in

Olegario Moguel: En el limbo de la indefinición

Ver, oír y contar

Por Olegario M. Moguel Bernal  (*)

“A mí no me des; ponme donde hay”. Esta frase que encierra una de las maneras que el mexicano ha encontrado para medrar con un puesto laboral es propia de la burocracia mexicana desde tiempos remotos, y alcanzó su culmen en los años sesentas, setentas y ochentas, cuando el PRI campeaba a sus anchas en forma indiscutible.

La frase en cuestión alude lo mismo a obtener puestos donde se logran beneficios inmediatos, por raquíticos que sean, que liderazgos sindicales o secretarías de Estado. Pemex, la CFE, la SCT, por citar tres ejemplos, son cabezas de playa de esta práctica en la alta burocracia, e igual lo son las secretarías generales de sindicatos de alto octanaje, como el de maestros, salud o del mismo Pemex.

“A mí no me des; ponme donde hay” implica que no soy tan procaz para estirar la mano y recibir abiertamente un beneficio, pero sí soy suficientemente hábil —y de eso me jacto— para sacar provecho del puesto para mi peculio y el de mis cercanos, mi mecenas en primer lugar. Un cinismo soterrado acompañado de desvergüenza, que desemboca en corrupción.

Esta mexicanísima y burocratísima frase exhibe una forma de pensar y actuar de la clase trabajadora mexicana, propia de quien se comporta en forma taimada, ladina, marullera, sin exhibir sus verdaderas intenciones. Una especie de navegación en un limbo donde bien se puede seguir adelante, dar marcha atrás o permanecer estático, sintiéndose cómodo en cualquiera de los escenarios.

Personajes, grupos e instituciones gustan de los limbos, es decir, de extender las indefiniciones hasta donde se pueda, y sacar provecho de ello.

El PRI, en buena posición

Llevado a la vida política, si se compara la posición actual del PRI con su omnipotencia anterior es fácil ver su situación como una debacle, un desplome desde la cima, pasar de haber ocupado no los principales espacios, sino todos, en una forma monolítica de entender y ejercer el poder, a tener solo un puñado de legisladores que procuran no asomar mucho la cabeza a riesgo de que se las corten. Visto así, es un rastrojo de lo que alguna vez fue la dictadura perfecta.

Pero el PRI está muy lejos de ser un guiñapo, basados en que en política ser rey o vasallo depende no de la cantidad de legisladores, sino de cómo medrar con ellos. Desde ese punto de vista, el tricolor se encuentra, tanto en la legislatura federal como en la estatal, en el mejor de los mundos.

Con los dos partidos con mayor representación polarizados —Morena y PAN—, no se ve en el presente y el futuro una coincidencia en las decisiones sobre los grandes temas nacionales. Ninguno de los dos puede alcanzar mayoría calificada por sí solo (375 votos, tres cuartas partes de la cámara baja).

El PAN no lograría tenerla en el plano federal (tiene 114), por lo que su papel se limitará a ser dique para contener las intenciones morenistas. El partido de AMLO, por su parte, tiene la mayoría calificada tan cerca como tan lejos, y por sí misma no la podría alcanzar.

Ahí entra el PRI. En la actualidad ése es el debate. ¿Apoyará el tricolor la reforma energética, de manera que con sus legisladores Morena y aliados alcancen la mayoría calificada para su aprobación?

Una línea de la discusión va en el sentido de que el PRI hizo alianza con PAN y PRD y no se vislumbra que los abandone en la primera ocasión de mostrar lealtad fuera del plano electoral. El riesgo de esta línea de pensamientos es confiar en que la Iglesia estaría a salvo en manos de Lutero.

El presidente nacional del tricolor ha mostrado su oportunismo más de una vez. Esta es una excelente ocasión para congraciarse con la 4T y buscar favores, canonjías o perdones para sí o para sus agremiados. PAN y PRD no deben esperanzarse de “Alito”.

Con el voto de Morena y sus aliados, respaldados por los legisladores del PRI, la reforma eléctrica será una realidad.

El contexto local

Ahora bien, en el plano local los 14 legisladores de Acción Nacional no hacen mayoría calificada ni la alcanzan con PVEM, PRD y Movimiento Ciudadano, tampoco con Nueva Alianza. Pero sí con los tres legisladores del PRI.

Esto es, el elemento más cómodo en que el PRI se puede encontrar ahora es ese limbo de la indefinición. De alguna manera siempre ha estado ahí. ¿Es un partido de centro? ¿Ha sido un partido de izquierda o de derecha? La respuesta es: lo ha sido de las tres corrientes, según los intereses del momento histórico que vivan.

Hoy al PRI nadie le da. Tiene los espacios que le corresponden según los resultados de las más recientes elecciones. Pero sí está “donde hay”. Y, remitiéndonos a la historia, nunca nadie ha sabido sacar mejor provecho de ello que los priistas.— Mérida, Yucatán.  Correo:    olegario.moguel@megamedia.com.mx   Twitter:  @olegariomoguel

*) Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia


Otros textos del autor:

Síguenos en Google News, da clic AQUÍ .

Jóvenes en riesgo

Hoy y mañana, últimos días de la Expo Vivienda