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Entre popularidad y eficacia

Cien días de AMLO

Freddy Espadas Sosa (*)

Un día antes de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador escribí en este mismo espacio una hipótesis que considero sigue siendo válida: “No creo que el de AMLO vaya a ser un gobierno propiamente de izquierda, pues esto implicaría una orientación más radical en pro de las mayorías empobrecidas y excluidas por el modelo de desarrollo dominante hasta ahora… Más bien considero que… estaremos en el mejor de los casos ante un gobierno democrático, popular, austero, honesto, republicano y solidario con los que menos tienen”, (D. de Y., 30 de noviembre de 2018, Local, p. 4).

A decir verdad, la orientación político-ideológica del gobierno federal sólo se irá perfilando con mayor claridad en la medida en que avance su actuación a lo largo del sexenio. Además, cien días son muy poco tiempo para pretender realizar una evaluación objetiva sobre el rumbo que va imprimiendo al país el nuevo equipo gobernante, por lo que en estas líneas tan sólo esbozaré una ponderación inicial sobre las luces y sombras de su incipiente desempeño.

En principio, sorprende a propios y extraños —y también desquicia a la maltrecha oposición política— que el Presidente AMLO hubiera llegado a sus primeros cien días de gestión con elevados índices de aprobación ciudadana, como lo indican algunas casas encuestadoras (Mitofsky: 67%; El Financiero: 78%; De las Heras: 80%).

Pienso que esta gran popularidad de AMLO se debe en buena medida al ejercicio de un fuerte liderazgo nacional, caracterizado por la firmeza en la toma de decisiones, el cumplimiento de algunos de los más importantes compromisos de campaña y una habilidosa estrategia con los medios masivos de comunicación.

El énfasis puesto en el combate a la corrupción y la impunidad, así como la adopción de una política de austeridad republicana son ejes centrales de la actuación gubernamental que siguen abonando con creces a la popularidad del primer mandatario.

La implementación de los grandes programas sociales, los avances legislativos, la persistencia del hartazgo ciudadano hacia los gobiernos anteriores, el estilo franco de AMLO y su cercanía con la gente también son elementos que ayudan a comprender la enorme base de legitimidad social de que disfruta el equipo presidencial.

Pero como es lógico suponer, no todo es miel sobre hojuelas en este ejercicio de valoración panorámica. Ocurre que en determinados temas la actuación de AMLO ha sido muy cuestionable: la realización de consultas a modo y sin bases metodológicas serias para “validar” proyectos de gran envergadura (como la termoeléctrica de Morelos y el Tren Maya); el retiro de apoyos a las estancias infantiles y a los refugios para mujeres en situación de alta vulnerabilidad; la embestida contra las organizaciones de la sociedad civil; el silencio ante las legítimas demandas de las mujeres por sus derechos sexuales y reproductivos; la falta de aplicación de la Ley ante casos ya comprobados de corrupción oficial; el discurso rijoso que encona el ánimo nacional, son algunos de los principales desatinos del Presidente AMLO.

Por otro aspecto, en este análisis cabe destacar dos grandes retos que tiene que enfrentar de inmediato el gobierno federal. En primer lugar, impulsar el combate efectivo a la inseguridad y la violencia que se vive en muchas regiones críticas del país, y que tiene a millones de mexicanos en condiciones de franca indefensión, como el mismo AMLO tuvo que admitir en el informe sobre los primeros cien días de su gobierno. En segundo lugar está la necesidad de concertar acuerdos de mediano aliento con los grandes agentes productivos, a fin de alcanzar tal vez al final del sexenio un crecimiento económico cercano al 4 por ciento.

Otro problema que aqueja al nuevo gobierno es la lentitud y poca eficacia en la implementación de sus programas estratégicos, lo que ha propiciado que los apoyos aún no lleguen a los beneficiarios (jóvenes, adultos mayores, discapacitados, campesinos). Esta situación también está afectando el funcionamiento mismo de la administración federal, pues resulta criticable que en la mayoría de los estados aún no se designe a los representantes de las dependencias federales, como es el caso de Yucatán.

En conclusión, sostenemos que lejos de regodearse en la innegable popularidad que lo abraza, el gobierno federal debe buscar ser eficaz y competente en la aplicación de las principales líneas programáticas con las cuales quiere hacer avanzar la llamada 4T. Finalmente, no creo que los cien primeros días de AMLO hayan sido de oscuridad, como dice la diputada priista Dulce María Sauri en su natural postura oposicionista (D. de Y., 13 de marzo, Local, p. 4). Por el contrario, en este breve lapso ha habido muchísima luz que nos ha mostrado con creces la grave situación en que dejaron a México los gobiernos del PRIANRD durante 18 aciagos años, así como las arduas tareas que tenemos que hacer como sociedad y gobierno para enderezar el rumbo de nuestra atribulada nación. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Profesor-Investigador Titular “C” de T. C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, Mérida, Yucatán

 

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