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En memoria de don Carlos R. Menéndez Navarrete, a un mes de su fallecimiento

Manuel Castilla Ramírez (*)

Nuestro padre Dios  nos regala la temporalidad de la vida terrena  como inicio de la vida eterna, que comienza  el día en que nacemos.

Y la vida eterna comienza justamente el día y la hora en que nuestro padre Dios nos llama  a su presencia para estar con Él en su gloria.

Estas líneas las escribo con enorme cariño y gran respeto en memoria de don Carlos Rubén Menéndez Navarrete, tercer director de Diario de Yucatán, a un mes de que falleció a los 88 años de edad el pasado 7 de julio.

Viene a mi memoria que  don Abel  Menéndez Romero, su hijo Carlos Rubén y doña Bertha Losa Ponce fueron en 1954 los tres valiosos instrumentos que nuestro padre Dios puso en mi cerebro y en mi vocación para emprender el camino, la verdad y la vida, aplicados al periodismo de Diario de Yucatán.

Este es el breve relato providencial de cómo surgieron esos  tres instrumentos  de Dios en mi ingreso al Diario:

Antes de que el presidente López inventara a los periodistas “fifís”, al autor de estas líneas le nació la vocación de periodista como secretario de prensa del  Comité Diocesano de la Acción Católica Juvenil Mexicana (A.C.J.M.) y extendía esa actividad a la  Junta Diocesana de la A.C.M.

Mi función era boletinar el apostolado seglar de esas asociaciones y difundirlas en las páginas del Diario.

Mi trabajo era de cobrador del Banco General de Capitalización, del que era corresponsal don Enrique Losa Larrondo. Su hija Bertha Losa Ponce estableció buena comunicación con el periodista que esto escribe, en ese entonces empírico, que le confió a ella que su sueño dorado era ser reportero de Diario de Yucatán.

Reflejado en su voz su espíritu humanitario y su don de gentes, Bertita dijo al periodista soñador: “Le voy a  pedir a mi novio que te recomiende a su padre y seguramente  vas a entrar al  Diario”.

El novio de Bertita en esos días era Carlos Rubén. El padre  del novio, don Abel Menéndez Romero, era subdirector en funciones de director, porque éste estaba enfermo.

Al día siguiente don Abel me recibió y de inmediato me encomendó que escribiera la columna "Vida Religiosa Emeritense", que comenzó a publicarse cada sábado.

Los tres instrumentos de Dios para activar mi vocación de periodista me dieron fuerte impulso en diversas instituciones y medios, de 1954 a 2020, hasta que Dios me lo permita, en cuya gloria seguramente está cerca de Él don Abel.

Todavía recuerdo un extraordinario detalle de don Abel: a finales de 1956 fui a despedirme de él porque cambiaría mi domicilio a Ciudad de México, por haber recibido de la Acción Católica Mexicana una beca para estudiar periodismo en la escuela "Carlos Septién García".

“Usted no se va del Diario. En este momento lo voy a nombrar corresponsal del Diario de Yucatán en el Distrito Federal”, me dijo don Abel, y enseguida del cajón de su escritorio sacó una hoja membretada para designarme corresponsal en el Distrito Federal,  que acompañó con franquicia telegráfica para telegramas de prensa, que en dos semanas comencé a enviar.

Mi credencial de corresponsal del Diario en el Distrito Federal  elevó mi rango en el periodismo, abriéndome las puertas de destacadas personalidades de la política, del arte y de la cultura, que me concedieron importantes entrevistas.

Don  Carlos Rubén Menéndez Navarrete fue el tercer director general de Diario de Yucatán durante 23 años, de febrero de 1986 al  31 de mayo de 2009. Guardo muy gratos recuerdos de esas brillantes décadas de don Carlos Rubén en la dirección general del Diario, porque tuve con él una personal cercanía, como lo revelan nuestras frecuentes cartas que acompañaban mis entrevistas y artículos que enviaba a “mi Director”.

Mi  alma mater, Diario de Yucatán, hizo de mí un periodista del que me siento exitoso. Mi trayectoria de 64 vueltas periodísticas alrededor del Sol la debo al apoyo que siempre  tuve de don Abel y de don Carlos Rubén, a quienes siempre recuerdo con inmenso cariño y gran respeto. Les estaré eternamente agradecido.

Hasta aquí estas líneas  en memoria de don Carlos Rubén Menéndez Navarrete, en el primer mes de su llegada a la gloria de Dios.- Mérida, Yucatán

castillar27@hotmail.com

*) Periodista

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