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El ojo en el cielo

La estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

En la primera noche de julio, vecinos del fraccionamiento Yucalpetén, en el poniente meridano, charlaban tranquilamente sobre la proximidad de un eclipse solar cuando un ligero zumbido, como de abeja gigante, los hizo mirar al cielo. A lo alto, detectaron un objeto volador no identificado, pero el misterio se disipó en segundos: descubrieron que se trataba de un dron.

Con las luces apenas visibles, los vecinos intentaron fotografiar y filmar con sus teléfonos el objeto volador que sobrevolaba una vivienda de dos pisos, cuyas luces de la planta alta estaban encendidas. Al notar la reacción de los vecinos, la nave emprendió veloz huida. Varios jóvenes corrieron tras él, pero el dron ganó en velocidad y los despistó al volar en zig-zag. Aterrizó en un punto desconocido, pero cercano.

Algunos testigos sostienen que, desde una calle cercana, el dron era controlado por una persona que huyó a toda velocidad en una camioneta desde la cual operaba el equipo volador. En todo caso, la vivienda donde el dron enfocaba su lente es de una familia conocida, con dos hijas adolescentes cuyas recámaras están justamente en la planta alta.

La violación de la intimidad rápidamente voló a otro plano, al de las redes sociales, donde se reportó el incidente. De la ola de comentarios de los cibernautas resultó que, como en Yucalpetén, desde hace varios meses el vuelo furtivo de los drones es un suceso común en la capital yucateca ante la ausencia de una regulación del uso responsable de esos artefactos voladores, dotados con cámaras de vídeo y fotografía.

Unas horas antes del incidente vecinal, conocimos el nuevo anuncio en materia de seguridad “Yucatán Seguro”, el cual considera la adquisición de seis drones especializados, con capacidad para soportar lluvia, granizo y sol, así como capacidad de vuelo con misiones precargadas sin necesidad de operador. Sus cámaras tienen potente zoom y 4K, es decir, con una mejora de la resolución de la imagen que integran los televisores actuales, la cual es capaz de cuadruplicar la resolución que nos ofrece la Alta Definición, HD o High-Definition. Esta tecnología es capaz de alcanzar los 3840×2160 pixeles y también se le conoce como Ultra HD.

Las películas de ciencia ficción se quedarán cortas con la capacidad de vigilancia aérea y terrestre que plantean “Yucatán Seguro” y “Mérida inteligente”. En dos recientes entregas, “El surgimiento del Estado de vigilancia” (12 de mayo) y “¿Espionaje en Mérida?” (del 24 de junio), el analista Antonio Salgado Borge ya expuso con claridad y amplitud, en esta página editorial, los peligros y las tentaciones políticas y económicas del uso de las cámaras terrestres de vigilancia en aras de la seguridad.

Hoy, subimos de nivel. La videovigilancia a través de drones está indicada para la protección y seguridad perimetral de grandes superficies. Están equipados con cámaras de seguridad de alta resolución y con estabilizador de imagen que garantiza imágenes de gran nitidez y neutraliza los movimientos del dron. Las imágenes se transmiten en tiempo real de forma inalámbrica a un grabador, que garantiza la integridad de las imágenes y, en otros países, las valida como prueba judicial en caso de que se capte un delito.

El dron puede programarse para que despegue a las horas establecidas, de manera que realice tareas de seguridad y reconocimiento del terreno de forma automática y también puede manejarse en remoto por operador.

Los drones, además de equiparse con cámaras de vigilancia de alta resolución, disponen de visión nocturna (cámaras de vigilancia infrarrojas), GPS (para programar sus vuelos) e incluso los más avanzados disponen de funciones de reconocimiento facial que les permite identificar usuarios y detectar intrusos y accesos no autorizados.

En complemento de las cámaras de vigilancia fijas, que sólo son útiles cuando la intrusión o la incidencia tiene lugar delante de su cámara, el dron es capaz de buscar, localizar y seguir objetivos. Además, se encuentra sobrevolando a decenas de metros de altura, por lo que resulta imposible que sea saboteado con sprays de pintura.

De acuerdo con la información del Diario, a esos drones se les sumará un avión “Sigiloso V-10”, el cual, explicaron funcionarios estatales, es una aeronave de vigilancia capaz de hacer vuelos de larga distancia durante ocho horas, al más alto nivel, sin emitir sonido ni temperatura. Contará con cámaras de vigilancia especializada con sensores ópticos y térmicos de alta resolución, proporcionará inteligencia aérea inmediata y transmitirá vídeo y datos en tiempo real.

Tiene capacidad para dos tripulantes, una cámara con infrarrojo que puede funcionar a 33 mil pies de altura, consume sólo 120 litros de combustible diésel y puede volar hasta ocho horas porque tiene paneles solares. La justificación oficial de ese avión es: “vigilar lo que pasa en muchos ranchos de Yucatán, sobre todo al oriente y sur”.

En la entidad más segura del país, ojalá que el uso de esa vigilancia aérea no aterrice en una realidad desconocida por la mayoría de los yucatecos, que tenemos los pies en la tierra.— Mérida, Yucatán.

pedrocabreraq@hotmail.com

Empresario

 

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