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El grito de “Ya basta”

 

Elaine Reyes Menéndez (*)

Es por la forma en que se expresó que me generó duda; podemos usar las mismas palabras para describir algo, las más genéricas, pero en el detalle y el tono se nota la diferencia.

Yo no conozco la nieve y para describirla uso las palabras blanca, fría y húmeda; pero para describir la arena puedo usar las palabras suave, granulada, compacta, húmeda, blanca o café, y cómo conforme se acerca al mar se hace más oscura, más dura, y cuando ya está en el mar vuelve a ser suave, una unidad adaptable; y cuando regresa a la playa y se seca de nuevo son pequeños granos que el viento eleva y arrastra, incrustrándolos en la piel, volviendose una extensión táctil del viento; millones de dedos para empujarnos fuera de su playa.

Así, íntima y personal me describía la fuerza del hombre, hercúlea, volátil, primitiva y superior sin duda, que tuve que preguntar: ¿Alguna vez su marido le ha pegado? … Silencio…

—Sí, varias veces; hasta que un día desperté en mi hamaca con un cuchillo en la garganta; me harté, si yo muero quién cuida a mis hijas, así que agarré y le dije: “Tengo 10 deditos y desde chica he trabajado y no me da miedo, con lo que yo gano mantengo a tus hijos, así que te calmas o te dejo solo con tu mamá”. No me ha vuelto a pegar.

Me imagino que demasiado tiempo fue arena en la orilla, unidad adaptable que envolvía los puños y la fuerza que le aplicaban hasta que el mar y sus olas la regresaron al sol para ser impulsada por el viento y decir: “¡Basta!”.— Mérida, Yucatán.

erm9136@gmail.com

Escritora

 

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