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El poder y su hechizo enloquecedor

Editorial

Ver, oír y contar

Olegario M. Moguel Bernal (*)

Ángel Trinidad ha decidido romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Trump. Meditada a profundidad y de carácter irreversible, la decisión fue tomada después de una turbulenta jornada de Reyes en la que se sucedieron una serie de acontecimientos variopintos que concluyeron en tan firme y pasmosa determinación.

Bien sabe Ángel Trinidad que el alcance de su resolución no tendrá el impacto deseado, por dos principales razones: número uno, a la administración Trump le restan escasos once días, y número dos, y principal motivo de la abulia de su decisión, que el gobierno del magnate no tiene la mínima idea de quién es el tal Ángel Trinidad y, peor aún, no le interesa.

Aún así la decisión está tomada, propiciada por los siguientes acontecimientos:

Miércoles 5. Todo empezó la noche del día 5, cuando Ángel Trinidad se debatía entre ir a Campeche para disfrutar la tradicional jornada de Reyes en el vecino estado, donde los magos del Oriente le tienen ganada la batalla por goliza a Santa Claus, contrario a lo que se acostumbra en Yucatán, o cancelar el viaje para estar a tiempo en la Catedral de Mérida la mañana del día 6.

Después de someter la discusión al cabildo de sus neuronas, no sin mucho trabajo, se decidió por la segunda opción.

Miércoles 6, 8:15 a.m. Lejos de los reflectores, distanciado del boato y la lisonja, cercano a sus pensamientos, Ángel Trinidad se arrellanó en una banca del rincón suroeste de Catedral, vigilado de cerca por las efigies de don Crescencio Carrillo y Ancona y don Martín Tritschler y Córdova.

El prelado e historiador izamaleño lo veía no sin cierto recelo, como si preguntara al primer arzobispo: “¿Y éste qué hace aquí, si la ceremonia es allá adelante?” En efecto, el sucesor de los excelentísimos y actual ocupante de la cátedra, don Gustavo Rodríguez Vega, encabezaba la ceremonia por el 479 aniversario de la fundación de esta capital. Tan solemne acto se celebraba en el altar mayor del mismo lugar donde el acta de fundación expedida por Francisco de Montejo “El Mozo” señala que “para que la dicha ciudad de Mérida no decaiga y de continuo permanezca, mando al reverendo padre cura Francisco Hernández, que en lo mejor de toda la traza que en la dicha ciudad hiciere, tomar solar y sitio para hacer la Iglesia mayor”.

Y ahí mismo, en ese sacro templo, se dio el primer escarceo entre quienes serían los contendientes a la Presidencia Municipal en junio próximo. Muy propio, en su carácter de primer edil y como encargado de la fiesta de cumpleaños, Renán Barrera Concha ocupaba la banca de honor, junto con su esposa, Diana Castillo Laviada, en una ceremonia con escaso público debido a la pandemia. El oficial mayor, en segunda fila, le guardaba las espaldas, y más atrás, el secretario Alejandro Ruz. En la otra hilera, también al frente, la secretaria de Gobierno, María Fritz Sierra, representante del gobernador y conocida católica, compartía banca con el encargado de asuntos religiosos del gobierno del Estado, Víctor Hugo Lozano Poveda, quien no dejó pasar la oportunidad de placearse pues suena para una candidatura.

Ahí hubiera parado la cosa de no ser porque, dos bancas atrás de la abogada Fritz, guardando respetuosa lejanía y ubicado en un sitio estratégico que le permitía visualizar las bancas de adelante, pero no tan lejos para no salir en las fotos, el senador Jorge Carlos Ramírez Marín, en compañía de su esposa, María Elena Granados Castellanos, alternaba la mirada entre don Gustavo y el Cristo de La Unidad.

“La bendición que le será más difícil conseguir es la de su partido”, pensó Ángel Trinidad al verlo desde el fondo de la iglesia. Impertérritos, don Crescencio y don Martín parecían secundar sus pensamientos, pero preferían no meterse en cosas de la política: al César lo que es del César…

El arzobispo comenzó su homilía con ese tono firme y paternal que emplean los sacerdotes y más aún los prelados. Pero cuando agarró vuelo y sacó a relucir a los Reyes Magos —pues qué caray, era 6 de enero—, su rostro se puso serio. Relató que cuando Herodes escuchó que los magos que llegaron a Jerusalén preguntaban dónde nació el rey de los judíos, se sobresaltó al ver amenazado su reinado. “Finalmente, su preocupación lo llevó a matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores... Eso nos da una idea de lo que son capaces los poderosos de este mundo por conservar su poder”.

Ángel Trinidad abrió los ojos como platos. Ese mensaje, reflexionó, no tendría igual trascendencia en una misa sin políticos… sin aspirantes.

“¡Qué bueno sería que esas palabras llegaran también al centro del país!”, caviló.

Y ya entrado en materia, su eminencia consideró que el poder puede corromper y envenenar el corazón… Algunos rostros se empezaron a contraer. Quizá notando las reacciones, decidió bajarle dos rayitas: “Debemos orar siempre por nuestros hermanos dedicados a la función pública para que no se dejen perturbar por el poder y tengan siempre en el corazón a los pobres de este mundo y sobre todo la conciencia de que tendrán que dar cuenta al Todopoderoso de su limitado y pasajero poder”.

—…limitado y pasajero poder —repitió Ángel Trinidad en voz alta. Una mestiza sentada a la puerta de Catedral lo miró creyendo que la había llamado. Don Martín y don Crescencio seguían firmes. Luego pensó para sí mismo: “Que no se confundan y piensen y actúen como si tuvieran ‘ilimitado y eterno poder’. No hay final feliz para quien se aferra al poder ni para el pueblo al que somete. Ya lo vimos con los Idi Amin, los Salasie, Trujillo, Castro, Chávez, Stroessner… Todos aquellos que han encabezado lo que Washington llama repúblicas bananeras”.

Motivado por la homilía de don Gustavo, Ángel Trinidad recordó lo que leyó en días pasados en el Diario sobre la situación en Venezuela, en palabras de Francisco González Cruz, ex rector de la Universidad Valle del Momboy en aquel país: “Todo está militarizado, no hay libertad, ellos tienen el control de todo”.

Ante la insistencia de los gobiernos controladores, que buscan tener bajo su dominio a todos los organismos, empezando por los vigilantes de la actuación gubernamental, como las organizaciones de la sociedad civil y la prensa independiente, y convertirse en el estado benefactor, el ex rector apuntó que “la gente debe tener conciencia de que es constructora de su propio futuro. El gobernante tiene que ser un servidor y lo mejor que puede hacer un gobierno es no estorbar. El gobernante tiene que dar las condiciones para que tú hagas, para que tú seas, para que te desarrolles. Eso del ‘yo doy y yo hago’ es el lenguaje mesiánico que tenemos los latinoamericanos”.

La misa terminó a las 9.

Miércoles 6, 13:30 horas. Una turba de cientos de manifestantes toma por asalto el Capitolio de Washington en la sesión del Congreso en pleno para avalar el triunfo de Joe Biden. Ángel Trinidad ve las imágenes atónito. El corazón de la democracia estadounidense está siendo tomado por una gleba enfervorizada de gente blanca con banderolas apoyando a Donald Trump.

La estupefacción de Ángel Trinidad crece cuando, al hacer el recuento de los hechos, comprende que la turba fue azuzada por el propio Trump en uno de sus últimos coletazos por aferrarse al poder.

La homilía matutina le viene en automático: “…Eso nos da una idea de lo que son capaces los poderosos de este mundo por conservar su poder”.

Sí, piensa Ángel Trinidad, “su limitado y pasajero poder”. En ese momento toma la firme decisión de romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Trump.

Y recuerda una vieja sentencia: “No cabe duda que el poder marea a los inteligentes, pero a los tontos los enloquece”.

Jueves 7, a primera hora. “¿Quién es la república bananera ahora?”, titulan a ocho columnas periódicos de África y América Latina, como si se hubieran puesto de acuerdo.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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