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Dos marchas: un objetivo común

El agua y la familia en Yucatán

Antonio Salgado Borge (*)

La semana pasada dos marchas coincidieron en Mérida. En una, cientos de personas se manifestaron a favor de los derechos de la comunidad maya de Homún, incluyendo el derecho a ser consultados y el derecho al acceso al agua y a un medio ambiente sano. La otra fue encabezada por el autodenominado Frente Nacional por la Familia (FNF) y tuvo lugar, de acuerdo con quienes convocaron, para celebrar a esta institución básica. Más allá de lo formal —en ambos casos, una marcha—, ambas manifestaciones tuvieron un elemento común: se llevaron al cabo, como suele ser el caso, con la intención de ejercer presión política. Para ser claros, buena parte de las marchas en nuestro estado tienen como objetivo crear consciencia, visibilizar demandas o dar a conocer a las autoridades la existencia de un grupo de personas con demandas específicas.

Sin embargo, hay una diferencia fundamental en el sentido de ambas manifestaciones. Mientras que la marcha contra la granja de Homún buscó extender el alcance o la materialización de derechos fundamentales y por ende establecer condiciones para una vida plena para todos los seres humanos por el hecho de ser humanos, la marcha por la “familia” tuvo como causas implícitas luchas profundamente regresivas, como echar abajo el reconocimiento de la igualdad de miles de personas LGBTTTI+ al privarlas de la oportunidad de acceder al matrimonio.

Dado que la semana pasada el doctor Rodrigo Llanes hizo en este mismo espacio un análisis de la marcha por el agua, me enfocaré en la marcha de la “familia”. Por principio de cuentas, es preciso notar que no es la primera vez que una marcha de esta naturaleza se lleva a cabo en Yucatán. Sin embargo, dos elementos distinguieron a la marcha más reciente de las anteriores: (1) en esta ocasión, al menos en su convocatoria, el FNF bajó el volumen a la que ha sido su principal bandera: su rechazo al matrimonio igualitario. (2) El FNF en Yucatán ha echado mano de nuevas organizaciones vinculadas a iglesias emergentes en nuestro estado. Me parece que tanto (1) como (2) reflejan la pérdida de fuerza del FNF y de sus aliados, y la forma en que este movimiento podría estar transformándose para mantenerse políticamente vigente.

Para ver por qué, empecemos subrayando la negativa del FNF de poner al matrimonio igualitario en el centro de su marcha —a pesar de las pancartas de un puñado de sus seguidores o de sus globos azules y rosas—. Desde luego que un directivo del FNF podría decir que esta organización es mucho más que su rechazo al matrimonio, pues este tema sólo figura en uno de los 11 ejes que conforman su plataforma. Sin embargo, la cantidad de ejes puede ser engañosa; la esencia del FNF —es decir, lo que hace única a esta organización— gira en torno a los tres primeros, llamados “matrimonio”, “derecho de los padres a educar a sus hijos” y “derecho a la vida”. Los demás ejes no son esenciales, pues en éstos se incluyen propuestas —como el combate a adicciones o derechos laborales— que no son diferentes a los propuestos por otras organizaciones o activistas. Ciertamente el FNF no ha articulado a sus bases en torno a estos ejes. Que el FNF en Yucatán haya optado por no mencionar el tema justo cuando la aceptación a la diversidad es creciente y más alta que nunca, y cuando los jóvenes en redes sociales han hecho saber, por decir lo menos, su repudio a la discriminación por sexo o género, podría ser indicativo. Que haya acompañado su celebración con canciones de Ricky Martin —un ser humano orgullosamente homosexual, casado y con hijos— retrata de cuerpo completo a un movimiento que simplemente no encaja en el presente.

Pero el FNF también podría haber optado por bajar el volumen de sus causas esenciales porque éstas están claramente vinculadas con grupos ultraconservadores en otras partes del mundo que, incluso ante los ojos de los conservadores mexicanos, resultan impresentables. Y es que existe una relación de identidad entre los dos primeros ejes del FNF —oposición al matrimonio igualitario y “derecho de los padres a educar a sus hijos”— con las causas promovidas por la llamada alt-right en Estados Unidos —la misma que apoya devotamente a Trump— o la ultraderecha en Latinoamérica. En Estados Unidos, estos dos ejes han sido banderas de republicanos en estados como Alabama, donde los votantes republicanos optaron por un candidato mentalmente desequilibrado y acusado de abusar de menores, pero opuesto en el discurso y en su profesión como juez al matrimonio entre personas del mismo sexo.

La moderación en el discurso también puede encontrar sentido si se considera la imagen de radicales trasnochados que se han construido los líderes del FNF. En los hechos, el FNF, organización integrada por muchos católicos, se ha distanciado cada vez más de la mayoría de católicos mexicanos que rechazan la discriminación o están a favor de una educación seria que incluya todos los temas que permitan el desarrollo intelectual de un ser humano. Para ser claros, son cada vez menos quienes suscriben este tipo de ideas y están dispuestos a marchar por ellas.

En esta ocasión, el contingente del FNF, todavía más reducido que en ocasiones anteriores, estuvo reforzado por personas afines a redes de iglesias en Latinoamérica que “The Economist” ha identificado como un peligro para los derechos y para la democracia en el continente. Para ser claro, sólo en países pobres y con poca educación la quimera a la que han llamado “ideología de género” puede tener algún efecto; mientras que en países como Dinamarca, Suecia, Holanda, Reino Unido celebran la diversidad, algunos latinoamericanos creen que son víctimas de una conspiración mundial que involucra hasta la ONU —la misma institución a la que, en otros ámbitos, se confía cada vez que hay un problema de violaciones de derechos humanos, injusticia, conflicto, corrupción, y un larguísimo etcétera.

La afinidad ideológica entre el FNF y otros grupos es preocupante y puede radicalizar y aislar todavía más a los integrantes del FNF del resto de los yucatecos. Esta vinculación ideológica y operativa se extiende notablemente al “eje 2” del FNF; es decir, el “derecho de los padres a educar a sus hijos”. Leído sin considerar el contexto, este eje parece indispu- table en el papel. Sin embargo, cuando se relaciona con lo que ocurre en otras partes del mundo, este se convierte en un eufemismo para introducir por la puerta de atrás la posibilidad de privar a lxs niñxs de su derecho de conocer verdades científicas fundamentales como la evolución o como su derecho a conocer hechos biológicos o sociales relacionados con la sexualidad y el género. De esta forma, actualmente en algunos de los estados más pobres o ignorantes de Estados Unidos actualmente los padres tienen el derecho a decidir que sus hijos no aprendan a pensar crítica y reflexivamente y que no conozcan verdades que a ellos —a los padres— les resultan incómodas.

En este escenario, la más reciente marcha del FNF difícilmente ejercerá algún tipo de presión en los partidos o candidatos que participarán en las próximas elecciones. Ciertamente, nadie con intenciones reales de ganar estará dispuesto a hacer suyos y a tomar como banderas principios de esta naturaleza, pero como la marcha del FNF, algunos candidatos o partidos yucatecos podrían optar por usar la puerta de atrás; es decir, por disfrazar como términos genéricos o sonrisas su impulso a principios regresivos o que no tienen cabida en estos tiempos. La labor de quienes deseamos un Yucatán más justo e igualitario es identificarlos, explicitarlos y vincularlos con su peligroso contexto.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

Jornada conflictiva

Homilía del IV domingo de Cuaresma, ciclo B