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Encuestas y dilemas

Vila y AMLO en Yucatán

Antonio Salgado Borge (*)

Esta semana, “El Financiero” publicó un ranking basado en la aprobación que los gobernadores y gobernadoras tienen en sus estados. El gobernador mejor evaluado fue el de Yucatán (Mauricio Vila, PAN); el peor fue el de Baja California (Kiko Vega, PAN).

Los resultados de esta encuesta han sido leídos desde distintos ángulos sin mayores matices. Así, los panistas festejan el lugar de su gobernador como si éste fuera indicativo de la calidad de su gestión o del futuro electoral de su partido, mientras que algunos de los adversarios políticos de Vila o del PAN desestiman los resultados sin reservas. El problema es que cada una de estas lecturas implica serias inconsistencias.

Empecemos notando que un dilema fundamental se abre para quienes desde el PAN quieren leer la encuesta como una señal del buen rumbo del gobierno de Vila, o para quienes, desde Morena, quieren minimizarla.

El problema fundamental para ambas partes es que existen dos encuestas recientes elaboradas por ese mismo diario. En una, Vila cuenta con 79% de aprobación en Yucatán. En la otra, AMLO tiene una aprobación de 76% en este mismo estado.

En el ranking de aprobación presidencial en los estados, Yucatán, un estado donde la izquierda había estado desdibujada, ocupa séptimo lugar en el país y la diferencia entre el gobernador y el presidente en ambas encuestas es marginal.

Lo anterior implica que quienes piensan que esas encuestas son reflejo de un buen gobierno de Vila o presagio de buenos resultados electorales para el PAN tendrían que aceptar que ambas inferencias son igualmente válidas en el caso de AMLO; es decir, que su aprobación en Yucatán es resultado de su buen gobierno y que Morena podría tener un resultado histórico en las elecciones intermedias de 2021.

Desde luego, la misma lógica aplica en sentido inverso: si desde Morena en Yucatán se piensa que los resultados son reflejo de la labor de AMLO, lo mismo se tendría que aceptar en el caso de Vila.

Siempre se puede afirmar, desde cualquiera de los lados de esta discusión, que sólo una de las encuestas es acertada o que en uno de los casos, el que a uno no le guste, la gente ha respondido engañada. Sin embargo, respuestas de este tipo parecen diseñadas a modo y, salvo que se presenten datos duros para sustentarlas, no tienen ningún valor para fines argumentativos.

Lo importante aquí es que quien acepta una encuesta tiene que aceptar la otra y que sólo los hechos nos dirán cómo se reflejará este contraste en términos electorales.

Ahora bien, desde el PRI podría resultar tentador desechar ambas encuestas. Finalmente, ese partido está de momento merecidamente liquidado y ambos resultados le son profundamente adversos.

Una forma en que el PRI puede hacer esto es afirmando que las encuestas de aprobación de gobernante son irrelevantes y que no son un termómetro real de lo que la ciudadanía piensa. Pero, viniendo de quienes presumieron durante seis años la aprobación del gobierno de Rolando Zapata, desestimar en general el peso de encuestas de esta especie representaría una contradicción extraordinaria.

Resulta inaceptable hablar de las encuestas como un mecanismo confiable sólo cuando uno se ve bonificado por sus resultados.

Esto no es todo. Recordemos que durante el sexenio de Rolando Zapata fueron las encuestas de “El Universal” (2017) y de Covarrubias y Asociados (2015) las que colocaron al priista como el gobernador mejor posicionado en México. Alguien que quiera tirar más tierra sobre el caso priista podría argumentar, con razón y con evidencias en la mano, que, a diferencia de lo que dejan ver los dos últimos sexenios sobre las encuestas de “El Universal”, las de “El Financiero” son confiables.

A ello se podría sumar que Alejandro Moreno, la persona que dirige actualmente las encuestas de “El Financiero”, tuvo a su cargo en 2012 las encuestas de “Reforma” sobre la elección presidencial de ese año. En aquel entonces, los resultados de “Reforma” fueron objeto de burlas de algunos medios o analistas, pues remaban drásticamente contra una corriente plagada de resultados “patito” —incluidos los de “El Universal”— que llegaron a colocar a Peña Nieto 25 puntos porcentuales arriba de AMLO. Sin embargo, al final del día, en 2012 fue “Reforma” el que tuvo los resultados más certeros.

La confiabilidad de las encuestas de Alejandro Moreno genera un problema crucial para quien quiera argumentar que estamos ante un ejercicio mal realizado.

Hemos visto que rechazar la validez de los resultados de la encuesta de “El Financiero” implicaría contradicciones para cualquiera de los tres principales partidos en Yucatán. Sin embargo, esto no significa que lo publicado recientemente por ese periódico sea necesariamente un termómetro electoral o una señal de una gestión exitosa en los hechos, más allá de las simpatías que un político pueda generar.

Para ver por qué, consideremos primero que no necesariamente lo que una encuesta de aprobación de un gobernante refleja se traduce en resultados electorales para su partido. Por ejemplo, a pesar de la alta aprobación de Zapata, el PRI fue derrotado por el PAN en la elección de gobernador en 2018. Esto es, a la hora de votar, las yucatecas y los yucatecos decidieron no dar continuidad al partido encabezado por la persona a la que evaluaban positivamente.

Aunque a lo anterior se podría responder que las encuestas empleadas por el PRI, a diferencia de las de “El Financiero”, no cuentan con una confiabilidad importante. Hay un factor adicional que no debería ser desestimado: dado que en lo que se refiere a políticas sociales, económicas, de seguridad y de combate a la corrupción el gobierno de Mauricio Vila ha sido prácticamente una calca del de Rolando Zapata, no parece descabellado que ambos reciban evaluaciones similares de sus gobernadas y gobernados.

La intención de este artículo ha sido mostrar las contradicciones que implican las distintas lecturas partidistas de una y la misma encuesta. Así, de lo dicho aquí pueden derivarse dos conclusiones provisionales que dejo sobre la mesa.

La primera es que a pesar de los pobres resultados electorales del gobierno de Zapata, todo parece indicar que un porcentaje importante de la población considera que es aceptable continuar con más de lo mismo.

La segunda es que dado que la evaluación de Vila y de AMLO son prácticamente idénticas, y considerando que uno suele evaluar usando una serie de estándares fijos, o somos extraordinariamente generosos al momento de evaluar a nuestros gobernantes, o para las yucatecas y yucatecos, al menos por ahora, no hay una gran diferencia entre el gobierno de Vila y el gobierno de AMLO.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

 

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