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El futuro de Mérida. El doble discurso

David Sosa Solís (*)

Sobre una misma vialidad, una de las más importantes de nuestra ciudad: el Paseo de Montejo y su Prolongación, nuestro ayuntamiento justifica decisiones contradictorias utilizando un doble discurso.

Por un lado, tenemos a nuestro alcalde defendiendo la creación de un carril exclusivo para bicicletas, declarando estar de acuerdo con la tendencia global para desincentivar el uso del automóvil y reducir la contaminación.

Sin embargo, por otro lado presenta un análisis sobre la situación de la Glorieta 4 de Julio, mal llamada “Glorieta de la Paz” o “paso deprimido”, en el que el Colegio de Ingenieros Civiles de Yucatán A.C. justifica una inversión de dinero público para su reparación.

Dos obras distintas sobre una misma vialidad. Dos obras que representan visiones contradictorias. Posturas antagónicas de cara al futuro de nuestra ciudad.

Bienvenida la inversión en la ciclovía que promueve el uso de la movilidad alternativa e intenta redistribuir el espacio público que durante muchos años ha favorecido injustamente al automóvil y ha menospreciado al peatón y a cualquier otro medio distinto al coche.

La experiencia en las ciudades que han aplicado este tipo de soluciones nos demuestra que generan muchos beneficios para sus habitantes, y valida la postura de ir recuperando espacios que tradicionalmente han sido ocupados por el automóvil con la intención de reasignarlos para otros usos como la bicicleta, pero también para el peatón, el transporte público y, por supuesto, la vegetación.

Son aquellas ciudades que lo han hecho en mayor medida las que gozan actualmente de una mejor calidad del espacio público, lo que está directamente relacionado con la calidad de vida de sus habitantes. París, bajo la administración de su actual alcaldesa, ha sido una de las ciudades que más ha apostado por medios alternos de transporte. Ha ido recuperando por toda la ciudad espacios previamente ocupados para el tránsito vehicular y los ha ido reasignando principalmente como espacio público.

Uno de los proyectos más ambiciosos en París incluye una nueva transformación para su avenida más importante: los Campos Elíseos. El proyecto propone reducir en más del cincuenta por ciento el espacio destinado a los automotores y redistribuirlo para peatones, bicicletas y vegetación.

En paralelo a los trabajos de introducción de la ciclovía, al mismo tiempo y en el mismo espacio, nuestra autoridad municipal escoge únicamente la opinión de un sector de la sociedad para tomar la decisión de reparar una obra de infraestructura innecesaria, no deseada, mal planeada y mal ejecutada: el “paso deprimido”.

Casi diez años después de su sangrienta imposición, como si el destino nos pusiera a prueba como sociedad, y nos diera la oportunidad de rectificar nuestros errores, la naturaleza pone en evidencia lo que el sentido común ya nos había dictado: que se construyó una obra inútil. Las lluvias atípicas de junio y octubre de 2020 sumergieron la construcción. Desde entonces hasta hoy, más de cuatro meses después, continúa cerrado.

¿Por qué reparar algo que nunca ha funcionado?

El Colegio de Ingenieros Civiles de Yucatán A.C. firma y respalda un documento que ha circulado y llegó a mis manos cuyo título es: “Propuestas de solución para rescate del paso a desnivel”. Creo que es importante señalar que el propio título tiene implícita una intención: el rescate. En su desarrollo, el escrito llega a la conclusión que de tres escenarios posibles planteados y supuestamente analizados, el más desfavorable es rellenarlo y regresar el espacio a su estado previo.

A lo largo del documento se repiten las palabras vehículos y carriles, pero no hay mención alguna sobre bicicletas, peatones, forestación y espacio público. La visión y el análisis parecieran concentrarse únicamente en la utilidad desde el punto de vista vial para el automóvil. Incluso presentan una tabla comparativa muy similar a las presentadas en el 2011, donde señalan los tiempos de espera de los vehículos de motor, el combustible consumido y la emisión de gases contaminantes. Basan su análisis en un tiempo de vida útil de 50 años.

Al parecer los Ingenieros olvidaron tomar en cuenta otros medios de transporte, e incluso olvidan considerar la existencia y el aumento en la presencia de los vehículos eléctricos, que muy probablemente en los próximos años lleguen a ser más que los motores a gasolina.

Por un lado, nuestro ayuntamiento defiende y promueve el uso de la bicicleta, bravo! Pero al mismo tiempo se decide rescatar una obra obsoleta que solamente funciona para el automóvil.

Lo anterior no solamente son posturas antagónicas en la visión del futuro de nuestra ciudad, también implican un problema de espacio físico porque confluyen en un mismo punto. Simplemente no hay espacio suficiente a nivel de calle para resolver correctamente una ciclovía y los carriles de integración a la glorieta.

En declaraciones públicas, la autoridad municipal ha mencionado una inversión estimada de 50 millones de pesos exclusivamente para la reparación del paso deprimido. Por otro lado, la inversión estimada en la ciclovía es de 111 millones de pesos para más de 70 kilómetros. Me parece que también en la distribución de nuestros recursos públicos hay un doble discurso.

No hay análisis alguno que justifique invertir prácticamente la mitad del presupuesto total destinado a 70 kilómetros de ciclovías en menos de 300 metros para una obra que ha fallado en su propósito, y de paso ha lastimado a nuestra sociedad.

Invito a nuestro alcalde a rectificar su postura, repetir el mismo error diez años después no tendría justificación. Invito al cabildo a contemplar todos los demás aspectos que involucra la decisión y que ciertamente el análisis presentado deja fuera.

El discurso que augura un futuro más equitativo y justo para nuestra ciudad ya lo conocen y lo están comenzando a aplicar a través de la ciclovía; por el bien de todos, sean congruentes.— Mérida, Yucatán.

Arquitecto, especialista en Diseño Urbano

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