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El juego por encima de las estadísticas

El cambio que hizo Dave Roberts al sacar a Julio Urías será tema de discusión por mucho tiempo

Los valores de la sabermetría

José Andrés González Delgado (*)

La sabermetría es definida como el análisis objetivo y científico del béisbol.

Basado en las estadísticas y su relevancia, es que cada vez son más los mánagers que la han adoptado como la base de su dirección, lo que conlleva a que, con mayor regularidad, vemos decisiones precipitadas y otras realmente carentes de toda lógica (lógica o razón formada con una visión más romántica o tradicional del juego de pelota, donde los numeritos son parte de la decisión, pero no la decisión per se).

La tendencia a que las estadísticas y toda la información que de ellas se puedan derivar sea el elemento que defina el manejo del béisbol. Cobró relevancia desde finales de los ochenta y principios de los noventa. Tan es así, que la integración y el manejo gerencial de un equipo de las Grandes Ligas, los Atléticos de Oakland (club de la Liga Americana con bajo presupuesto), alcanzó difusión internacional y fue llevada a la pantalla grande con la película “Moneyball”, teniendo como protagonista a Brad Pitt, quien personificó a Billy Beane, quien resultó ser uno de los primeros, mejores y “más exitosos” ejemplos de la sabermetría.

En la Serie Mundial pasada, en el Juego 4, con Julio Urias lanzando, y en el Juego 6, con Blake Snell tirando en la sexta entrada, se presentaron decisiones controvertidas de Dave Roberts y Kevin Cash, sus respectivos mandamases. En el primer caso, con dos outs en el cierre de la quinta y sin hombres en base, Julio fue removido sin ninguna justificación (al menos para la inmensa mayoría de los aficionados). No pocos pensamos que ese out que Julio debía de sacar — al menos el quince —, fue el que les faltó a los Dodgers para ganar ese partido. En efecto, todos recordarán que con dos fuera y en un final poco convencional y emocionante, las Rayas ganaron ese partido dejando en el campo a los angelinos.

En relación a la otra decisión, Snell, quien solo había recibido dos hits, fue sacado del juego después de cinco entradas y un tercio. Al menos la decisión de Cash se puede entender o justificar un poco más: se iba abrir por tercera ocasión el orden al bate del equipo rival y todos los beisbolistas sabemos que mientras más vemos al pítcher y sus lanzamientos es más probable que le conectemos un mejor batazo; sin embargo, la decisión de Cash estaba tomada desde antes de llegar a la loma, no le preguntó a su lanzador cómo se sentía, ni le dio el lugar que le correspondía (un Cy Young). ¿Será acaso que la voluntad, deseo, coraje, ganas de ser y trascender y la rivalidad, entre otras motivaciones, ya no está presente en los jugadores?

La respuesta es sencilla: las estadísticas siempre han estado y estarán presentes en el béisbol. Así se premia a los mejores lanzadores y bateadores, de ahí se basan los jugadores y dirigentes para decidir sueldos y de ahí surgen los adagios beisboleros. Traer a un pítcher derecho para enfrentarlo a un bateador derecho o viceversa, el emergente da de hit o se poncha, y otras tantas decisiones conocidas como “de librito” en este deporte.

El problema es dejar que ellas lleven el juego, que las matemáticas dirijan. Lo que realmente lo priva de lo mejor de él, las hazañas o leyendas del juego, y para ejemplo dos botones, ambos de los actuales campeones Dodgers y en Series Mundiales. El primero en 1981: abajo dos juegos a cero, el muy sentimental mandamás Tom Lasorda mandó a la loma a un veinteañero, un tal Fernando Valenzuela, quien con 149 pitchedas tiró un juego completo y ganó el primero para Los Ángeles, que a la postre fue el inicio del regreso para vencer a los Yanquis en seis partidos. Toda una hazaña para los mexicanos, los latinos y muchos estadounidenses (hoy difícilmente alguien tira inclusive en partidos de temporada regular tantos lanzamientos).

El otro ejemplo, el cual constituye uno de los mejores momentos del béisbol, es cuando Kirk Gibson, en el Juego 1 de la Serie Mundial de 1988, fue traído como bateador emergente y conectó, estando prácticamente lisiado, un jonrón al mejor relevista de aquel año, Dennis Eckersley, para dejar a los Atléticos en el campo.

Este último momento no se hubiera producido si la dirección del béisbol fuera de la sabermetría, estadísticas o matemáticas; sin embargo, debe destacarse, que en ese romántico momento beisbolero, la corazonada del mánager Lasorda de traer a probablemente su mejor bateador de ese año, aún lesionado, estuvieron presentes las matemáticas, precisamente porque en los reportes de los scouts estaba anotado, y usted lo puede ver en los comentarios de los innumerables vídeos de dicho momento, Eckersley tenía la tendencia de lanzar slider cuando estaba en la cuenta de tres bolas y dos strikes. Gibson lo sabía, lo había leído.

Antes del batazo histórico, pide tiempo y el umpire lo concede, Gibson respira profundamente, recuerda el dato reportado, viene el slider, se dice así mismo, entra a la caja de bateo y se presenta puntual a su cita con la historia. El batazo que nadie podía creer, la multitud y los cronistas vueltos locos, y un recorrido de bases para la posteridad. Ahí estuvo la estadística, pero solo como parte del juego, no por encima de él.— Mérida, Yucatán

 

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