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El planeta se muere

La educación ambiental, formadora de ciudadanía

MARCELA GARCÍA AGUILAR y LUIS ALFONSO MALDONADO (*)

En estos días, como todos los años, nos quejamos del intenso calor que agobia Yucatán y otras regiones de México. Sin embargo, algo es diferente y la gente lo percibe: el sol quema más que antes y los instrumentos científicos y tecnológicos lo miden y reportan.

Estamos recibiendo radiación UV en niveles extremos (13/05/2019); si bien, el calentamiento del sol es normal porque no es una fogata común que se apaga cuando el combustible que la alimenta se le acaba. El sol es una enorme masa de gas hidrógeno caliente que se fusionan, para formar helio, mediante choques que generan energía, y mientras más se consume el sol, más se calienta. Es un reactor nuclear de fusión.

El calentamiento excesivo de la tierra por el sol es un proceso cósmico natural que debería tardar muchos millones de años. Sin embargo, la especie humana ha alterado este proceso.

La tierra tenía mecanismos para controlar la radiación que recibía, a través de su atmósfera, su flora y su fauna. Regulaba su temperatura, como un ser vivo lo hace.

Sin embargo, como lo plantea James Lovelock, en la revancha de Gaia, la crisis climática terrestre y el destino de la humanidad (Basic Books, Perseus Books Group), los humanos hemos enfermado aceleradamente a ese ser vivo llamado Gaia.

Nuestro planeta está muriendo. Cada árbol derribado, cada especie que desaparece, es una herida más a nuestro huésped. Como escribe Lovelock, “cambiando el medio ambiente le hemos declarado la guerra, sin saberlo, a Gaia. Somos invasores del espacio de otras especies, justo como si fuéramos ejércitos de ocupación extranjera, en territorios de otras naciones”.

El escenario es tal que la tierra está optando por sacudirse de nosotros, por medio de sequías prolongadas, inundaciones, tormentas, deshielo de los polos, aumento de la temperatura terrestre, huracanes de gran magnitud, etc.

La única solución es reconciliarnos con Gaia, por medio de una simbiosis. La tierra puede seguir sin nosotros. Nosotros, sin la tierra, no. Por ello que se requiere un cambio de paradigmas en el mundo.

La problemática ambiental se ve cada vez más complicada debido al modelo de desarrollo global que se repite localmente sin ninguna discusión de sus ventajas y desventajas, y sin mecanismos reales de participación para que las personas preocupadas por la sustentabilidad puedan acceder a información sobre la calidad del agua que beben, la calidad del aire que respiran, el grave problema de la basura en las ciudades, zonas costeras y zonas rurales, en donde se daña el suelo, se contaminan los mantos freáticos y en general se afecta el hábitat de flora y fauna.

Ni qué decir del uso de agroquímicos con impactos importantes en la salud humana y en general en los ecosistemas.

La situación es compleja pues no sólo requiere de acciones transversales oportunas, sino que también sean suficientes en relación con el grado y magnitud del deterioro, con la participación comprometida de distintos actores, con políticas públicas armonizadas con la legislación vigente y la que sea necesaria expedir, con el cumplimiento de ellas por una ciudadanía comprometida en el cuidado de sus recursos naturales y mucho trabajo de investigación interdisciplinario para encontrar posibles soluciones ante este panorama. La Educación Ambiental para la sustentabilidad es una estrategia que ha sido poco valorada tanto por la academia como por la administración pública.

Pocos apoyos

A la academia se le otorgan pocos apoyos económicos y poca valoración al trabajo en las comunidades. No se fomenta la participación interdisciplinaria y no se otorga al trabajo comunitario reconocimiento equiparable a publicaciones en revistas internacionales de prestigio.

En el sector público no es distinta la situación, pues no solo no se le destinan recursos a la educación ambiental, sino que ha desaparecido este tema de la agenda gubernamental. Tenemos el caso de la delegación estatal de la Semarnat. Ahí no recursos hay para actividades de educación ambiental ni el reconocimiento de que la materia es un instrumento importante que puede contribuir a generar cambios de actitud en la población, en su manera de percibir, conocer y manejar los recursos naturales de los cuales depende la humanidad.

La Educación Ambiental para la sustentabilidad o ecopedagogía es una herramienta tan bondadosa que trasciende a varios campos. En términos de bioética, no sólo por razones de justicia socioambiental, debido a que transmite información y conocimientos científicos sobre los ecosistemas, así como comparte conocimientos empíricos sobre el manejo los recursos. Además, logra crear valores ambientales a través de la empatía con otras especies y hace reflexionar sobre la irrenunciable responsabilidad del cuidado de los recursos naturales del planeta, para uso responsable, equitativo y justo.

En el campo de la educación no formal, contribuye a fortalecerla mediante la inclusión educativa y social, ya que asume metodologías participativas y distintas estrategias pedagógicas que incluyen múltiples inteligencias que motivan otros tipos de aprendizaje, acercamiento a la ciencia y placer de aprender.

En este proceso de ecopedagogía vinculada se trabaja en todos los niveles para construir soluciones tanto a largo como a mediano y largo plazos, a través de la formación de una ciudadanía con una mentalidad planetaria, que podría impulsar la toma de acciones individuales y colectivas necesarias para evitar más deterioro ambiental y exigir políticas públicas que lo logren, así como medidas necesarias de mitigación y restauración de los ecosistemas naturales.

Con este proceso, el objetivo sería la formación de una ciudadanía planetaria. Así, serían recuperados una serie de valores humanos fundamentales, como el de la solidaridad inter e intrageneracional, al reflexionar sobre el derecho de las futuras generaciones de poder disfrutar y cubrir sus necesidades con los recursos naturales heredados y enseñanza de su cultivo para disfrute de subsiguientes generaciones.

También, enseñar a reconocer el valor y derecho a la vida de todas las especies y la interdependencia esas otras especies para la sobrevivencia del planeta y con ello del género humano. Es decir, la reconciliación con Gaia requiere de un aprendizaje que cambie los paradigmas actuales para establecer simbiosis con cada una de las partes que componen Gaia. De lo contrario, su revancha, sellará fatalmente el destino de la humanidad. Sobre advertencia no hay engaño.— Mérida, Yucatán.

Profesora universitaria e investigador del Cinvestav-Mérida.

 

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