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El camino hacia el progreso

Editorial

Franklin Recio (*)

Los doctores Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, compartieron el premio Nobel de Economía de 2019 por sus estudios sobre la pobreza y mencionan que cuando se habla de la desigualdad en el mundo, se omite fácilmente que las últimas décadas fueron marcadamente buenas para los pobres. Entre 1980 y 2016, el promedio de ingresos para la mitad inferior de los trabajadores se duplicó, llegando a capturar el 12% del PIB global. El número de aquellos viviendo con menos de 1.90 dólares por día – límite de la extrema pobreza, según el Banco Mundial— se redujo a partir de 1990, desde casi 2 mil millones de personas a cerca de 700 millones. Nunca en la historia de la humanidad tantos salieron de la pobreza tan rápido.

Un gran crédito de estas ganancias puede darse al crecimiento económico. Además de aumentar los ingresos de la gente, el expandir el PIB consistentemente ha permitido a gobiernos gastar mas en escuelas, hospitales, medicinas y transferencias de ingresos a los pobres.

Casi cada variable en la lucha contra la pobreza esta interrelacionada. Por ejemplo, el grado de educación es parcialmente una función de la efectividad de un gobierno en manejar escuelas. Pero un gobierno que es bueno y eficiente en manejar escuelas probablemente es bueno también en otras cosas, tales como construir carreteras o vacunar a la población. Además, es mas probable que la gente invierta en educación si sienten que la economía está creciendo. Entonces, ¿es el crecimiento económico quizás la causa que la educación mejore y no al contrario?

Hay algunas cosas que claramente se deben evitar, hiperinflación, devaluaciones y comunismo. Hoy, en medio del Covid-19, la inversión extranjera ha perdido el dinamismo por causa de la falta de confianza en el gobierno. ¿Qué se debe hacer? La realidad es que no hay una receta clara para el crecimiento. Pero si la hubiera, probablemente incluiría que tenemos que cuidar la confianza para la inversión y asegurarnos que el talento, la tecnología y el capital sean asignados en su forma más eficiente, es decir, relocalizando los factores de producción.

Este tipo de pensamiento podría pensarse es pro-ricos y anti-pobres. Pero es todo lo contrario, pues solicitarles a los pobres que se sacrifiquen por el crecimiento o que carguen con los costos de la pandemia es una mala política. Se deben encontrar fórmulas para mejorar la calidad de vida, especialmente para aquellos que tienen menosy que también incluyan mejorar el sistema de derecho, el sistema bancario y fortalecer a las instituciones. Debemos mandar el mensaje de que los pobres importan, que queremos a sus padres saludables y educar a sus hijos de la mejor forma posible. Que queremos escuchar su voz, que coman y que persigan sus sueños. Debemos encontrar las fórmulas más allá del crecimiento de manera independiente de las divisiones ideológicas usando la unión como fortaleza.— Mérida

Doctor en análisis estratégico y desarrollo sustentable por la Anáhuac campus Mayab

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