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El silencio de nuestra sociedad

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

“Cuando queremos consolar a alguien, no encontramos las palabras. ¿Por qué?, porque no podemos llegar a su dolor, pero para Dios todos los dolores de los hombres son sagrados” (Papa Francisco)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el suicidio como “el acto deliberado de quitarse la vida” (2012a, p. 75). La conducta suicida se puede expresar como un continuo que va desde la ideación, planeación y tentativa hasta el suicidio consumado (Ministerio de Salud y Protección Social, 2014).

Desde 1970, la OMS identifica al acto suicida como un problema de salud pública y en 2013 realizó un estudio epidemiológico encontrando que en el mundo 9,000 personas intentan suicidarse diariamente y cada año se cometen entre ochocientos mil y un millón de suicidios. Esto significa una muerte cada 40 segundos, ubicando al suicidio entre las tres primeras causas de muerte en personas de 15 a 44 años (OMS, 2013).

Se calcula además que este año 1.53 millones de personas morirán por suicidio, lo que representa un promedio de una muerte cada 20 segundos y un intento cada 1 a 2 segundos (Bertolote & Fleischmann, 2002).

En México, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) hasta 2017, la tasa de suicidio es de 5.2 por cada 100 mil habitantes, la quinta causa de muerte en menores de 15 años y en los últimos 37 años ha aumentado en un 976%. Cifras realmente alarmantes.

Cuando la persona no encuentra el sentido a su vida aparece el vacío existencial que puede derivar en lo que Viktor Frankl llama “la tríada neurótica de masas”, que se compone de depresión, adicción y agresión.

En cuanto al silencio de nuestra sociedad ante el enigma del suicidio, la incapacidad que tenemos para comprender el misterio de esta conducta es un silencio defensivo, pues en muchas ocasiones no sabemos cómo actuar. Hay que tener presente que toda conducta suicida es diádica y que está impregnada de un mensaje hacia los supervivientes: es una llamada de socorro, o para manifestar su pena o angustia, o esa conducta puede estar cargada de agresividad hacia el otro o desea inyectar culpa pues se ha sentido despreciado u olvidado, etc.

En definitiva, todo suicidio es una denuncia y al mismo tiempo ataque hacia una sociedad que se muestra insensible ante el dolor y el propio sufrimiento.

En cuanto al silencio de nuestra sociedad, entendemos por silencio la ausencia de palabra o ruido. Hay silencios agresivos, el silencio transmite un mensaje, es comunicación, es también un elemento fundamental en todo diálogo. Sin silencio no podríamos entendernos. Todo suicidio es una denuncia y al mismo tiempo ataque hacia una sociedad que se muestra insensible ante el dolor y el propio sufrimiento.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética en Roma, Italia

 

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