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Edgardo Arredondo Gómez: Y a ti: ¿ya te hizo justicia la Revolución?

Reflexiones en un aniversario más

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Madero ha despertado al tigre, veremos si es capaz de domarlo —Porfirio Díaz

“¡Al fin, le hizo justicia la Revolución!” Sin lugar a dudas, una de las frases más acuñadas en nuestro lenguaje coloquial. Alude al hecho de conseguir algo por lo cual se ha luchado, se ha picado piedra, o simplemente se ha esperado, a veces con paciencia y otras tantas no, sin que estemos, por supuesto, ante un acto de justicia de la Revolución (entiéndase la mexicana de 1910).

Durante años se nos inculcó, sobre todo en la educación primaria, el concepto de que la Revolución fue un movimiento que tuvo como principal premisa derrocar a Porfirio Díaz para acabar con años de dolor e injusticia.

Lo anterior aunado a cierto maniqueísmo en el perfil del dictador, con sus defensores que resaltan en sus 35 años de gobierno la pacificación del país, el avance en cuestiones económicas, incluso la modernización y urbanización de las grandes ciudades, sobre todo la capital, pero lo anterior sobre una pila de extrema pobreza con los índices más altos de analfabetismo, explotación, marginación y carencia de oportunidades y, por tanto, una brutal desigualdad.

En la educación básica nos fijan esta idea de los héroes todos contra un villano, incluso en algunas ediciones han dibujado a nuestros héroes revolucionarios: Madero, Zapata, Carranza, Villa y Obregón, posando juntos como unos modernos “Avengers”, cuando si bien al principio podemos hablar que compartían un anhelo, la realidad es que luego se convirtió todo en un pandemónium: “todos contra todos” y “sálvese quien pueda”.

Para llegar al poder, recordemos que, Porfirio Díaz antes de ser presidente se levantó contra Benito Juárez, enarbolando la bandera de la no reelección, y hay quien dice que si la muerte no hubiera sorprendido al benemérito, es muy probable que hubiera estado en la silla presidencial bastante tiempo.

En la escuela nos enseñaron que Francisco I. Madero y su movimiento derrocó a Porfirio Díaz, y si bien existieron escaramuzas en varios puntos del país, se puede decir que la salida del dictador es casi tersa comparada con la forma en que acaban la mayoría de los tiranos.

Madero asume la presidencia tras las primeras elecciones libres, con un gran apoyo popular y también de los demás personajes que intervinieron en el movimiento armado; pero existió de inmediato un gran desencanto: moroso en ejecutar un verdadero cambio, produjo un alud de críticas (llámese ataques de la prensa), el presidente más golpeado por los medios después de Andrés Manuel López Obrador (según sus datos), lo cierto al caso es que Pascual Orozco y Emiliano Zapata son los primeros en alejarse.

Después viene la traición y el asesinato de Madero, su hermano y Pino Suárez, con la imposición de Victoriano Huerta (con una ayudadita de la Casa Blanca) después de diez espantosos días de guerra, lo que se conoció como la Decena Trágica.

Pero un año después los demás personajes revolucionarios que se levantaron en armas: Carranza, Villa, Zapata, terminaron derrocando a Huerta, al mismo tiempo que los gringos ponían una bota en Veracruz…y de aquí el desquiciamiento, se dividen los grupos y “todos contra todos”.

Posiblemente Carranza conservó más la característica de estadista, y después de desconocer lo que ocurrió en la convención de Aguascalientes, se fue a Veracruz… ¡a gobernar!

¿Y qué pasó con nuestros héroes?…pues nada más: la gente de Carranza mató a Emiliano Zapata, a Carranza lo mandó a matar Álvaro Obregón, al igual que a Villa; unos años después a Obregón lo aniquilaría Plutarco Elías Calles. Y con cerca de un millón de mexicanos muertos como consecuencia, al final nadie se ha puesto de acuerdo sobre cuándo terminó la revolución; hay quien dice que en 1917 con la promulgación de la Constitución, hay quien señala que al instalarse Plutarco Elías Calles, otros mencionan que fue con la muerte de Obregón 4 años después (1928).

Hay quien se atreve a mencionar que la Revolución se extiende hasta la época del General Cárdenas, y muchos (me incluyo), que la Revolución simplemente está inconclusa.

En México se contabilizaron 55.7 millones de personas en situación de pobreza en 2020, de acuerdo con el estudio Medición de la Pobreza 2020 del Coneval. Más de 35 millones de mexicanos no tienen acceso a los servicios básicos de salud. Existe una desproporcionada repartición de la riqueza; el campo, bastión de defensa de los zapatistas, sumido en el abandono a pesar de los esfuerzos de los recientes programas de la 4 T.

A pesar de tener un índice bajo de analfabetismo (<5%) hay grandes deficiencias en la Educación. ¿Qué nos ha dejado la Revolución? Por supuesto que sí hay un antes y un después. Vasconcelos con la cruzada de la Educación. La repartición de tierras que culmina con la Reforma de Lázaro Cárdenas, según sus detractores posiblemente uno de los grandes desaciertos del General.

La modernización del país con la mayor parte de los sistemas de Educación y Salud que conocemos. Un crecimiento económico que llegó a tener un período de gloria (el llamado milagro mexicano) para luego tener sus caídas e intentos de subidas, y por supuesto: el PRI, con todo lo consabido de la llamada dictadura blanda, la carga genética en todos los políticos de antaño y de ahora (“¡todos llevamos adentro a un priista!”) seguida de lo que algunos llaman la “docena trágica” (gobiernos panistas) el desastroso retorno del Jedi (“peñanetismo”) y lo que ahora se llama 4 T.

Siendo estrictos, la Revolución continúa navegando sin dueño, cuando le sigue debiendo al campesino, al obrero, al ama de casa, al mexicano de a pie… la mayor parte del pueblo que a diario espera… que la Revolución le haga justicia.— Mérida, Yucatán. arredondo61@prodigy.net.mx Médico y escritor   Y con cerca de un millón de mexicanos muertos..., al final nadie se ha puesto de acuerdo sobre cuándo terminó la revolución

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