in

El valor de decir la verdad

 

La bondad sospechosa

María del Mar Boeta Madera (*)

Creo que en todos los seres humanos, por más actos malvados que cometan contra sus semejantes, hay algo de bondad.

No he cambiado de opinión pero el problema surge cuando los buenos sentimientos se topan con los intereses personales, la falta de empatía y el entorno que nos educó, llevándonos a mentir y por consiguiente, dañar a nuestros semejantes.

Me tomé la libertad de adaptar el título de “La verdad sospechosa”, gran obra del dramaturgo Miguel de Unamuno, para esta reflexión sobre el destino al que nos lleva engañar y no mostrarnos tal como somos.

En la obra del autor español, una mentira, una manipulación, llega a tener tan fatales consecuencias que todo se vuelve en su contra eventualmente.

¿Por qué nos cuesta tanto mostrarnos tal como somos ante nuestros semejantes en nuestro trato cotidiano? ¿Por qué la bondad y los buenos sentimientos son vistos como tontería? ¿Por qué la frase ‘tiene colmillo’ comúnmente se asocia con un ser humano malicioso?

Las mentiras son como una bolita de nieve. Se acumulan, una y otra vez, hasta que explotan. Cada engaño tiene una consecuencia y lo difícil es tener la madurez para aceptar que sí, actuamos mal.

Reconocer nuestros errores nos reinvindica ante la sociedad, cubrirlos con otras verdades inciertas, no. Pareciera mentira, y eso que no soy una purista del comportamiento y cuestiono el significado brindado a “valores”, sin embargo, el proceder de la vida diaria nos define. A falta de otra palabra, usaré “reputación”.

La “reputación” nos precede y con el paso del tiempo, nos define. Es la carta de presentación, el rostro que tendrán los demás de nosotros. Nuestras acciones hablan por nosotros; he sido testigo de cómo la bondad de una persona es conocida desde un trabajador de la construcción hasta un poderoso magnate, sin embargo, lo mismo pasa con la prepotencia y malos tratos. Al final, arriban las consecuencias, para bien o para mal.

La creencia popular es muy cierta: No hay nada más liberador que la verdad. Aunque duela, dañe momentáneamente, pero estoy segura que la preferimos y la sinceridad siempre obtiene un golpe menos doloroso.

La bondad nunca pasará de moda. Estoy segura.— Mérida, Yucatán

maruchan.boeta@gmail.com

Antropóloga y periodista

 

Se quema empresa en el Periférico de Mérida

Cartón de Tony: La señora de los tentáculos