 mdp de las arcas federales.

Me apresuro a decir que considero correcto destinar dinero del presupuesto a los partidos y que el porcentaje de recursos privados para éstos sea muy menor. Es más, el Congreso debería considerar la posibilidad de eliminar completamente los recursos de origen privado.

Desde hace algunos lustros, he venido proponiendo una forma sencilla de contener el exceso: mantener la fórmula actual para determinar el monto de la bolsa, pero a la hora de entregar los dineros, no se suministraría el monto total, sino una parte igual al porcentaje de participación de la última elección federal. Ahora, dos diputados de Morena promueven la reducción a la mitad de los montos actuales, pero su partido no posee los votos suficientes para, por sí solo, aprobar una reforma constitucional.

Prospere o no tal iniciativa, convendrá corregir una ostensible inequidad: la asignación en porcentajes de 30% igualitario y 70% de acuerdo con los votos obtenidos. Esa inequidad provocó que, por ejemplo, en 2018, el PRI fuera el más favorecido, con más de 1,600 mdp, mientras que el Partido del Trabajo tuviera 354 mdp, incluyendo en todos los casos financiamiento ordinario y de campaña. En 2019, Morena tiene más de 1,500 mdp y al menos dos partidos no alcanzan los 400 mdp.

Fórmula

Siempre he afirmado mi acuerdo con que la mayor votación sea premiada y mi desacuerdo con que la diferencia entre el partido más votado y el menos votado sea abismal. La fórmula 70-30 podría invertirse o, por lo menos, equipararse en un salomónico 50-50. Lo que no debe continuar es la actual disparidad.

Quizá el aspecto peor en esta materia es que, a pesar del monumental monto que reciben en conjunto los partidos, ese dinero no les basta y es frecuente que acudan a fuentes ilegales para proveerse de fondos (gobiernos, empresas y delincuencia organizada). Casi es un lugar común afirmar que el rebase de los topes de gastos de campaña es un deporte nacional, ante el cual se ha estrellado la fiscalización del INE y ha sido nula la actuación de la Fepade.

Cuando se habla de reducciones importantes a los montos presupuestales partidarios, suele decirse que tal disminución afectaría las posibilidades de ganar elecciones. La realidad es diferente: en 2018 el PRI tuvo —como ya se apuntó— el mayor monto de financiamiento y quedó en tercer lugar en la votación presidencial. En cambio, con menos del 40% de lo que correspondió al PRI (621 mdp) Morena se alzó con la Presidencia de la República y la mayoría en las dos cámaras del Congreso de la Unión. El dinero, pues, no siempre es determinante para ganar. Y aun cambiados los papeles, el PRI tiene asignados para este año 849 mdp, más de lo que Morena recibió en 2018.

Comoquiera, riñe con la sensatez el que en 2019 los partidos vayan a recibir casi 5,000 millones de pesos de financiamiento público federal, al cual habría que añadir los también cuantiosos fondos estatales, y esto en un año en que no hay comicios federales. La necesidad de disminuirlo es innegable.

Ático

La iniciativa de dos diputados de Morena para reducir el financiamiento público a partidos tiene un largo camino por recorrer.

En 20 años (1977-2017), los partidos recibieron más de 66 mil millones de pesos. Es claro que debe disminuir su financiamiento público.

En 1977, los partidos recibieron 1,034 millones de pesos. En 2017, un solo partido, el PRI, tuvo una cantidad semejante de financiamiento.

Dar financiamiento público a partidos políticos es correcto. Lo que debe frenarse es el exceso que ha alcanzado su monto.— Ciudad de México.

omnia08@gmail.com

Periodista

 

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