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El colonialismo urbano

 

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

El acelerado y descontrolado crecimiento de la ciudad de Mérida, capital de Yucatán, puede entenderse como una forma de colonialismo urbano. Al menos así lo expresan numerosos habitantes de los 47 pueblos —catalogados oficialmente como comisarías o subcomisarías— que se encuentran alrededor de la ciudad.

Se trata de un colonialismo urbano, no solo porque Mérida está transformando a los pueblos que la rodean en colonias o fraccionamientos, sino porque sus características también se asemejan al colonialismo, como ha sido definido por algunos reconocidos estudiosos.

En su clásico libro “La democracia en México”, el sociólogo Pablo González Casanova escribió sobre el “colonialismo interno” existente en el país: “las comunidades indígenas son nuestras colonias internas. La comunidad indígena es una colonia en el interior de los límites nacionales. La comunidad indígena tiene las características de la sociedad colonizada”.

Los pueblos alrededor de Mérida, las comisarías y subcomisarías, que son predominantemente indígenas, son colonias internas de la capital.

¿Por qué llamarle “colonial” a este tipo de relaciones de los pueblos con la ciudad? Porque en estas relaciones encontramos “el prejuicio, la discriminación, la explotación de tipo colonial, las formas dictatoriales y el alienamiento racial-cultural de las poblaciones dominantes y dominadas”, tal como escribió González Casanova.

Uno de los elementos fundamentales del colonialismo urbano de Mérida es el despojo de tierras de los pueblos que lo rodean. “Los despojos de tierras de las comunidades indígenas —argumentó González Casanova— tienen las dos funciones que han cumplido en las colonias: privar a los indígenas de sus tierras y convertirlos en peones o asalariados”.

En tan solo doce años, entre 1998 y 2010, la superficie ocupada de Mérida casi se duplicó: creció de 15 millones 944 mil hectáreas a más de 27 millones de hectáreas. En contraste, la población de Mérida en esas mismas fechas tan solo aumentó de 705 mil 84 habitantes a 870 mil.

No existe ninguna necesidad humana o habitacional para que Mérida se expanda y colonice a los pueblos que la rodean. De acuerdo con el Inegi, en Mérida hay más de 41 mil casas vacías, que representan el 14% del total de viviendas familiares de la ciudad (D.deY., 23-3-15).

Claramente, las principales fuerzas que impulsan el colonialismo urbano de Yucatán son los intereses económicos y políticos de los empresarios innombiliarios y las autoridades. Mérida es la tercera ciudad en el país con mayor crecimiento inmobiliario. Según la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios, este año se espera la inversión de 2 mil 68 millones de dólares en el sector.

Si en el siglo XVI el colonialismo español en América era justificado con un fundamento religioso —“salvar las almas” de los “indios infieles”—, ¿qué justifica el colonialismo urbano de hoy? La respuesta más común es el “crecimiento económico”: la atracción de inversiones y desarrollo de proyectos que generen empleos.

Pobreza

Pero si bien Yucatán crece económicamente por encima de la media nacional, lo cierto es que la distribución de esta riqueza no es del todo equitativa: en 2016, el 41.9 por ciento de la población del Estado se encontraba en situación de pobreza. Y, a pesar de la creación de empleos, Yucatán tiene uno de los salarios de peor calidad del país.

Así que ni la falta de vivienda ni el crecimiento económico justifican la expansión de Mérida y el colonialismo urbano que implica. La dimensión ambiental tampoco.

De acuerdo con el maestro en Arquitectura Jorge Bolio Osés, investigador de la Uady y autor del reciente libro “En unas cuantas manos. Urbanización neoliberal en la periferia metropolitana de Mérida, Yucatán, 2000-2014”, de las más de 37,000 hectáreas de selva baja deforestadas entre 2000 y 2009, una de las pérdidas más importantes se debe a la expansión urbana, particularmente en las zonas oriente y nororiente de Mérida. Los agravios producidos por el colonialismo urbano en Yucatán fueron expresados en el “Tsikbal” o conversatorio organizado por Equipo Indignación, asociación defensora de derechos humanos, el pasado miércoles 12 de septiembre en la Universidad del Sur.

En el Tsikbal, que llevó el nombre “Colonialismo urbano y derechos del pueblo maya”, integrantes de los pueblos de Chablekal y de Santa Gertrudis Copó, junto con el arquitecro Enrique Ortiz y quien esto escribe, conversamos sobre varios de los problemas provocados por el colonialismo urbano.

Un primer problema es la falta de reconocimiento de dichos pueblos como “pueblos”; en lugar de ello son vistos como comisarías o subcomisarías subordinadas al Ayuntamiento de Mérida o como unas colonias o fraccionamientos más de la ciudad. Sin embargo, habitantes de dichos pueblos insisten en que sean reconocidos como “pueblos”.

De acuerdo con el derecho internacional —como los Pactos Internacionales de derechos políticos y civiles y el de derechos económicos, sociales y culturales— todos los pueblos tienen el derecho de “libre determinación”, es decir, a establecer “libremente su condición política” y a proveer asimismo “a su desarrollo económico, social y cultural”.

Como colonias internas de Mérida, a los pueblos les es negado cotidianamente su derecho de libre determinación. Habitantes de Chablekal y de Santa Gertrudis Copó expresaron cómo sus pueblos son invadidos por empresarios y son víctimas de presiones, intimidaciones, amenazas y otras formas de violencia; cómo una nueva minoría que habita en fraccionamientos de lujo y cerrados en sus pueblos son las que determinan la vida de las localidades; cómo los habitantes originarios de dichos pueblos tienen cada vez menor capacidad de decisión sobre diversos aspectos de su vida cotidiana —como las fiestas— y son reducidos a empleados de servicio de los nuevos fraccionamientos.

Otro problema compartido por estos pueblos es el papel del Estado, particularmente el gobierno municipal de Mérida, el cual otorga permisos de cambios de usos de suelo, otorga permisos a las empresas inmobiliarias y viola los derechos del pueblo maya, por ejemplo, imponiendo sus reglamentos sobre los usos y costumbres de las comunidades.

Testimonio

Un habitante de Chablekal lo expresó así: “la relación de los pueblos y el gobierno es una relación de ‘cállate la boca y obedece’; no preguntan cómo lo hace el pueblo, sino que [hacen] lo que dice su reglamento”.

Sin embargo, para Equipo Indignación, este colonialismo se está derrumbando: los colonizados ya no quieren estar colonizados y se están organizando para resistir y buscar nuevas formas de ser pueblos, no simples comisarías, subcomisarías, colonias o fraccionamientos.

En Chablekal se ha constituido la Unión de Pobladoras y Pobladores en defensa de la tenencia de la tierra, el territorio y los recursos naturales, que han logrado conservar un polígono de tierra ejidal frente a los avasalladores despojos que sufren y que el mes pasado cumplieron su cuarto año de lucha; en Santa Gertrudis Copó se han organizado para exigir una mesa de diálogo a las autoridades del municipio y del Estado para tener una explicación sobre la invasión de sus espacios comunitarios.

Asimismo, como pueblo maya, Chablekal, Copó y otros pueblos tienen derechos conocidos que los respaldan. De acuerdo con el Artículo 2 de la Constitución federal, el gobierno municipal debe consultarles de manera previa, libre e informada sobre la elaboración del plan municipal de desarrollo.

Y, en el ejercicio de su derecho de libre determinación, los pueblos pueden elegir a sus propias autoridades, elaborar sus propios reglamentos (y no estar sometidos a los del municipio), gestionar su propio presupuesto y sus espacios comunitarios. En estos temas ya hay sentencias favorables por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El respeto al derecho de libre determinación sería un primer paso para erradicar el colonialismo urbano en Yucatán.

Agradezco a Equipo Indignación su invitación a “tsikbalear” sobre este tema crucial. Este artículo, y la conversación de la que forma parte, continuarán.— Mérida, Yucatán, México

rodrigo.llanes.s@gmail.com

@RodLlanes

Investigador del Cephcis-UNAM

 

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