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El coronavirus y el trasfondo histórico

Lorenzo Meyer

Agenda ciudadana

Lorenzo Meyer (*)

Se fue Óscar Chávez, un artista y un hombre ejemplar. Ojalá sus canciones se puedan mantener vivas por mucho tiempo.

Por coincidencia, el Premio Nobel de Literatura de 2006, el escritor turco Orhan Pamuk, estaba terminando “Las noches de la plaga”, cuyo entorno lo da precisamente el brote de peste bubónica de 1901 en Asia, cuando se vino encima la pandemia del covid-19.

Esto llevó a Pamuk a escribir un ensayo en que destaca elementos comunes a las epidemias y que, con sus peculiaridades, los encontramos en la que hoy nos azota (“The New York Times”, 27/04/20).

Aunque el turco hace referencias a la antigüedad, en realidad sus generalizaciones son tomadas principalmente de casos europeos de los últimos siglos. Como sea, los temas que aborda son hoy más que relevantes por similitud o contraste con el pasado.

De entrada, está la gran interrogante: ¿Por qué la plaga? ¿Por qué a nosotros y ahora? En el pasado, la interpelación se le hacía a la divinidad, no a la ciencia, y la respuesta más frecuente era interpretarla como un castigo o una prueba colectiva.

En “La Peste”, Camus aborda el tema a través de las dudas y la desesperación del padre Paneloux. El sacerdote formula una respuesta en su sermón a los angustiados feligreses, pero finalmente no le es posible convencerse a sí mismo frente a la dolorosa muerte de un niño, un ser sin culpa ni nada que justifique su agonía y su muerte.

Hoy, el papa Francisco ya no pretende ofrecer una explicación; la figura solitaria del Sumo Pontífice en una desierta Plaza de San Pedro resultó un peculiar y poderoso discurso. En su homilía formal, el Papa simplemente demandó la ayuda de la divinidad y, a su audiencia, sobreponerse a su miedo a través de la fe (Vatican News, 27/03/20).

Lo que Pamuk encuentra como una constante son las noticias falsas (fake news) y la tendencia a localizar el origen de la epidemia en algún “extraño enemigo”: en personajes siniestros, o en países o regiones muy ajenas.

En Roma, Marco Aurelio culpó de la “peste antonina” (166 dC) a los cristianos por romper con los ritos tradicionales. En Europa una y otra vez se culpó a los asiáticos de ser la fuente de epidemias.

Hoy, ese discurso corre a cargo del presidente de Estados Unidos, que por un lado endurece su política contra los migrantes del sur (en realidad hoy es el lado sur de la frontera el que debe cuidarse del norte) y, por el otro, amenaza con presentar una acusación formal contra China porque, según él, el manejo del virus SARS-Cov-2 se salió de control en un laboratorio en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, pero sus autoridades tardaron en informar del hecho y el resto del mundo perdió tiempo para prepararse.

En el caso concreto de México, la fuente de las epidemias de viruela y del sarampión que en el siglo XVI diezmaron a la colonia recién conquistada fue España.

Sin embargo, la virulenta actitud antichina que se desarrolló en nuestro país hace más de un siglo en buena medida se sustentó en un prejuicio: que la pequeña colonia china que se había asentado en México era una fuente de enfermedades y esa fue una de las justificaciones del asesinato de más de 300 ciudadanos chinos en Torreón en mayo de 1911 y de la persecución y discriminación de que siguieron siendo objeto años después en el norte del país.

Pamuk encuentra otra constante: la tendencia inicial de los gobiernos a negar lo evidente —el estallido de la epidemia— y la reacción de las masas a culpar a la autoridad por no hacer lo adecuado o suficiente para detener o aliviar el mal. Esa reacción es evidente en sociedades políticamente muy polarizadas como Estados Unidos y la nuestra. En estas, la crítica no ha dejado pasar ninguna oportunidad para subrayar la desorganización y contradicciones de las políticas sanitaria y económica del gobierno central.

Sin embargo, hasta el momento, las cifras de infectados por cada 100 mil habitantes son: en Estados Unidos 329 y en México 15; en cuanto a muertes las cifras son de 19 y 1 respectivamente. Sorprende que la bien organizada Suecia, tenga 207 infectados y 25 muertes por 100 mil habitantes (fuente, “The New York Times”, 01/05/20).

Claro, sólo hasta el final de la pandemia se podrá llegar a una conclusión definitiva en torno a las fallas y los aciertos de las reacciones de la autoridad y de la sociedad en cada caso.

Finalmente, el novelista turco pone de relieve las reacciones colectivas de solidaridad, o de su ausencia, que hoy se pueden medir por el cumplimiento con el aislamiento o por dar prioridad a las exigencias económicas y arriesgarse a los contactos peligros, como ocurre en la Central de Abastos de Ciudad de México o en mucho del comercio informal.

En suma, comparar nuestra situación como sistema nacional o global contra las pandemias es una forma de entender y entendernos mejor en una situación de grave e inesperada crisis global.— Ciudad de México.

agenda_ciudadana@-hotmail.com

Historiador y analista

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