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El declive del PAN

 

Tienen tiempo

Jesús Cantú (*)

El PAN regresó en la actual elección a los niveles de votación que el régimen autoritario le reconocía en 1991, previo a la autonomía y ciudadanización de la autoridad electoral; sin embargo, su declive en los porcentajes de preferencia electoral empezó en la elección intermedia de 2009, después de la controvertida elección presidencial de 2006.

Tomando como referencia los porcentajes de votación obtenidos en la elección de diputados federales, que son los que muestran más la fortaleza de un partido, pues las elecciones presidenciales están más influenciadas por el candidato, el PAN obtuvo la mayor votación en su historia, en las elecciones del año 2000, cuando ganó por primera vez la Presidencia de la República poniendo fin a 70 años de hegemonía tricolor, cuando logró 40.8% de los votos y se convirtió en la primera fuerza en la Cámara de Diputados. En la elección intermedia de 2003, perdió ocho puntos porcentuales en las preferencias electorales y cedió la primera fuerza nuevamente al PRI.

Recuperarse

Sin embargo, logró recuperar casi un par de puntos en la elección de 2006, para llegar a 34.4% de los votos y colocarse nuevamente como primera fuerza en la cámara baja; pero a partir de ese momento la pérdida de votos ha sido continua: 30% en la elección intermedia de 2009, para ceder nuevamente la mayoría al PRI; 27.3, en 2012, para quedar nuevamente como segunda fuerza; 22.8, en 2015, y ahora escasamente 19.9% de la votación efectiva, es decir, después de restar los votos nulos, de los candidatos no registrados, independientes y los partidos que perdieron el registro.

Este 19.9 ya es muy cercano al 17.7 que le reconoció el IFE, todavía presidido por el Secretario de Gobernación, en 1991 e inferior al 27% que obtuvo en la elección presidencial de 1994 y que conservó en la elección intermedia de 1997.

Si la revisión se hace en función del número de gubernaturas, hay que señalar que en 1989 el gobierno de Carlos Salinas de Gortari le reconoció el primer triunfo electoral en la gubernatura de Baja California, misma que todavía conserva; en 1991, aunque en la famosa concertacesión y no por la vía electoral lograron la gubernatura de Guanajuato (que también conserva) al desconocer a Ramón Aguirre, ganador oficial, y designar a Carlos Medina Plascencia como interino; en 1992, gana Chihuahua y en 1995, Jalisco; en 1997 gana Nuevo León y Querétaro; en 1999, Nayarit, la primera que obtuvo mediante una alianza con el PRD; en 2000, junto con la presidencial ganó en Morelos, para llegar a gobernar 8 estados; todavía llegó a 9, en 2001, cuando ganó Yucatán.

Se mantuvo en ese número, aunque no en las mismas entidades hasta el año 2007, cuando el PRI recuperó Yucatán; en 2013 ya era gobierno únicamente en 6 entidades (Baja California, Guanajuato —las dos que han mantenido desde que las ganaron—, Baja California Sur, Puebla, Sinaloa y Sonora), que fue su nivel más bajo, en el que se mantuvo hasta 2016, cuando logró recuperar Aguascalientes y Chihuahua y, en alianza con el PRD, ganar por primera vez Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, para llegar a gobernar en 11 entidades. Estos triunfos fueron los que permitieron al entonces flamante dirigente nacional Ricardo Anaya presentarse como el artífice de los mismos y catapultaron su candidatura a la Presidencia de la República.

A pesar de que en 2017 no pudo refrendar su fuerza electoral, ya que fracasó en su intento de ganar las gubernaturas de Coahuila y Estado de México, haber recuperado Nayarit, nuevamente en alianza con el PRD, le permitió llegar al máximo número de gubernaturas que ha tenido el blanquiazul: 12, mismas que conserva en estos momentos, dado que aunque perdió Veracruz logró ganar Yucatán.

Dado que en la elección del 2000 el PAN fue en alianza con el Partido Verde Ecologista de México, que en 2003 obtuvo el 5.9% de los votos, puede suponerse que en realidad el blanquiazul por sí mismo se mantuvo para 2006, en el mismo porcentaje de 34.4% de los votos; pero ya para 2009 empieza a perder porcentaje de votos y en el caso de las gubernaturas empezó a decrecer en número en 2007, es decir, muy claramente el punto de inflexión fue 2006, aunque vivieron la euforia de los triunfos electorales en las elecciones estatales de 2016, lo que les permitió acariciar la idea de que podían ganar la Presidencia de la República.

Más allá de la pérdida tan marcada de votos que tuvo en esta pasada elección presidencial, los principales problemas que enfrenta el blanquiazul son la pérdida de identidad (producto de su alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano) y la división interna, pues hoy es evidente que hay, por lo menos, tres grupos disputándose el poder al interior del mismo: el que encabeza Ricardo Anaya, que todavía conserva formalmente la dirigencia nacional; el calderonismo, que busca recuperar el poder, y el que encabeza Rafael Moreno Valle, que aglutina a los siete gobernadores que manifestaron su disposición a colaborar con el nuevo gobierno, antes de las elecciones del domingo primero de julio.

Dirimir diferencias

Afortunadamente para ellos, a pesar de su debacle, quedaron como la segunda fuerza en ambas cámaras y, además, tienen tiempo para dirimir sus diferencias pues el próximo año la única renovación de gubernatura es en Baja California, por lo cual de no lograr un rápido acuerdo, los estragos no serán tan graves, aunque pudieran perder uno de sus bastiones.— Ciudad de México.

jecantue@gmail.com

Periodista

 

Imágenes de la Carrera de la Universidad Valle del Grijalva

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