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Eduardo R. Huchim: El INE y Lozoya

Retos para los nuevos consejeros

En declaraciones que han trascendido a la prensa, Emilio Lozoya, coordinador de asuntos internacionales de la campaña presidencial de Peña Nieto y después director de Petróleos Mexicanos, ha dicho que la empresa brasileña Odebrecht, la gran corruptora de políticos en América Latina, aportó 4 millones de dólares a la campaña presidencial priista de 2012, con anuencia del hoy expresidente y de su entonces coordinador de campaña, Luis Videgaray (“Reforma”, 24/07/20).

Extraditado de España y hospitalizado por anemia, Lozoya compareció a distancia este martes 28 en su primera audiencia ante el juez. Su extradición ha levantado grandes expectativas, porque la información que aporte podría involucrar a dos expresidentes y a decenas de legisladores. Por supuesto, todos se dicen inocentes y, conforme al principio de presunción de inocencia, así deben ser considerados mientras la justicia no emita sentencias.

En 2012 fue evidente, por lo dispendiosa, que la campaña presidencial de Peña Nieto rebasó con creces los límites de gastos para proselitismos fijados por el entonces IFE. Respecto del tope de gastos, de 336 millones de pesos, la Comisión de Investigación Monex de la Cámara de Diputados calculó que fue sobrepasado en 13.6 veces y alcanzó casi 4,600 millones, pero es posible que aun esa cifra palidezca ante el costo real de aquella fastuosa campaña política.

De ahí que, como algunos señalamos en su momento, el enorme gasto peñista debió ser investigado exhaustivamente y la elección anulada. Nada de eso se hizo y la consecuencia fue un sexenio de corrupción rampante y, hasta ahora, impune.

Más aún, en una serie de vergonzosas decisiones, las autoridades —el IFE y el Tribunal Electoral federal— ni siquiera sancionaron el evidente rebase en el tope de gastos de campaña.

Conviene recordar aquel vergonzoso episodio en que los consejeros electorales, con excepción de uno —Alfredo Figueroa—, aprobaron en 2013 un inverosímil dictamen preparado por la Unidad de Fiscalización, en el cual se resolvió que la campaña peñista no incurrió en rebase de topes, pero sí lo hizo la de López Obrador.

Pese a lo inverosímil de las conclusiones de la “investigación” de la Unidad de Fiscalización del IFE dirigida por Alfredo Cristalinas, un claro operador del PRI, el Consejo General aprobó el dictamen, que fue avalado también por la Sala Superior del TEPJF.

Entre aquellos consejeros estaba el hoy presidente del INE, Lorenzo Córdova Vianello, quien pretende pasar por adalid de la democracia. Y ahí estaban también Marco Baños y Benito Nacif, quienes recientemente concluyeron su período en el INE.

Importa tener presente ese episodio hoy, cuando los acríticos aplaudidores del ahora Instituto Nacional Electoral se rasgan las vestiduras ante cuestionamientos al INE que consideran ¡ataques a la democracia!

En la reciente elección de cuatro consejeros no prevalecieron las malsanas cuotas partidarias. Rodó por tierra la especie de que Morena se apoderaría del INE y los cuatro fueron abrumadoramente respaldados, tras una exitosa operación de Mario Delgado en la Cámara de Diputados.

Debe apuntarse que en el proceso de selección resulta inexplicable la exclusión de Diana Talavera, expresidenta del IEDF y quien obtuvo, entre las aspirantes, la más alta calificación en el examen respectivo.

Los nuevos consejeros han externado certeros posicionamientos, entre ellos la necesidad de una mejor fiscalización a los dineros de los partidos y de una auténtica racionalización en el descomunal presupuesto que durante décadas ha caracterizado al IFE-INE. Sería deseable que su arribo al órgano electoral contribuyera a emprender nuevos y mejores derroteros.

Si tal cosa ocurriera y los ahora antiguos consejeros, varios de ellos sobrados de soberbia, rectificaran malsanas conductas que han incidido en el eclipse paulatino del prestigio del INE, México podría tener un órgano electoral fortificado que, ahora sí, ejerza a plenitud su autonomía, antes mediatizada por el hoy declinante PRI.

¿Podrán los consejeros, los anteriores y los nuevos, rescatar el prestigio perdido y ser árbitros sólidos en el litigio y rectores imparciales de los comicios? Ya se verá. Por ahora hay que lamentar que la complicidad y lenidad del viejo IFE, que tuteló la trampa y el exceso peñistas, hayan generado la impunidad por probable prescripción.— Ciudad de México.

omnia08@gmail.com

@EduardoRHuchim

Periodista

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